Una vez escribí un cuento de Navidad:
"Erase una vez una princesa que salió a pasear una noche sin luna y se perdió por el camino.
Entonces, a lo lejos, divisó una estrella errante que le guió por un sendero de frondosos olmos que conducía hasta un castillo de escarcha donde vivió feliz por siempre jamás en compañía de su estrellita..."
Y lo puse en una botella y la arrojé al mar.
Cuando dentro de unas pocas horas la vida vuelva a comenzar una vez más, tal vez algún duende del bosque o algún hada de la luna lance a la mar un deseo que ansíe o un mal sueño que sumergir para siempre en sus más profundas aguas.
Yo quise echar mi sueño al abismo para poder regalar una pequeña esperanza a todos los que en algún momento me escuchasteis, me entendisteis, me quisisteis.
Mi anhelo es que esa nueva vida que un año vez más va a surgir de la noche, que saldrá de la más brillante luna, lleve prendido en su halo de luz el más bello de todos vuestros deseos.
Feliz año, feliz vida.
...y si una noche te sientes triste mira a mi luna y busca mi sonrisa en su reflejo. Siempre la dejaré ahí para ti.
martes, 30 de diciembre de 2008
Capítulo 19 - ...sólo el beso de tu voz en el alma (EL LIBRO DE LOS PERSONAJES DE LA TIERRA DE LOS CUENTOS)
A veces esa piedra redonda que es el mundo no para de girar hasta hacerme regresar a ese lugar por el que nunca más quería volver a pasar. Pero otras veces el aire del camino me lleva a esos lugares donde se respira el aire más puro.
De verdad necesito llegar hasta donde nadie me pueda encontrar para no sentirme sola jamás.
Lo que tengo lo llevo conmigo
en esta absurda bolsa y en este absurdo cuerpo,
lo que quiero está siempre tan lejos
quizá al final de este absurdo camino.
A veces, cuando el sol se va,
tiñendo de violeta la esquina del mar
comprendo que nunca tuve nada y que
muy probablemente nunca lo tendré.
...sólo el beso de tu voz en el alma
...y el perfume de tu cuerpo a mi alrededor.
Me siento tan solo, no sé en qué dirección correr,
como un pájaro raro, que llegó al festín de los monos.
Llévame, aire del camino
hasta donde nadie me pueda encontrar.
Llévame, aire tibio y azul
y abandóname colgado de tu luz.
En tu luz brillante de cuchillo
adivinaré la rosa y el clavel
Llévame, aire del camino,
hasta donde nadie me pueda encontrar.
A veces, cuando asoma el sol,
llenando de diamantes la quietud del mar
me doy cuenta de que siempre fue así;
siempre estuve solo y siempre lo estaré.
...cuántas veces soñando despierto
...creo verte entre la multitud.
En algún lugar alguien debería escribir
que este mundo no es más que una enorme piedra redonda.
Me siento tan solo, que no sé en qué dirección correr,
como un pájaro raro, que llegó al festín de los monos.
Llévame, aire del camino
hasta donde nadie me pueda encontrar.
Llévame, aire tibio y azul
y abandóname colgado de tu luz.
Y en tu luz brillante de cuchillo
adivinaré la rosa y el clavel.
Llévanos, aire del camino,
hasta donde nadie nos pueda encontrar.
De verdad necesito llegar hasta donde nadie me pueda encontrar para no sentirme sola jamás.
Lo que tengo lo llevo conmigo
en esta absurda bolsa y en este absurdo cuerpo,
lo que quiero está siempre tan lejos
quizá al final de este absurdo camino.
A veces, cuando el sol se va,
tiñendo de violeta la esquina del mar
comprendo que nunca tuve nada y que
muy probablemente nunca lo tendré.
...sólo el beso de tu voz en el alma
...y el perfume de tu cuerpo a mi alrededor.
Me siento tan solo, no sé en qué dirección correr,
como un pájaro raro, que llegó al festín de los monos.
Llévame, aire del camino
hasta donde nadie me pueda encontrar.
Llévame, aire tibio y azul
y abandóname colgado de tu luz.
En tu luz brillante de cuchillo
adivinaré la rosa y el clavel
Llévame, aire del camino,
hasta donde nadie me pueda encontrar.
A veces, cuando asoma el sol,
llenando de diamantes la quietud del mar
me doy cuenta de que siempre fue así;
siempre estuve solo y siempre lo estaré.
...cuántas veces soñando despierto
...creo verte entre la multitud.
En algún lugar alguien debería escribir
que este mundo no es más que una enorme piedra redonda.
Me siento tan solo, que no sé en qué dirección correr,
como un pájaro raro, que llegó al festín de los monos.
Llévame, aire del camino
hasta donde nadie me pueda encontrar.
Llévame, aire tibio y azul
y abandóname colgado de tu luz.
Y en tu luz brillante de cuchillo
adivinaré la rosa y el clavel.
Llévanos, aire del camino,
hasta donde nadie nos pueda encontrar.
jueves, 18 de diciembre de 2008
Capítulo 18 - La reina del planeta trece (EL LIBRO DE LOS PERSONAJES DE LA TIERRA DE LOS CUENTOS)
Hace ya muchos años que abandonó el planeta azul. Se le había quedado pequeño. Después de surcar todos los mares, de subir todas las montañas y de recorrer todos los caminos, un día se dió cuenta de que su corazón necesitaba nuevas emociones.
Encontró una estrella errante que quiso acompañarla en su aventura. Y sin pensarlo dos veces se encaramó a su brillante halo blanco y se fue con ella. Juntas surcaron el cielo azul y llegaron hasta el cielo negro que está más allá de la luna.
Y uno a uno recorrieron los once planetas que cada noche ella veía desde aquel ventanal que daba a su jardín. El primer planeta, de donde ellas venían, era el planeta azul porque estaba lleno de océanos azules. El segundo era el planeta de las flores violetas, el tercero el de los olmos de plata, el cuarto el de la nieve azulada, el quinto el de las rocas de sal, el sexto el los mares de espuma rosa, el séptimo el de los ríos de purpurina, el octavo el de los campos de genista amarilla, el noveno el de la yerba verde esmeralda, el décimo el de las minas de brillante azabache, y el once y el doce eran los de la eterna primavera y el eterno otoño.
Pero ella no encontró en ningún de los doce planetas aquello que buscaba. Realmente tampoco sabía muy bien que estaba persiguiendo en aquel viaje sin rumbo, sólo comprendía que algo le faltaba para poder ser feliz. Aquella inmensidad era tremendamente bella, pero algo fallaba. Entonces se dió cuenta que todos aquellos planetas estaban vacíos, no había gentes con las que compartir todos aquellos sentimientos que ella siempre tenía en su piel, en su alma.
Y de repente, más allá de las últimas estrellas, emergió aquel pequeño planeta brillante de oro y plata... Ere el planeta trece del que hablablan los sabios en aquellos antiguos relatos. Ella se subió a su estrella errante y juntas volaron hacia él. Y ahí estaba todo lo que ansiaba desde hacia tanto tiempo. Allí estaban todos esos corazones llenos de sentimientos que ella siempre deseó poder amar.
Y por siempre fue la reina de aquel planeta trece. Era lo que necesitaban aquellas gentes, la mejor reina que nunca jamás imaginaron. Aquella que podía amarles tanto que nunca más sintieron la pena del dolor.
Encontró una estrella errante que quiso acompañarla en su aventura. Y sin pensarlo dos veces se encaramó a su brillante halo blanco y se fue con ella. Juntas surcaron el cielo azul y llegaron hasta el cielo negro que está más allá de la luna.
Y uno a uno recorrieron los once planetas que cada noche ella veía desde aquel ventanal que daba a su jardín. El primer planeta, de donde ellas venían, era el planeta azul porque estaba lleno de océanos azules. El segundo era el planeta de las flores violetas, el tercero el de los olmos de plata, el cuarto el de la nieve azulada, el quinto el de las rocas de sal, el sexto el los mares de espuma rosa, el séptimo el de los ríos de purpurina, el octavo el de los campos de genista amarilla, el noveno el de la yerba verde esmeralda, el décimo el de las minas de brillante azabache, y el once y el doce eran los de la eterna primavera y el eterno otoño.
Pero ella no encontró en ningún de los doce planetas aquello que buscaba. Realmente tampoco sabía muy bien que estaba persiguiendo en aquel viaje sin rumbo, sólo comprendía que algo le faltaba para poder ser feliz. Aquella inmensidad era tremendamente bella, pero algo fallaba. Entonces se dió cuenta que todos aquellos planetas estaban vacíos, no había gentes con las que compartir todos aquellos sentimientos que ella siempre tenía en su piel, en su alma.
Y de repente, más allá de las últimas estrellas, emergió aquel pequeño planeta brillante de oro y plata... Ere el planeta trece del que hablablan los sabios en aquellos antiguos relatos. Ella se subió a su estrella errante y juntas volaron hacia él. Y ahí estaba todo lo que ansiaba desde hacia tanto tiempo. Allí estaban todos esos corazones llenos de sentimientos que ella siempre deseó poder amar.
Y por siempre fue la reina de aquel planeta trece. Era lo que necesitaban aquellas gentes, la mejor reina que nunca jamás imaginaron. Aquella que podía amarles tanto que nunca más sintieron la pena del dolor.
martes, 16 de diciembre de 2008
Capítulo 17 - El faro del fin del mundo (EL LIBRO DE LOS PERSONAJES DE LA TIERRA DE LOS CUENTOS)
Hace poco creí divisar, por fin, la tierra de los simples. Sólo espero no cruzarme con ningún halo de mala magia que me haga volver la mirada hacia atrás, y entonces tal vez me de cuenta de que ese ansiado lugar está aún muy lejos.
Esta canción fue escrita para todos aquellos simples que una vez llegaron hasta ese lugar que emerge más allá del faro del fin del mundo, y que desde entonces decidieron morar allí por siempre jamás.
Llegué a la tierra de los simples
por los caminos del cansancio y de la soledad.
Crucé paisajes desdentados;
los niños tienen todo el día para jugar.
No he perdido la constancia,
no he luchado para luego abandonar;
me han dibujado sonrisas,
y al dar la espalda me han querido apuñalar.
Ni castigo a los vencedores
ni a los vencidos redención;
si cruzas, para de reirte,
si vuelves, rompe el porvenir.
Dejé la fábrica de hielo,
corrí contento, loco de feliz por ti.
Busqué a Susana en los cines del barrio
toda la tarde hasta que me emborraché.
Aventurero en busca de no sé bien qué;
pequeño héroe de revista
soy un insecto en la inmensidad.
Ni castigo a los roedores
ni a los vencidos redención,
si cruzas, para de reirte,
si vuelves romperé el porvenir.
...y una noche estrellada llegaré a ese lugar donde habita la más blanca luz de luna. Y espero poder encontrarte allí.
Esta canción fue escrita para todos aquellos simples que una vez llegaron hasta ese lugar que emerge más allá del faro del fin del mundo, y que desde entonces decidieron morar allí por siempre jamás.
Llegué a la tierra de los simples
por los caminos del cansancio y de la soledad.
Crucé paisajes desdentados;
los niños tienen todo el día para jugar.
No he perdido la constancia,
no he luchado para luego abandonar;
me han dibujado sonrisas,
y al dar la espalda me han querido apuñalar.
Ni castigo a los vencedores
ni a los vencidos redención;
si cruzas, para de reirte,
si vuelves, rompe el porvenir.
Dejé la fábrica de hielo,
corrí contento, loco de feliz por ti.
Busqué a Susana en los cines del barrio
toda la tarde hasta que me emborraché.
Aventurero en busca de no sé bien qué;
pequeño héroe de revista
soy un insecto en la inmensidad.
Ni castigo a los roedores
ni a los vencidos redención,
si cruzas, para de reirte,
si vuelves romperé el porvenir.
...y una noche estrellada llegaré a ese lugar donde habita la más blanca luz de luna. Y espero poder encontrarte allí.
jueves, 4 de diciembre de 2008
Capítulo 16 - La tierra de los simples (EL LIBRO DE LOS PERSONAJES DE LA TIERRA DE LOS CUENTOS)
Una fría noche, negra sin luna, mi pequeño barco se perdió en la inmensidad de la mar. Después de naufragar durante horas a la deriva, a lo lejos divisé un faro resplandeciente de luz azul de luciérnaga.
Cuando me aproximé hasta aquel halo de destellos me di cuenta que, detrás, en medio del mar, había una ciudad que parecía emerger de la nada. Atrás sólo se divisaba un horizonte infinito que llegaba hasta el final de mi pequeño mundo de los cuentos.
Atraqué mi barquito en el malecón y paseé durante horas por aquella ciudad de casas de sal y jardines que algas que olía a flores de azar y de jazmín. Finalmente me eché a dormir a la rivera de un arroyo que cruzaba la villa, hasta que me sorprendió el amanecer.
Entonces las seres que moraban en la ciudad habían salido ya de sus casas. Había hombres, mujeres, duendes, elfos, hadas, ninfas, brujas... y todos convivían felices y en paz.
Fue cuando me di cuenta que aquella era La tierra de los simples. Aquella de la que hablaba esa vieja canción. Y no salió de la mente de aquel poeta sólo para morar en sus palabras, sino que existía de verdad.
Fueron muchos los que llegaron hasta allí y se quedaron por siempre para que aquel maravilloso lugar existiese eternamente.
Yo una vez quise encontrar este lugar y me perdí. Y mi barco después me llevó allí. Pero hasta mucho tiempo después no me di cuenta de que el hada mágica que reinaba en La tierra de los simples me guió con sus cantos de sirena para que desde aquella noche nunca más volviese a naufragar.
Cuando me aproximé hasta aquel halo de destellos me di cuenta que, detrás, en medio del mar, había una ciudad que parecía emerger de la nada. Atrás sólo se divisaba un horizonte infinito que llegaba hasta el final de mi pequeño mundo de los cuentos.
Atraqué mi barquito en el malecón y paseé durante horas por aquella ciudad de casas de sal y jardines que algas que olía a flores de azar y de jazmín. Finalmente me eché a dormir a la rivera de un arroyo que cruzaba la villa, hasta que me sorprendió el amanecer.
Entonces las seres que moraban en la ciudad habían salido ya de sus casas. Había hombres, mujeres, duendes, elfos, hadas, ninfas, brujas... y todos convivían felices y en paz.
Fue cuando me di cuenta que aquella era La tierra de los simples. Aquella de la que hablaba esa vieja canción. Y no salió de la mente de aquel poeta sólo para morar en sus palabras, sino que existía de verdad.
Fueron muchos los que llegaron hasta allí y se quedaron por siempre para que aquel maravilloso lugar existiese eternamente.
Yo una vez quise encontrar este lugar y me perdí. Y mi barco después me llevó allí. Pero hasta mucho tiempo después no me di cuenta de que el hada mágica que reinaba en La tierra de los simples me guió con sus cantos de sirena para que desde aquella noche nunca más volviese a naufragar.
miércoles, 26 de noviembre de 2008
Capítulo 15 - El séptimo deseo (EL LIBRO DE LOS PERSONAJES DE LA TIERRA DE LOS CUENTOS)
Dedicado a todos aquellos que tienen un deseo que compartir.
Mientras paseaba por el bosque al amanecer, el hada azul encontró una botella de cristal.
Quitó el tapón de corcho para ver qué había dentro y entonces salió de ella un duendecillo de grandes orejas vestido con un traje de hojas de olmo.
"Hola hadita", le dijo el duendecillo.
"¡Hola!, ¿quién eres tú?, ¿qué hacías dentro de esta botella?", le contestó el hada.
Entonces le explicó que una bruja muy mala le había hechizado hacía muchos muchos años porque tenía envidia de su arte para la música y el baile. El maleficio era permanecer encerrado en aquella vasija hasta que algún ser mágico le liberase.
El duende estaba tan feliz que le concedió al hada azul siete deseos, todos los que podía conceder de una sola vez con su pequeña magia de gnomo.
El hada, loca de contenta, le dijo: "estos son mis deseos: que el mar siempre sea azul, que el sol siempre me bañe con su calor, que la luna me proteja cada noche con su influjo, que los olmos plateados del bosque nunca dejen de abanicarme para que no sienta el calor del verano, poder escuchar el agua del arroyo por muy lejos que me encuentre de él y, por último, sentir eternamente el aroma de las flores blancas de la montaña impregnado en mis alas".
"Pero sólo me has pedido seis deseos, y yo te concedí siete", dijo el duende.
"Sí, ya lo se, pero mi último deseo quiero echarlo al viento para que llegue hasta una estrella fugaz. Así podrá llegar a quién más lo necesite"...
Una noche de luna vi una estrella fugaz. Me guiño un ojo para que le pidiese un deseo, pero no lo hice. Así, le pedí que volase rauda hasta tu pedazo de cielo y así se lo puedas pedir tú. Mi deseo cada noche es que se cumplan todos los tuyos, todos los que habitan en tus sueños.
Mientras paseaba por el bosque al amanecer, el hada azul encontró una botella de cristal.
Quitó el tapón de corcho para ver qué había dentro y entonces salió de ella un duendecillo de grandes orejas vestido con un traje de hojas de olmo.
"Hola hadita", le dijo el duendecillo.
"¡Hola!, ¿quién eres tú?, ¿qué hacías dentro de esta botella?", le contestó el hada.
Entonces le explicó que una bruja muy mala le había hechizado hacía muchos muchos años porque tenía envidia de su arte para la música y el baile. El maleficio era permanecer encerrado en aquella vasija hasta que algún ser mágico le liberase.
El duende estaba tan feliz que le concedió al hada azul siete deseos, todos los que podía conceder de una sola vez con su pequeña magia de gnomo.
El hada, loca de contenta, le dijo: "estos son mis deseos: que el mar siempre sea azul, que el sol siempre me bañe con su calor, que la luna me proteja cada noche con su influjo, que los olmos plateados del bosque nunca dejen de abanicarme para que no sienta el calor del verano, poder escuchar el agua del arroyo por muy lejos que me encuentre de él y, por último, sentir eternamente el aroma de las flores blancas de la montaña impregnado en mis alas".
"Pero sólo me has pedido seis deseos, y yo te concedí siete", dijo el duende.
"Sí, ya lo se, pero mi último deseo quiero echarlo al viento para que llegue hasta una estrella fugaz. Así podrá llegar a quién más lo necesite"...
Una noche de luna vi una estrella fugaz. Me guiño un ojo para que le pidiese un deseo, pero no lo hice. Así, le pedí que volase rauda hasta tu pedazo de cielo y así se lo puedas pedir tú. Mi deseo cada noche es que se cumplan todos los tuyos, todos los que habitan en tus sueños.
Capítulo 14 - Donde quiera que estés (EL LIBRO DE LOS PERSONAJES DE LA TIERRA DE LOS CUENTOS)
A veces una canción triste se puede tornar esperanzadora si al final del camino encontramos un pañuelo de seda con el que enjugar nuestras lágrimas.
Donde quiera que estés,
te gustara saber
que por flaca que fuese la vereda
no malvendí tu pañuelo de seda
por un trozo de pan.
Y que jamás,
por mas cansado que
estuviese, abandoné
tu recuerdo a la orilla del camino,
y por fría que fuera mi noche triste,
no eche al fuego ni uno solo
de los besos que me diste.
Por ti brilló mi sol un día
y cuando pienso en ti brilla de nuevo
sin que lo empañe la melancolía
de los fugaces amores eternos.
Dondequiera que estés,
te gustara saber
que te pude olvidar y no he querido,
y por fría que sea mi noche triste
no echo al fuego ni uno solo
de los besos que me diste.
Dondequiera que estés…
si te acuerdas de mi.
Donde quiera que estés,
te gustara saber
que por flaca que fuese la vereda
no malvendí tu pañuelo de seda
por un trozo de pan.
Y que jamás,
por mas cansado que
estuviese, abandoné
tu recuerdo a la orilla del camino,
y por fría que fuera mi noche triste,
no eche al fuego ni uno solo
de los besos que me diste.
Por ti brilló mi sol un día
y cuando pienso en ti brilla de nuevo
sin que lo empañe la melancolía
de los fugaces amores eternos.
Dondequiera que estés,
te gustara saber
que te pude olvidar y no he querido,
y por fría que sea mi noche triste
no echo al fuego ni uno solo
de los besos que me diste.
Dondequiera que estés…
si te acuerdas de mi.
miércoles, 19 de noviembre de 2008
Capítulo 13 - El manojo de sueños (EL LIBRO DE LOS PERSONAJES DE LA TIERRA DE LOS CUENTOS)
Erase una vez un niño que coleccionaba sueños.
Desde que era un bebé guardaba cada sueño bonito que tenía en una cajita de latón que tenía en su cuarto. Algunas veces los cogía de nuevo y los metía debajo de la almohada para poder revivirlos esa noche. Luego los volvía a guardar celosamente para que no se perdiesen nunca jamás.
Pero cuando tenía un mal sueño abría las ventanas para que el viento se llevase la pesadilla hasta más allá de las nubes, donde la luna los trasforma en esas quimeras que sobrevuelan para siempre los tejados de la ciudad, esperando colarse por las chimeneas para morar para siempre en los corazones de los que las necesiten.
Así pasaron los años, y el niño tenía miles de sueños en su cajita. Por eso su alcoba olía a vainilla, como los sueños nuevos, y jazmín, como los más antiguos. Y por eso las paredes tenían el color de la escarcha del amanecer, porque la luna venía cada noche a bailar con ellos hasta el alba y poco a poco fue dejando todo impregnado de su reflejo.
Pero un día el niño se dió cuenta que era una pena que sólo él disfrutase de aquellas sensaciones tan hermosas, y pensó en cómo podía compartirlas con más gente.
Así decidió hacer un manojo con los más bellos sueños y meterlos en un botella. Y echó aquella botella al mar, para que las olas la llevasen a quien más necesitase de ilusiones.
Y desde entonces, cada vez que se sentía triste, hacía otro manojo de sueños para enviarlo por el mar. Y cuando paseaba por su playa siempre encontraba otra botella con los sueños que otro niño había lanzado a la inmensidad del océano para que él también pudiese sentirlos.
Desde que era un bebé guardaba cada sueño bonito que tenía en una cajita de latón que tenía en su cuarto. Algunas veces los cogía de nuevo y los metía debajo de la almohada para poder revivirlos esa noche. Luego los volvía a guardar celosamente para que no se perdiesen nunca jamás.
Pero cuando tenía un mal sueño abría las ventanas para que el viento se llevase la pesadilla hasta más allá de las nubes, donde la luna los trasforma en esas quimeras que sobrevuelan para siempre los tejados de la ciudad, esperando colarse por las chimeneas para morar para siempre en los corazones de los que las necesiten.
Así pasaron los años, y el niño tenía miles de sueños en su cajita. Por eso su alcoba olía a vainilla, como los sueños nuevos, y jazmín, como los más antiguos. Y por eso las paredes tenían el color de la escarcha del amanecer, porque la luna venía cada noche a bailar con ellos hasta el alba y poco a poco fue dejando todo impregnado de su reflejo.
Pero un día el niño se dió cuenta que era una pena que sólo él disfrutase de aquellas sensaciones tan hermosas, y pensó en cómo podía compartirlas con más gente.
Así decidió hacer un manojo con los más bellos sueños y meterlos en un botella. Y echó aquella botella al mar, para que las olas la llevasen a quien más necesitase de ilusiones.
Y desde entonces, cada vez que se sentía triste, hacía otro manojo de sueños para enviarlo por el mar. Y cuando paseaba por su playa siempre encontraba otra botella con los sueños que otro niño había lanzado a la inmensidad del océano para que él también pudiese sentirlos.
Déjame compartir tu sueño cada noche para que pueda tenerte por siempre en mi corazón.
domingo, 16 de noviembre de 2008
Capítulo 12 - Alguna noche te iré a buscar para llevarte a las estrellas (EL LIBRO DE LOS PERSONAJES DE LA TIERRA DE LOS CUENTOS)
Aunque ella volvió esta noche para darme su calor, mi alma sentía la nostalgia del otro lado de la luna. Allí cada noche se refleja el viejo cadillac blanco que tantas veces he conducido sin rumbo. Y como alguien escribió una vez: "Alguna noche que se pueda guiar, convertible en la exosfera, aterrizaré en silencio, entre antenas, en tu azotea".
Siempre quise ir a L.A.,
dejar un día esta ciudad,
cruzar el mar en tu compañía.
Pero ya hace tiempo que me has dejado,
y probablemente me habrás olvidado.
No sé que aventuras correré sin ti.
Y ahora estoy aquí sentado
en un viejo Cadillac de segunda mano
junto al Mervellé, a mis pies mi ciudad.
Y hace un momento que me ha dejado,
aquí en la ladera del Tibidabo,
la última rubia que vino a probar
el asiento de atrás.
Quizás el Martini me ha hecho recordar...
nena, ¿por qué no volviste a llamar?.
Creí que podía olvidarte sin más
y aún a ratos, ya ves.
Y al irse la rubia me he sentido extraño,
me he quedado solo, fumando un cigarro,
quizás he pensado, nostalgia de ti.
Y desde esta curva donde estoy parado
me he sorprendido mirando a tu barrio,
y me han atrapado luces de ciudad.
El amanecer me sorprenderá
dormido, borracho en el Cadillac,
junto a las palmeras luce solitario.
Y dice la gente que ahora eres formal
y yo aquí borracho en el Cadillac
bajo las palmeras luce solitario.
Y no estás tú, nena.
Siempre quise ir a L.A.,
dejar un día esta ciudad,
cruzar el mar en tu compañía.
Pero ya hace tiempo que me has dejado,
y probablemente me habrás olvidado.
No sé que aventuras correré sin ti.
Y ahora estoy aquí sentado
en un viejo Cadillac de segunda mano
junto al Mervellé, a mis pies mi ciudad.
Y hace un momento que me ha dejado,
aquí en la ladera del Tibidabo,
la última rubia que vino a probar
el asiento de atrás.
Quizás el Martini me ha hecho recordar...
nena, ¿por qué no volviste a llamar?.
Creí que podía olvidarte sin más
y aún a ratos, ya ves.
Y al irse la rubia me he sentido extraño,
me he quedado solo, fumando un cigarro,
quizás he pensado, nostalgia de ti.
Y desde esta curva donde estoy parado
me he sorprendido mirando a tu barrio,
y me han atrapado luces de ciudad.
El amanecer me sorprenderá
dormido, borracho en el Cadillac,
junto a las palmeras luce solitario.
Y dice la gente que ahora eres formal
y yo aquí borracho en el Cadillac
bajo las palmeras luce solitario.
Y no estás tú, nena.
Capítulo 11 - Juanito (EL LIBRO DE LOS PERSONAJES DE LA TIERRA DE LOS CUENTOS)
Juanito era un niño muy listo y muy feliz. Siempre conseguía todo lo que le ansiaba.
Un día quiso subir a una nube y plantó una semilla de yedra que hizo germinar con polvos de magia de un hada amiga suya y creció tan alto que subió incluso hasta el sol.
Otro día quería llegar más allá del horizonte. Y un pirata llegó al puerto de la ciudad donde vivía y le llevó en su galeón hasta una isla que estaba mucho más allá de donde alcanzaba su vista.
Luego estaba tan cansado que quería echar una larga siesta. Morfeo se lo llevó con él a su cama de ébano y allí durmió durante días y días y soñó que volaba como un pájaro y que recorría el mundo entero.
Juanito tenía muchos amigos, y todos le querían mucho. Una vez, uno de ellos estaba muy triste y Juanito le cantó una canción muy bonita para que se alegrase, y su amigo ya nunca más volvió a sentirse angustiado.
Pero un día Juanito se levantó sin saber qué quería hacer. Y por más que pensó y pensó no se le ocurrió nada.
Se sentía desconcertado y hasta un poco asustado. No se atrevía a salir de casa sin saber adonde dirigirse, sin saber qué hacer.
Pero al final sintió que debía hacer algo que hacía mucho tiempo que no hacía, tanto que ya ni recordaba la última vez. Debía salir a la calle y dejarse llevar por un destino desconocido. Y aún con mucho recelo se fue a caminar sin ningún rumbo.
Ese día hizo muchas cosas que no había planeado antes. Cuando llego a casa por la noche estaba feliz, y durmió plácidamente, como cuando era un niño.
Un día quiso subir a una nube y plantó una semilla de yedra que hizo germinar con polvos de magia de un hada amiga suya y creció tan alto que subió incluso hasta el sol.
Otro día quería llegar más allá del horizonte. Y un pirata llegó al puerto de la ciudad donde vivía y le llevó en su galeón hasta una isla que estaba mucho más allá de donde alcanzaba su vista.
Luego estaba tan cansado que quería echar una larga siesta. Morfeo se lo llevó con él a su cama de ébano y allí durmió durante días y días y soñó que volaba como un pájaro y que recorría el mundo entero.
Juanito tenía muchos amigos, y todos le querían mucho. Una vez, uno de ellos estaba muy triste y Juanito le cantó una canción muy bonita para que se alegrase, y su amigo ya nunca más volvió a sentirse angustiado.
Pero un día Juanito se levantó sin saber qué quería hacer. Y por más que pensó y pensó no se le ocurrió nada.
Se sentía desconcertado y hasta un poco asustado. No se atrevía a salir de casa sin saber adonde dirigirse, sin saber qué hacer.
Pero al final sintió que debía hacer algo que hacía mucho tiempo que no hacía, tanto que ya ni recordaba la última vez. Debía salir a la calle y dejarse llevar por un destino desconocido. Y aún con mucho recelo se fue a caminar sin ningún rumbo.
Ese día hizo muchas cosas que no había planeado antes. Cuando llego a casa por la noche estaba feliz, y durmió plácidamente, como cuando era un niño.
Capítulo 10 - La pequeña Lucía (EL LIBRO DE LOS PERSONAJES DE LA TIERRA DE LOS CUENTOS)
La pequeña Lucía nació de una flor de jazmín. Estaba amaneciendo cuando aquella extraño jazmín de color rosa se abrió y una niñita con ojos de noche cerrada brotó de sus adentros. Por eso Lucía siempre tuvo un color rosado en sus mejillas y su pelo olía como las flores en los anocheceres de verano.
Una libélula de alas de plata la llevó a la ciudad para que viviese en una casita al lado del río. La casita tenía un jardín que la pequeña llenó de flores y arbustos, de tantos colores que todos los pájaros del bosque lo sobrevolaban cada día para admirarlo.
Un día Lucía decidió hacer una cometa. Quería hacer la cometa más grande del mundo, para poder volar sobre ella con todos sus amigos, que eran muchísimos.
Entonces fue al bosque para buscar los materiales. Para hacer el armazón le pidió al olmo milenario dos grandes ramos, y él le dio las más fuertes que tenía. Después sus amigas las arañas le tejieron una gran tela blanca, y su amigos los gusanos la cubrieron de seda. Y las mariposas que habitan en lo más alto de la montañas nevadas la envolvieron con su polvo de magia para que de la blanca seda surgiesen todos los colores del arco iris. Por último, las hadas tejedoras hicieron una cuerda tan larga que llegaba hasta las nubes que cubren las cimas más altas.
La pequeña Lucía no se dio cuenta de que pasaron muchos muchos años mientras estuvo construyendo su gran cometa. El día que terminó fue al espejo para peinar sus trenzas y de repente vio que se había convertido en una mujer.
No sabía si eso le gustaba mucho, pero aún así decidió celebrarlo haciendo un viaje con todos sus amigos del bosque. Y se fueron juntos a sobrevolar caminos y montañas, y llegaron hasta el mar.
Y al final del camino se encontró un amigo que no conocía. Pero nada más verle supo que serían amigos para siempre.
Entonces comprendió que aquella cometa fue la que le llevó hacia su destino. Y que su destino fue el que le llevó a hacer aquella cometa. Y a que pasaran los años. Y a que ella jamás sintiese que habían pasado.
Por eso Lucía era tan especial, porque aunque creció, su alma fue siempre la de aquella pequeña Lucía que surgió de una flor hace ya muchos muchos años.
Una libélula de alas de plata la llevó a la ciudad para que viviese en una casita al lado del río. La casita tenía un jardín que la pequeña llenó de flores y arbustos, de tantos colores que todos los pájaros del bosque lo sobrevolaban cada día para admirarlo.
Un día Lucía decidió hacer una cometa. Quería hacer la cometa más grande del mundo, para poder volar sobre ella con todos sus amigos, que eran muchísimos.
Entonces fue al bosque para buscar los materiales. Para hacer el armazón le pidió al olmo milenario dos grandes ramos, y él le dio las más fuertes que tenía. Después sus amigas las arañas le tejieron una gran tela blanca, y su amigos los gusanos la cubrieron de seda. Y las mariposas que habitan en lo más alto de la montañas nevadas la envolvieron con su polvo de magia para que de la blanca seda surgiesen todos los colores del arco iris. Por último, las hadas tejedoras hicieron una cuerda tan larga que llegaba hasta las nubes que cubren las cimas más altas.
La pequeña Lucía no se dio cuenta de que pasaron muchos muchos años mientras estuvo construyendo su gran cometa. El día que terminó fue al espejo para peinar sus trenzas y de repente vio que se había convertido en una mujer.
No sabía si eso le gustaba mucho, pero aún así decidió celebrarlo haciendo un viaje con todos sus amigos del bosque. Y se fueron juntos a sobrevolar caminos y montañas, y llegaron hasta el mar.
Y al final del camino se encontró un amigo que no conocía. Pero nada más verle supo que serían amigos para siempre.
Entonces comprendió que aquella cometa fue la que le llevó hacia su destino. Y que su destino fue el que le llevó a hacer aquella cometa. Y a que pasaran los años. Y a que ella jamás sintiese que habían pasado.
Por eso Lucía era tan especial, porque aunque creció, su alma fue siempre la de aquella pequeña Lucía que surgió de una flor hace ya muchos muchos años.
lunes, 3 de noviembre de 2008
Capítulo 9 - Rosita de los Vientos (EL LIBRO DE LOS PERSONAJES DE LA TIERRA DE LOS CUENTOS)
Rosita de los Vientos fue quién inventó el Arco Iris.
Un día, cuando era muy pequeñita, se cayó al suelo y se hizo una herida. Y, con su sangre, pintó una franja roja en el cielo para adornarlo.
Otro día se fue a una ciudad que tiene un castillo desde el que se ve el mar. Desde lo más alto divisó unos campos repletos de naranjos y limoneros, y con sus frutas decidió hacer millones de litros de zumo para colorear también el cielo.
De regreso a la isla donde vivía pasó por unos sembrados de trigales. El trigo todavía estaba verde, y era tan bello que decidió esparcirlo a los cuatro vientos para que se clavase en la nubes a modo de guirnalda.
Por fin llegó al puerto de donde zarparía de nuevo hacia su hogar. Se montó en su barquita y remó durante todo un día, y, ayudada por sus amigas las sirenas, esparció aquel agua de un azul intenso hasta tan alto que sus gotas se quedaron prendidas en las espigas del trigo a modo de rocío.
Llegó al anochecer. La luna se empezaba a esconder al otro lado de la montaña coloreando el cielo de un añil tan hermoso y brillante que decidió guardar un poco en una botella para esparcirlo al día siguiente y recordar así aquella noche para siempre.
Pero Rosita sabía que aquel bello lienzo que llevaba toda su vida pintando en el cielo estaba imcompleto. No sabía el motivo, pero estaba segura de que algo le faltaba para que fuese lo más bello que jamás se hubiese contemplado.
Sin saber por qué, Rosita salió una mañana a navegar, y algo le dijo que fuese a visitar la isla de las palmeras. Así que, sin pensarlo, puso rumbo hacía allí con su pequeña barquita. Y por fin allí hayó lo que buscaba.
Y desde entonces vive allí, en un mundo a medida que creó junto con aquel brujito que le ofreció el color que le faltaba para hacer plena vida.
Un día, cuando era muy pequeñita, se cayó al suelo y se hizo una herida. Y, con su sangre, pintó una franja roja en el cielo para adornarlo.
Otro día se fue a una ciudad que tiene un castillo desde el que se ve el mar. Desde lo más alto divisó unos campos repletos de naranjos y limoneros, y con sus frutas decidió hacer millones de litros de zumo para colorear también el cielo.
De regreso a la isla donde vivía pasó por unos sembrados de trigales. El trigo todavía estaba verde, y era tan bello que decidió esparcirlo a los cuatro vientos para que se clavase en la nubes a modo de guirnalda.
Por fin llegó al puerto de donde zarparía de nuevo hacia su hogar. Se montó en su barquita y remó durante todo un día, y, ayudada por sus amigas las sirenas, esparció aquel agua de un azul intenso hasta tan alto que sus gotas se quedaron prendidas en las espigas del trigo a modo de rocío.
Llegó al anochecer. La luna se empezaba a esconder al otro lado de la montaña coloreando el cielo de un añil tan hermoso y brillante que decidió guardar un poco en una botella para esparcirlo al día siguiente y recordar así aquella noche para siempre.
Pero Rosita sabía que aquel bello lienzo que llevaba toda su vida pintando en el cielo estaba imcompleto. No sabía el motivo, pero estaba segura de que algo le faltaba para que fuese lo más bello que jamás se hubiese contemplado.
Sin saber por qué, Rosita salió una mañana a navegar, y algo le dijo que fuese a visitar la isla de las palmeras. Así que, sin pensarlo, puso rumbo hacía allí con su pequeña barquita. Y por fin allí hayó lo que buscaba.
Y desde entonces vive allí, en un mundo a medida que creó junto con aquel brujito que le ofreció el color que le faltaba para hacer plena vida.
domingo, 2 de noviembre de 2008
Capítulo 8 - Yaakov, el Príncipe de las Sombras (EL LIBRO DE LOS PERSONAJES DE LA TIERRA DE LOS CUENTOS)
Yaakov gobernaba la extensa zona del bosque donde nunca jamás había llegado el sol. Era el señor de las sombras porque sólo él había nacido del eclipse de luna que, hace ya años, oscureció el reino de la Tierra de los Cuentos durante doce días y doce noches. Muchas criaturas del bosque sintieron miedo de que nunca más brillasen ni la luna ni el sol, y huyeron hacia lejanos lugares para no volver jamás. Pero cuando parecía que aquello iba a durar eternamente, una nueva criatura vino al mundo y con la luz que desprendía hizo de nuevo nacer el día y la noche.
Así, todos estuvieron de acuerdo en que Yaakov fuese para siempre el Príncipe de las Sombras, porque sólo él tenía el poder de dominarlas y hacer que aquellas zonas frías y oscuras se tornasen cálidas y amables a su paso.
De hecho no se equivocaron en su elección, porque Yaakov poseía el extraño don de la magia que viene del rocío blanco de la luna de invierno, que es la magia más pura y a su vez más poderosa que existe. Sólo unos pocos elegidos la poseen, porque la Luna sólo la concede a las almas que pueden usarla con buenos fines.
Desde entonces el bosque de olmos plateados cambió para siempre. Aquellos parajes sombríos por donde nadie se atrevía jamás a pasear porque el frío se clavaba en el alma se tornaron lechos de hojas frescas que invitaban a descansar a los caminantes.
Yaakov sigue viviendo en el bosque de olmos de la Tierra de los Cuentos. Un día llegó a su reino de las sombras un hada que trajo el viento desde muy lejos y se hicieron amigos para siempre. Y entre los dos, por siempre, siguen usando su magia cada noche para hacer de ese reino de sombras el lugar donde moren para siempre todos los rayos de luna.
Déjame un rayo de tu magia de luna para que me arrope cuando sienta frío en el alma.
Así, todos estuvieron de acuerdo en que Yaakov fuese para siempre el Príncipe de las Sombras, porque sólo él tenía el poder de dominarlas y hacer que aquellas zonas frías y oscuras se tornasen cálidas y amables a su paso.
De hecho no se equivocaron en su elección, porque Yaakov poseía el extraño don de la magia que viene del rocío blanco de la luna de invierno, que es la magia más pura y a su vez más poderosa que existe. Sólo unos pocos elegidos la poseen, porque la Luna sólo la concede a las almas que pueden usarla con buenos fines.
Desde entonces el bosque de olmos plateados cambió para siempre. Aquellos parajes sombríos por donde nadie se atrevía jamás a pasear porque el frío se clavaba en el alma se tornaron lechos de hojas frescas que invitaban a descansar a los caminantes.
Yaakov sigue viviendo en el bosque de olmos de la Tierra de los Cuentos. Un día llegó a su reino de las sombras un hada que trajo el viento desde muy lejos y se hicieron amigos para siempre. Y entre los dos, por siempre, siguen usando su magia cada noche para hacer de ese reino de sombras el lugar donde moren para siempre todos los rayos de luna.
Déjame un rayo de tu magia de luna para que me arrope cuando sienta frío en el alma.
viernes, 24 de octubre de 2008
Capítulo 7 - El cuento inacabado (EL LIBRO DE LOS PERSONAJES DE LA TIERRA DE LOS CUENTOS)
Haces unos días empecé un cuento tan triste que no lo pude acabar. Creo que trataba sobre una sirena que una vez se perdió en el fondo del mar.
La pobre sirena buceó en aguas tan oscuras que de repente perdió todo resquicio de luz, y tardó años en poder salir de allí. Tuvo que esperar a una noche de luna llena para que una estrella la guiara y poder por fin escapar de esas negras aguas.
Pero la sirena se sentía triste por todas las cosas malas que había visto, porque le habían herido el alma. Además no recordaba cómo se dejó arrastrar por aquella fría corriente que no la dejaba retroceder, y aquello le inquietaba y no la dejaba descansar.
Pero esto ocurrió en un lugar tan lejano que no sé al final que ocurrió con aquella sirena. Por eso es triste esta historia, porque no puedo ponerle fin.
Por eso, en las frías noches en que me acuerdo de ella, procuro imaginármela bailando feliz entre las olas de blanca espuma mientras contempla cada día el nuevo amanecer sobre el horizonte.
La pobre sirena buceó en aguas tan oscuras que de repente perdió todo resquicio de luz, y tardó años en poder salir de allí. Tuvo que esperar a una noche de luna llena para que una estrella la guiara y poder por fin escapar de esas negras aguas.
Pero la sirena se sentía triste por todas las cosas malas que había visto, porque le habían herido el alma. Además no recordaba cómo se dejó arrastrar por aquella fría corriente que no la dejaba retroceder, y aquello le inquietaba y no la dejaba descansar.
Pero esto ocurrió en un lugar tan lejano que no sé al final que ocurrió con aquella sirena. Por eso es triste esta historia, porque no puedo ponerle fin.
Por eso, en las frías noches en que me acuerdo de ella, procuro imaginármela bailando feliz entre las olas de blanca espuma mientras contempla cada día el nuevo amanecer sobre el horizonte.
miércoles, 22 de octubre de 2008
Capítulo 6 - De carne y hueso??? (EL LIBRO DE LOS PERSONAJES DE LA TIERRA DE LOS CUENTOS)
Me resistía a escribir esta canción, aunque llevaba merodeando en mi cabeza unos días, porque aunque su mensaje es algo que he sentido muy adentro, me resisto a pensar que sólo somos de carne y hueso. Qué sería de mi si no existiese mi parte mágica...? Creo que mi parte mundana nunca me ha gustado. Sólo quiero ser esa otra parte de mis sueños.
Hace unos días sentí, por un momento, que no tenía miedo. Ese minuto, ese segundo, fue tan intenso para mi que compensó todas esas horas sin fin en las que no podía soportar esta vida.
A ti te la dedico de nuevo. Para que nunca tengas miedo... para que nunca más tengas miedo.
Bajo el aliento de cipreses centenarios.
Entre el claroscuro de sus ramas
que acarician los castaños...
Sobre un altar de hojas secas y helechos,
el sol resbalaba por mi pecho
y brillaba en tu pelo...
He venido al mundo desnuda bajo el cielo.
Es todo lo que tengo.
Ya no somos ángeles.
Ya no tengo miedo.
Soy de carne y hueso.
Como dos potros salvajes
sin pertenecer a nadie,
mientras miran las lechuzas
y las viboras cambian de muda.
Mientras flota en el aire polen de amapola,
que se cruza en su viaje con hilos de seda
de arañas que ondean como banderas deshechas.
He venido al mundo desnuda bajo el cielo.
Es todo lo que tengo.
Ya no somos ángeles.
Ya no tengo miedo.
Soy de carne y hueso.
Todos los misterios
nos han sido desvelados.
Todos los pecados
nos han sido perdonados...
Hace unos días sentí, por un momento, que no tenía miedo. Ese minuto, ese segundo, fue tan intenso para mi que compensó todas esas horas sin fin en las que no podía soportar esta vida.
A ti te la dedico de nuevo. Para que nunca tengas miedo... para que nunca más tengas miedo.
Bajo el aliento de cipreses centenarios.
Entre el claroscuro de sus ramas
que acarician los castaños...
Sobre un altar de hojas secas y helechos,
el sol resbalaba por mi pecho
y brillaba en tu pelo...
He venido al mundo desnuda bajo el cielo.
Es todo lo que tengo.
Ya no somos ángeles.
Ya no tengo miedo.
Soy de carne y hueso.
Como dos potros salvajes
sin pertenecer a nadie,
mientras miran las lechuzas
y las viboras cambian de muda.
Mientras flota en el aire polen de amapola,
que se cruza en su viaje con hilos de seda
de arañas que ondean como banderas deshechas.
He venido al mundo desnuda bajo el cielo.
Es todo lo que tengo.
Ya no somos ángeles.
Ya no tengo miedo.
Soy de carne y hueso.
Todos los misterios
nos han sido desvelados.
Todos los pecados
nos han sido perdonados...
sábado, 18 de octubre de 2008
Capítulo 5 - Historia del Elfo valiente (EL LIBRO DE LOS PERSONAJES DE LA TIERRA DE LOS CUENTOS)
He sentido miedo tantas veces, y aún lo siento, que sólo quiero que se vaya de una vez con mis lágrimas de río de agua dulce. Hoy me levanté pensando que puedo conseguirlo, y por eso he querido escribir este cuento, dedicado a todos los que alguna vez sintieron el frío miedo desgarrando su alma.
Elfo Alado tenía ya más de mil años. La noche que nació fue la más fría de aquel largo invierno, y por eso sus alitas se escarcharon nada más vió la luz.
Pero esa criatura que aparentaba ser tan frágil como el aliento de una ninfa, resultó ser tan fuerte como el roble milenario que hay en el bosque. La escarcha que cubría sus alas como un manto de rocio blanco se esfumó en forma de lágrimas de sirena en cuanto despuntó el alba, y Elfo, desde entonces, nunca más volvió a sentir frío.
No todos los elfos del bosque encantado tienen alas. De hecho, tan solo algunos afortunados las poseen, y así pueden volar con sus amigas las hadas cuando se les antoja, y dormirtar en las nubes que coronan las cumbres más altas.
Así de feliz vivió Elfo niño. Pero una mañana se despertó pensando que ya era un hombre y que el bosque se le había quedado pequeño. Quería recorrer aquel vaso mundo que estaba más allá de donde su vista podía alcanzar. Sintió que ese era su destino. Y así, se despidió de todos los suyos y partió volando hacia la desconocida inmensidad.
Nunca olvidó el día que vió la Mar por primera vez. Nunca imaginó que aquello de lo que le habían hablado tantas veces fuese tan grandioso y le hiciese sentirse sentirse tan diminuto. Allí conoció a las sirenas y a los tritones que habitan la Ciudad de los Corales de Sangre, que le contaron aquellas historias de piratas que venían de un lejano país llamado España. Incluso un día vivió por si mismo una de esas batallas entre corsarios, cuando un galeón negro que venía de más allá de la Isla de las Palmeras abordó otro barco que había venído hacia ya años de los mares del sur. Los piratas del sur eran amigos suyos desde hacía tiempo, así que no dudó en enfrentarse a los malvados bandidos que querían apoderarse de los tesoros que tenían en sus bodegas. Los tritones más osados se unieron a ellos y, entre todos les echaron para siempre de sus dominios. Elfo luchó como un valiente y jamás tuvo miedo de su bravos enemigos.
Elfo entonces decidió partir de nuevo hacia otro destino desconocido, y una mañana se alejó volando entre las nubes rojas del amanecer.
Este viaje fue muy duro, porque era aquella época las tormentas de escarcha azul. Cuando atravesó el Bosque de las Brujas del Alba Negra hubo incluso una tormenta de sapos de lengua de fuego, y tuvo que volar lo más rápido que lo había hecho en toda su vida porque aquellas pequeñas criaturas eran tan malvadas o más que las negras magas que las habían creado con su maléficos conjuros, y querían a toda costa quemar sus alitas para que cayese desplomado para siempre entre la negra espesura de su bosque. Pero, una vez más, sorteó la situación con valentía y escapó sin un solo rasguño.
Entonces llegó a la ciudad del Castillo de Sal. Allí gobernaba un rey muy anciano que era muy querido por todos sus súbditos. El problema es que el rey nunca tuvo herederos, y sabía que le quedaba poco tiempo en el mundo de los mortales, así que estaba muy preocupado porque, de entre todos sus posibles sucesores, que eran los consejeros de la corte, no confiaba lo suficiente en ninguno como para legarle su reino.
Elfo llegó al castillo la noche en que se celebraba la gran fiesta del estío. Cuando el rey le conoció supo que era la persona que siempre había esperado. El hada que lee el futuro en los posos del té de flores le había dicho que su mejor sucesor llegaría volando desde una tierra muy lejana. Y Elfo le agradó tanto desde que le vió que no dudo en hacer una junta extraordinaria con todos los caballeros del reino al día siguiente, para anunciar que, por fin, había encontrado a la persona adecuada para ser el heredero de todos su imperio.
Por supuesto esta decisión no agradó nada a los señores de la corte, y aunque llevaban años peleando entre ellos para conseguir ser el nuevo rey cuando el anciano falleciese, se aliaron para tratar de librarse de Elfo entre todos.
Elfo recibió la noticia con perplejidad. Le parecía increible convertirse en rey sólo porque se cumpliese la predicción de una joven hada. Es más, realmente él no quería ser rey porque lo que realmente deseaba era seguir recorriendo el mundo y no quedarse para siempre en aquel reino por bello que fuese. Pero antes de que tuviese tiempo a hablar con el rey para contárselo, una noche, mientras dormía, recibió la visita del caballero mayor y de dos de sus compañeros. No era una visita amistosa. Sus intenciones eran secuestrar a Elfo y encerrarlo para siempre en las mazmorras, donde nadie, ni siquiera el rey, le encontrase jamás. Así el anciano pensaría que se había ido durante la noche y no tendría más remedio que nombrar otro heredero entre ellos.
Pero, como era de esperar, el intrépido Elfo peleó contra ellos con todas sus fuerzas y usando su magia blanca de luna les hechizó y les volvió buenos para siempre. Como siempre, no tuvo miedo de enfrentarse a los malvados porque era el elfo más valiente del mundo.
Cuando habló con el rey, este entendió que no podía confiar su reino a alguien que no lo anhelase realmente. Finalmente se lo otorgó al caballero mayor, que se había vuelto el hombre más bueno y amable del mundo. Al final se cumplió la predicción del hadita del bosque, porque el caballero había llegado a la ciudad siendo un bebé a lomos de un dragón volador...
Elfo partió de nuevo hacia su incierto destino. Como todavía estaba muy cansado de la pelea con los caballeros, decidió descansar la primera noche en un bosque de olmos al que llegó al anochecer. Se preparó un lecho de hojas verdes y plata y se echó a dormir.
Pero esa noche que aparentemente iba a ser sólo un alto en su camino cambió su vida para siempre. De repente se despertó porque pensó que había escuchado algo. Pero nada ajeno a él mismo había perturbardo su sueño. Lo que había escuchado venía directamente de su corazón. Pero no lo entendía porque era la primera vez que algo así traspasaba su alma, y era tan fuerte que lo sintió como un si un cuchillo de hielo le traspasase el pecho.
Tuvo que esperar un rato a calmarse para entender lo que realmente que le pasaba. Aquello que tanto le turbó no era otra cosa que miedo. Simplemente miedo. Nunca hasta entonces había sentido esa sensación, y aunque al principio le hirió tanto que no podía soportarlo, después le abrió una puerta que, hasta entonces, había permanecido siempre cerrada en su interior: la puerta de los sentimientos más intensos. Aunque el frío miedo que sintió le produjo un desasosiego en su almita mágica, se dió cuenta que nunca antes había sentido algo tan profundamente.
Hace ya muchos años que Elfo volvió a su bosque. Fue el día que siento miedo a morir en el recuerdo de los suyos, que es el único lugar donde se vive para siempre.
Y aunque todos pensaron siempre que seguía siendo el más valiente, él nunca olvidó el momento en que los espíritus del bosque de olmos le devolvieron lo que hace tantos y tantos años había perdido.
Ahora el anciano Elfo vive feliz y hace ya muchos años que no siente miedo, porque una noche encontró un abrazo que le hizo darse cuenta de que se puede llorar y ser valiente a la vez.
Dejame morar para siempre en tu recuerdo para no sentir el frio del miedo nunca más.
Elfo Alado tenía ya más de mil años. La noche que nació fue la más fría de aquel largo invierno, y por eso sus alitas se escarcharon nada más vió la luz.
Pero esa criatura que aparentaba ser tan frágil como el aliento de una ninfa, resultó ser tan fuerte como el roble milenario que hay en el bosque. La escarcha que cubría sus alas como un manto de rocio blanco se esfumó en forma de lágrimas de sirena en cuanto despuntó el alba, y Elfo, desde entonces, nunca más volvió a sentir frío.
No todos los elfos del bosque encantado tienen alas. De hecho, tan solo algunos afortunados las poseen, y así pueden volar con sus amigas las hadas cuando se les antoja, y dormirtar en las nubes que coronan las cumbres más altas.
Así de feliz vivió Elfo niño. Pero una mañana se despertó pensando que ya era un hombre y que el bosque se le había quedado pequeño. Quería recorrer aquel vaso mundo que estaba más allá de donde su vista podía alcanzar. Sintió que ese era su destino. Y así, se despidió de todos los suyos y partió volando hacia la desconocida inmensidad.
Nunca olvidó el día que vió la Mar por primera vez. Nunca imaginó que aquello de lo que le habían hablado tantas veces fuese tan grandioso y le hiciese sentirse sentirse tan diminuto. Allí conoció a las sirenas y a los tritones que habitan la Ciudad de los Corales de Sangre, que le contaron aquellas historias de piratas que venían de un lejano país llamado España. Incluso un día vivió por si mismo una de esas batallas entre corsarios, cuando un galeón negro que venía de más allá de la Isla de las Palmeras abordó otro barco que había venído hacia ya años de los mares del sur. Los piratas del sur eran amigos suyos desde hacía tiempo, así que no dudó en enfrentarse a los malvados bandidos que querían apoderarse de los tesoros que tenían en sus bodegas. Los tritones más osados se unieron a ellos y, entre todos les echaron para siempre de sus dominios. Elfo luchó como un valiente y jamás tuvo miedo de su bravos enemigos.
Elfo entonces decidió partir de nuevo hacia otro destino desconocido, y una mañana se alejó volando entre las nubes rojas del amanecer.
Este viaje fue muy duro, porque era aquella época las tormentas de escarcha azul. Cuando atravesó el Bosque de las Brujas del Alba Negra hubo incluso una tormenta de sapos de lengua de fuego, y tuvo que volar lo más rápido que lo había hecho en toda su vida porque aquellas pequeñas criaturas eran tan malvadas o más que las negras magas que las habían creado con su maléficos conjuros, y querían a toda costa quemar sus alitas para que cayese desplomado para siempre entre la negra espesura de su bosque. Pero, una vez más, sorteó la situación con valentía y escapó sin un solo rasguño.
Entonces llegó a la ciudad del Castillo de Sal. Allí gobernaba un rey muy anciano que era muy querido por todos sus súbditos. El problema es que el rey nunca tuvo herederos, y sabía que le quedaba poco tiempo en el mundo de los mortales, así que estaba muy preocupado porque, de entre todos sus posibles sucesores, que eran los consejeros de la corte, no confiaba lo suficiente en ninguno como para legarle su reino.
Elfo llegó al castillo la noche en que se celebraba la gran fiesta del estío. Cuando el rey le conoció supo que era la persona que siempre había esperado. El hada que lee el futuro en los posos del té de flores le había dicho que su mejor sucesor llegaría volando desde una tierra muy lejana. Y Elfo le agradó tanto desde que le vió que no dudo en hacer una junta extraordinaria con todos los caballeros del reino al día siguiente, para anunciar que, por fin, había encontrado a la persona adecuada para ser el heredero de todos su imperio.
Por supuesto esta decisión no agradó nada a los señores de la corte, y aunque llevaban años peleando entre ellos para conseguir ser el nuevo rey cuando el anciano falleciese, se aliaron para tratar de librarse de Elfo entre todos.
Elfo recibió la noticia con perplejidad. Le parecía increible convertirse en rey sólo porque se cumpliese la predicción de una joven hada. Es más, realmente él no quería ser rey porque lo que realmente deseaba era seguir recorriendo el mundo y no quedarse para siempre en aquel reino por bello que fuese. Pero antes de que tuviese tiempo a hablar con el rey para contárselo, una noche, mientras dormía, recibió la visita del caballero mayor y de dos de sus compañeros. No era una visita amistosa. Sus intenciones eran secuestrar a Elfo y encerrarlo para siempre en las mazmorras, donde nadie, ni siquiera el rey, le encontrase jamás. Así el anciano pensaría que se había ido durante la noche y no tendría más remedio que nombrar otro heredero entre ellos.
Pero, como era de esperar, el intrépido Elfo peleó contra ellos con todas sus fuerzas y usando su magia blanca de luna les hechizó y les volvió buenos para siempre. Como siempre, no tuvo miedo de enfrentarse a los malvados porque era el elfo más valiente del mundo.
Cuando habló con el rey, este entendió que no podía confiar su reino a alguien que no lo anhelase realmente. Finalmente se lo otorgó al caballero mayor, que se había vuelto el hombre más bueno y amable del mundo. Al final se cumplió la predicción del hadita del bosque, porque el caballero había llegado a la ciudad siendo un bebé a lomos de un dragón volador...
Elfo partió de nuevo hacia su incierto destino. Como todavía estaba muy cansado de la pelea con los caballeros, decidió descansar la primera noche en un bosque de olmos al que llegó al anochecer. Se preparó un lecho de hojas verdes y plata y se echó a dormir.
Pero esa noche que aparentemente iba a ser sólo un alto en su camino cambió su vida para siempre. De repente se despertó porque pensó que había escuchado algo. Pero nada ajeno a él mismo había perturbardo su sueño. Lo que había escuchado venía directamente de su corazón. Pero no lo entendía porque era la primera vez que algo así traspasaba su alma, y era tan fuerte que lo sintió como un si un cuchillo de hielo le traspasase el pecho.
Tuvo que esperar un rato a calmarse para entender lo que realmente que le pasaba. Aquello que tanto le turbó no era otra cosa que miedo. Simplemente miedo. Nunca hasta entonces había sentido esa sensación, y aunque al principio le hirió tanto que no podía soportarlo, después le abrió una puerta que, hasta entonces, había permanecido siempre cerrada en su interior: la puerta de los sentimientos más intensos. Aunque el frío miedo que sintió le produjo un desasosiego en su almita mágica, se dió cuenta que nunca antes había sentido algo tan profundamente.
Hace ya muchos años que Elfo volvió a su bosque. Fue el día que siento miedo a morir en el recuerdo de los suyos, que es el único lugar donde se vive para siempre.
Y aunque todos pensaron siempre que seguía siendo el más valiente, él nunca olvidó el momento en que los espíritus del bosque de olmos le devolvieron lo que hace tantos y tantos años había perdido.
Ahora el anciano Elfo vive feliz y hace ya muchos años que no siente miedo, porque una noche encontró un abrazo que le hizo darse cuenta de que se puede llorar y ser valiente a la vez.
Dejame morar para siempre en tu recuerdo para no sentir el frio del miedo nunca más.
viernes, 17 de octubre de 2008
Capítulo 4 - Si te vienes conmigo (EL LIBRO DE LOS PERSONAJES DE LA TIERRA DE LOS CUENTOS)
Esta también te la dedico a tí, desde mi pequeño corazón de rock and roll.
Un millón de besos desde Dixieland.
Quiero un amor
que cubra con teja de cañón
esta herida abierta.
Un amor compadre y jaranero,
que me abra los ojos y cierre para siempre aquella puerta.
Si te vienes conmigo,
si te vienes conmigo pararemos a la vera del camino,
para ver los árboles vestirse de hojas.
Si te vienes conmigo volaremos confundidos entre jilgueros y rosas.
Quiero un amor
que cubra con teja de cañón
esta descubierta.
Un amor perdido y dominguero,
que me abra los ojos y cierre para siempre aquella puerta.
Si te vienes conmigo,
si te vienes conmigo pararemos a la vera del camino,
para ver los árboles vestirse de hojas.
Si te vienes conmigo volaremos confundidos entre jilgueros y rosas.
Si te vienes conmigo,
si te vienes conmigo partiremos sin destino hacia algún lugar perdido.
Seremos acratas de bajo consumo.
Devoradores de libros de bolsillo
Literalmente.
La rosca desgastada del beso de tornillo.
Instalados en un tiempo variable-
Hablar por hablar,
hablar por hablar,
no hablaremos más.
Viviremos pletóricos
en cincuenta metros cuadrados,
hipotecados o realquilados.
O mejor, saltando,
el que pudiendo quisiera, en zig-zag.
Inmoderados
o moderados,
o inmoderadamente moderados
o moderadamente inmoderados.
Un millón de besos desde Dixieland.
Quiero un amor
que cubra con teja de cañón
esta herida abierta.
Un amor compadre y jaranero,
que me abra los ojos y cierre para siempre aquella puerta.
Si te vienes conmigo,
si te vienes conmigo pararemos a la vera del camino,
para ver los árboles vestirse de hojas.
Si te vienes conmigo volaremos confundidos entre jilgueros y rosas.
Quiero un amor
que cubra con teja de cañón
esta descubierta.
Un amor perdido y dominguero,
que me abra los ojos y cierre para siempre aquella puerta.
Si te vienes conmigo,
si te vienes conmigo pararemos a la vera del camino,
para ver los árboles vestirse de hojas.
Si te vienes conmigo volaremos confundidos entre jilgueros y rosas.
Si te vienes conmigo,
si te vienes conmigo partiremos sin destino hacia algún lugar perdido.
Seremos acratas de bajo consumo.
Devoradores de libros de bolsillo
Literalmente.
La rosca desgastada del beso de tornillo.
Instalados en un tiempo variable-
Hablar por hablar,
hablar por hablar,
no hablaremos más.
Viviremos pletóricos
en cincuenta metros cuadrados,
hipotecados o realquilados.
O mejor, saltando,
el que pudiendo quisiera, en zig-zag.
Inmoderados
o moderados,
o inmoderadamente moderados
o moderadamente inmoderados.
jueves, 16 de octubre de 2008
Capítulo 3 - La ciudad de las mil colinas (EL LIBRO DE LOS PERSONAJES DE LA TIERRA DE LOS CUENTOS)
ESTE CAPÍTULO ES PARA TODOS VOSOTROS. ELLA VOLVIÓ HOY Y ME CONTÓ QUE DEBÍA ESCRIBIRLO.
ESPERO QUE OS GUSTE. OS QUIERO.
Hace ya muchos años, el Hada del Anochecer se sintió muy triste una noche. Desde la torre más alta de su castillo de escarcha veía a lo lejos el bello bosque de olmos plateados y, allá arriba, como cada noche, su Luna le enviaba su halo de rocío blanco para que no se sintiese sola.
Pero esa noche se sentía más sola y desamparada que nunca. Aunque no comprendía por qué, sentía tristeza y desasosiego. Por su rostro azulado corrían pequeñas lágrimas tan saladas como el agua más profunda de la Mar.
Entonces recogió su largo pelo en dos grandes trenzas, se atusó sus alitas, y decidió dar un paseo en su unicornio blanco. Pensó que, tal vez, el frío del viento del anochecer congelaría sus penas igual que tornaba blanco el rocío de la mañana.
Cabalgó durante horas con su caballito mágico, cruzando el bosque de olmos, y llegó hasta la frontera del reino. Nunca antes había llegado hasta allí. Descubrió que el camino que ella siempre había pensado que acababa con el bosque, continuaba mucho más allá, y se tornaba en ese punto de un color oro viejo.
Vaciló unos minutos, porque siempre tenía miedo a lo desconocido, a la incertidumbre. Pero se sentía tan triste que olvidó sus miedos para aventurarse a lo desconocido. Y así se adentró en aquel camino luminoso, reflejado de luna, largo y misterioso.
Después de mucha noche, llegó a una montañita cubierta de genista. Las hojas de la retama eran verdes y amarillentas, y se entremezclaban con el viento mostrando un fastuoso paisaje a dos colores. El caminito dorado cruzaba entre los matorrales y llegaba hasta la cumbre. Y decidió cabalgar hasta la cima.
Y cuál no sería su sorpresa cuando descubrió que, tras aquella pequeña montaña, había una ciudad llena de luces de todos los colores del arco iris. Y estaba rodeada de mil pequeñas montañas más, como si fuese una fortaleza sólo amenazable por el cielo aún estrellado.
No sabía que le había llevado hasta allí, pero cuando vio la Ciudad de las Mil Colinas supo que era lo que estaba buscando. Aunque aquel lugar parecía una fortín infranqueable, no había nada que impidiese entrar y salir de él. Allí llegó huyendo de su bello castillo de escarcha, sin saber que se había convertido en una prisión para ella, y allí encontró algo distinto que hizo que sus lágrimas se evaporasen y se tornasen bruma blanca.
Estaba amaneciendo cuando entró por fin por la puerta que llevaba a la ciudad. Si le quedaba alguna duda, la luz del día las disipó todas. El sol brillaba por fin y calentó su alma. Nunca más volvería a sentir aquel frío agudo y doloroso.
Desde aquel día Hada ha vivido en el lugar donde le llevó su corazón.
Aunque, en realidad, fue su Luna la que le llevó allí, pero eso se lo confesó ella mucho tiempo después...
ESPERO QUE OS GUSTE. OS QUIERO.
Hace ya muchos años, el Hada del Anochecer se sintió muy triste una noche. Desde la torre más alta de su castillo de escarcha veía a lo lejos el bello bosque de olmos plateados y, allá arriba, como cada noche, su Luna le enviaba su halo de rocío blanco para que no se sintiese sola.
Pero esa noche se sentía más sola y desamparada que nunca. Aunque no comprendía por qué, sentía tristeza y desasosiego. Por su rostro azulado corrían pequeñas lágrimas tan saladas como el agua más profunda de la Mar.
Entonces recogió su largo pelo en dos grandes trenzas, se atusó sus alitas, y decidió dar un paseo en su unicornio blanco. Pensó que, tal vez, el frío del viento del anochecer congelaría sus penas igual que tornaba blanco el rocío de la mañana.
Cabalgó durante horas con su caballito mágico, cruzando el bosque de olmos, y llegó hasta la frontera del reino. Nunca antes había llegado hasta allí. Descubrió que el camino que ella siempre había pensado que acababa con el bosque, continuaba mucho más allá, y se tornaba en ese punto de un color oro viejo.
Vaciló unos minutos, porque siempre tenía miedo a lo desconocido, a la incertidumbre. Pero se sentía tan triste que olvidó sus miedos para aventurarse a lo desconocido. Y así se adentró en aquel camino luminoso, reflejado de luna, largo y misterioso.
Después de mucha noche, llegó a una montañita cubierta de genista. Las hojas de la retama eran verdes y amarillentas, y se entremezclaban con el viento mostrando un fastuoso paisaje a dos colores. El caminito dorado cruzaba entre los matorrales y llegaba hasta la cumbre. Y decidió cabalgar hasta la cima.
Y cuál no sería su sorpresa cuando descubrió que, tras aquella pequeña montaña, había una ciudad llena de luces de todos los colores del arco iris. Y estaba rodeada de mil pequeñas montañas más, como si fuese una fortaleza sólo amenazable por el cielo aún estrellado.
No sabía que le había llevado hasta allí, pero cuando vio la Ciudad de las Mil Colinas supo que era lo que estaba buscando. Aunque aquel lugar parecía una fortín infranqueable, no había nada que impidiese entrar y salir de él. Allí llegó huyendo de su bello castillo de escarcha, sin saber que se había convertido en una prisión para ella, y allí encontró algo distinto que hizo que sus lágrimas se evaporasen y se tornasen bruma blanca.
Estaba amaneciendo cuando entró por fin por la puerta que llevaba a la ciudad. Si le quedaba alguna duda, la luz del día las disipó todas. El sol brillaba por fin y calentó su alma. Nunca más volvería a sentir aquel frío agudo y doloroso.
Desde aquel día Hada ha vivido en el lugar donde le llevó su corazón.
Aunque, en realidad, fue su Luna la que le llevó allí, pero eso se lo confesó ella mucho tiempo después...
lunes, 13 de octubre de 2008
Capítulo 2 - Todo el día llovió (EL LIBRO DE LOS PERSONAJES DE LA TIERRA DE LOS CUENTOS)
Como este es mi cuento, hoy he decidido, simplemente, transcribir una canción. Esta mañana me levanté con ella, y lleva todo el día resonando en mi cabeza.
A ti te la dedico, con un beso muy grande.
Todo el día llovió,
toda la noche lloviendo;
quiero estar donde tú estés,
llamar al encantamiento.
Que silbe el viento
que quiero entender
en su voz
llamadas divinas
desde el sol.
Alas en vez de corazones
que el espíritu nos eleve
a las nubes.
Dejar de sufrir,
no ser tierno ni cruel
ni decrépito
en mi esencia de ser.
No volver a camino abierto.
No admitir que me marquen.
Si empleo la fuerza de mi corazón
y gasto mi espíritu para soñar.
Que me puedan mentir
o decirme lo que es mejor.
Que yo sepa negarme a su juego.
Barre el viento lo que es incierto y es
la vida lo peor
del desierto que es la propia vida.
No volver ni aún en ángel.
Rechinar, fiero el ceño.
Retumbar, siempre que haga falta,
en las puertas del infierno.
Me niego a creer lo que dicen;
no quiero tomar lo que ofrecen.
A ti te la dedico, con un beso muy grande.
Todo el día llovió,
toda la noche lloviendo;
quiero estar donde tú estés,
llamar al encantamiento.
Que silbe el viento
que quiero entender
en su voz
llamadas divinas
desde el sol.
Alas en vez de corazones
que el espíritu nos eleve
a las nubes.
Dejar de sufrir,
no ser tierno ni cruel
ni decrépito
en mi esencia de ser.
No volver a camino abierto.
No admitir que me marquen.
Si empleo la fuerza de mi corazón
y gasto mi espíritu para soñar.
Que me puedan mentir
o decirme lo que es mejor.
Que yo sepa negarme a su juego.
Barre el viento lo que es incierto y es
la vida lo peor
del desierto que es la propia vida.
No volver ni aún en ángel.
Rechinar, fiero el ceño.
Retumbar, siempre que haga falta,
en las puertas del infierno.
Me niego a creer lo que dicen;
no quiero tomar lo que ofrecen.
jueves, 9 de octubre de 2008
Capítulo 1 - Brujito Volandero (EL LIBRO DE LOS PERSONAJES DE LA TIERRA DE LOS CUENTOS)
Érase una vez, en la tierra de los cuentos, la más bella noche de primavera de todos los tiempos. Brujito Volandero nació esa noche, en el año en que plantaron los olmos en el bosque.
Siempre soñó con surcar los mares y llegar al horizonte, así que en cuanto tuvo uso de razón zarpó en un barco como grumete y se echó a la mar.
En ese barco, capitaneado por los piratas del sur, se sentía como el hombre más poderoso del mundo. Cada mañana se levantaba a ver amanecer en el horizonte, tan lejano, y se preguntaba cuando por fin el barco llegaría allí.
Pero pasaron los años y el barco, aunque cada día se adentraba más y más en alta mar, nunca llegaba al destino que Brujito anhelaba.
Así que, un día, harto ya de navegar y navegar sin abordar el lejano horizonte, decidió quedarse a vivir en una bella isla donde el barco arribó una tarde de estivo.
Se construyó una cabaña de madera y paja para guarnecerse, y entonces se fue a explorar la isla en busca de otros habitantes. Entonces encontró a un viejo pirata que, hacía ya muchos años, había decidido quedarse en la isla para siempre. Y se hicieron amigos inseparables. Tantas cosas le enseño el viejo pirata a Brujito, tantas cosas le contó, que, aunque un día se marchó para no volver jamás, nunca le olvidó, y cada mañana cuando salía de su choza a ver amanecer, todavía escuchaba su voz contándole aquellas historias de los lejanos países del otro lado del mundo. Brujito sabía que el pirata siempre iba a estar con él, ya que se quedó para siempre a cuidarle al otro lado de la luna.
Brujito se había quedado sólo en la isla, y se sentía triste, echaba mucho de menos a su amigo del alma. Pensó en construirse una barca y aventurarse a su amiga la mar para que ella decidiese su destino por él. Pero entonces, un atardecer, cuando estaba en la playa cortando troncos para construir la balsa, divisó una barquita a lo lejos. En la barquita venía ella, Rosita de los Vientos. Rosita salió esa mañana a navegar desde la isla se divisa desde el otro lado de la montaña, y algo le dijo que fuese a visitar la isla de las palmeras, así que, sin pensarlo, puso rumbo hacía allí con su pequeño velero.
Desde esa tarde soleada han pasado ya muchos años. Brujito y Rosita construyeron un mundo a su medida, y son muy felices desde entonces.
Hace unos años el rey de la Tierra de los Cuentos construyó un gran barco para que todos sus amigos pudieran ir a visitarlos. Así, cada noche de luna llena, hay una gran fiesta en la isla de las palmeras. Los elfos y las hadas cantan y bailan hasta el amanecer, y se escuchan las risas de todos hasta el en la torre más alta del Castillo del Rey.
Y colorín colorado, este cuento no ha terminado...
Siempre soñó con surcar los mares y llegar al horizonte, así que en cuanto tuvo uso de razón zarpó en un barco como grumete y se echó a la mar.
En ese barco, capitaneado por los piratas del sur, se sentía como el hombre más poderoso del mundo. Cada mañana se levantaba a ver amanecer en el horizonte, tan lejano, y se preguntaba cuando por fin el barco llegaría allí.
Pero pasaron los años y el barco, aunque cada día se adentraba más y más en alta mar, nunca llegaba al destino que Brujito anhelaba.
Así que, un día, harto ya de navegar y navegar sin abordar el lejano horizonte, decidió quedarse a vivir en una bella isla donde el barco arribó una tarde de estivo.
Se construyó una cabaña de madera y paja para guarnecerse, y entonces se fue a explorar la isla en busca de otros habitantes. Entonces encontró a un viejo pirata que, hacía ya muchos años, había decidido quedarse en la isla para siempre. Y se hicieron amigos inseparables. Tantas cosas le enseño el viejo pirata a Brujito, tantas cosas le contó, que, aunque un día se marchó para no volver jamás, nunca le olvidó, y cada mañana cuando salía de su choza a ver amanecer, todavía escuchaba su voz contándole aquellas historias de los lejanos países del otro lado del mundo. Brujito sabía que el pirata siempre iba a estar con él, ya que se quedó para siempre a cuidarle al otro lado de la luna.
Brujito se había quedado sólo en la isla, y se sentía triste, echaba mucho de menos a su amigo del alma. Pensó en construirse una barca y aventurarse a su amiga la mar para que ella decidiese su destino por él. Pero entonces, un atardecer, cuando estaba en la playa cortando troncos para construir la balsa, divisó una barquita a lo lejos. En la barquita venía ella, Rosita de los Vientos. Rosita salió esa mañana a navegar desde la isla se divisa desde el otro lado de la montaña, y algo le dijo que fuese a visitar la isla de las palmeras, así que, sin pensarlo, puso rumbo hacía allí con su pequeño velero.
Desde esa tarde soleada han pasado ya muchos años. Brujito y Rosita construyeron un mundo a su medida, y son muy felices desde entonces.
Hace unos años el rey de la Tierra de los Cuentos construyó un gran barco para que todos sus amigos pudieran ir a visitarlos. Así, cada noche de luna llena, hay una gran fiesta en la isla de las palmeras. Los elfos y las hadas cantan y bailan hasta el amanecer, y se escuchan las risas de todos hasta el en la torre más alta del Castillo del Rey.
Y colorín colorado, este cuento no ha terminado...
EL LIBRO DE LOS PERSONAJES DE LA TIERRA DE LOS CUENTOS - Prólogo
Este lugar, que nació de mis lágrimas de tantas y tantas noches oscuras, se estaba muriendo.
Y un lugar donde habitan mis sentimientos no debe de morir así como así. Hoy he decidido hacerlo renacer, poco a poco, porque aunque poco a poco voy recuperando mis fuerzas, no soy tan valiente ni tan fuerte como para hacerlo de golpe.
Toda mi vida he escrito cosas, cosas para mi y cosas para otras personas. Ahora he decidido escribir para vosotros. Vosotros sois los personajes de esta Tierra de los Cuentos, donde he nacido y donde me quedaré para siempre, y vosotros siempre estáis por ahí, cruzándoos en mis caminos, en esos caminos a veces bellos y luminosos y a veces tortuosos y oscuros.
Todos podréis leer los cuentos de todos, pero sólo tú sabrás que cuento es para ti, y sólo en tu mano estará compartir con los demás qué personaje del cuento eres tú o bien guardar este secreto sólo para ti.
Aquí comienza vuestro cuento. Seguramente no será lo mejor que hayáis leido, pero cada palabra sale de mi corazón. Es el mejor regalo que puedo haceros.
Os quiero,
La princesa de la Luna
esperarlanoche@gmail.com
Y un lugar donde habitan mis sentimientos no debe de morir así como así. Hoy he decidido hacerlo renacer, poco a poco, porque aunque poco a poco voy recuperando mis fuerzas, no soy tan valiente ni tan fuerte como para hacerlo de golpe.
Toda mi vida he escrito cosas, cosas para mi y cosas para otras personas. Ahora he decidido escribir para vosotros. Vosotros sois los personajes de esta Tierra de los Cuentos, donde he nacido y donde me quedaré para siempre, y vosotros siempre estáis por ahí, cruzándoos en mis caminos, en esos caminos a veces bellos y luminosos y a veces tortuosos y oscuros.
Todos podréis leer los cuentos de todos, pero sólo tú sabrás que cuento es para ti, y sólo en tu mano estará compartir con los demás qué personaje del cuento eres tú o bien guardar este secreto sólo para ti.
Aquí comienza vuestro cuento. Seguramente no será lo mejor que hayáis leido, pero cada palabra sale de mi corazón. Es el mejor regalo que puedo haceros.
Os quiero,
La princesa de la Luna
esperarlanoche@gmail.com
jueves, 21 de agosto de 2008
LA TIERRA DE LOS CUENTOS
Querido lugar: se que me esperas desde siempre para que forme parte de ti. Hoy estoy más cerca de ti, y por eso me siento muy bien.
Cuando esté allí nada me parecerá triste, porque todo es bello. De ti nace la vida, y creo que de ti nació la mía hace ya tanto tiempo que ni me acuerdo...
Espérame por siempre. Yo volveré contigo y me fundiré con la genista que, tan bella, te tiñe de amarillo.
Cuando esté allí nada me parecerá triste, porque todo es bello. De ti nace la vida, y creo que de ti nació la mía hace ya tanto tiempo que ni me acuerdo...
Espérame por siempre. Yo volveré contigo y me fundiré con la genista que, tan bella, te tiñe de amarillo.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
