La pequeña Lucía nació de una flor de jazmín. Estaba amaneciendo cuando aquella extraño jazmín de color rosa se abrió y una niñita con ojos de noche cerrada brotó de sus adentros. Por eso Lucía siempre tuvo un color rosado en sus mejillas y su pelo olía como las flores en los anocheceres de verano.
Una libélula de alas de plata la llevó a la ciudad para que viviese en una casita al lado del río. La casita tenía un jardín que la pequeña llenó de flores y arbustos, de tantos colores que todos los pájaros del bosque lo sobrevolaban cada día para admirarlo.
Un día Lucía decidió hacer una cometa. Quería hacer la cometa más grande del mundo, para poder volar sobre ella con todos sus amigos, que eran muchísimos.
Entonces fue al bosque para buscar los materiales. Para hacer el armazón le pidió al olmo milenario dos grandes ramos, y él le dio las más fuertes que tenía. Después sus amigas las arañas le tejieron una gran tela blanca, y su amigos los gusanos la cubrieron de seda. Y las mariposas que habitan en lo más alto de la montañas nevadas la envolvieron con su polvo de magia para que de la blanca seda surgiesen todos los colores del arco iris. Por último, las hadas tejedoras hicieron una cuerda tan larga que llegaba hasta las nubes que cubren las cimas más altas.
La pequeña Lucía no se dio cuenta de que pasaron muchos muchos años mientras estuvo construyendo su gran cometa. El día que terminó fue al espejo para peinar sus trenzas y de repente vio que se había convertido en una mujer.
No sabía si eso le gustaba mucho, pero aún así decidió celebrarlo haciendo un viaje con todos sus amigos del bosque. Y se fueron juntos a sobrevolar caminos y montañas, y llegaron hasta el mar.
Y al final del camino se encontró un amigo que no conocía. Pero nada más verle supo que serían amigos para siempre.
Entonces comprendió que aquella cometa fue la que le llevó hacia su destino. Y que su destino fue el que le llevó a hacer aquella cometa. Y a que pasaran los años. Y a que ella jamás sintiese que habían pasado.
Por eso Lucía era tan especial, porque aunque creció, su alma fue siempre la de aquella pequeña Lucía que surgió de una flor hace ya muchos muchos años.
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