Ayer empezó una noche larga. Muy larga. Muy larga porque todavía no ha acabado.
Él quiso emprender el vuelo a las estrellas, pero no pudo. Todavía no ha podido ni tan siquiera remontar la cuesta que lleva a su casa.
Tal vez su coche ya está demasiado viejo, tal vez había tanta niebla que no pudo avanzar o tal vez simplemente no tuvo fuerzas para correr cuesta arriba.
De madrugada sólo resonaban en su cabeza canciones tristes. Entonces miró por su ventana y vió que el día no iba a amanecer para él.
Y así pasó el día y llegó el anochecer que sólo hizo prolongar más la noche que parecía que nunca iba a acabar.
Y quiso una vez más volar, salir corriendo. Pero no pudo. Entonces lloró mucho y luego se durmió.
Y tal vez un día llegó la madrugada.
Llévame contigo a las estrellas para que nunca más tenga una noche sin amanecer.
miércoles, 21 de enero de 2009
martes, 20 de enero de 2009
Capítulo 23 - La noche del viaje (EL LIBRO DE LOS PERSONAJES DE LA TIERRA DE LOS CUENTOS)
Parece ser que he llegado al final de aquel camino. Pero todavía se que puedo mirar atrás y tornarme una estatua de sal.
Sólo espero que llegue pronto la noche en que, por fin, pueda partir hacia la la luna en mi cadillac rosa y orbitar para siempre mientras veo el mundo desde donde habitan las estrellas.
Espero verte por allí antes de mil años.
Todas las noches salgo a mirar
al balcón, a las estrellas.
Veo volar rutilantes Cadillacs
que orbitan la luna llena.
En los anillo de Saturno
mis amigos hacían carreras.
Visten cuero negro y cada noche
buscan chicas de planeta en planeta.
Y alguna noche que se pueda guiar
convertible en la exosfera,
aterrizaré en silencio
entre antenas, en tu azotea.
Y apenas sin enterarte, de tu cama
pasarás a las estrellas.
Tripularé un Bonneville
a la fiesta del perro de luna.
Sí,
alguna noche te iré a buscar
para llevarte a las estrellas.
Y aunque no te haya visto en años,
por favor, cosérvate bella...
Sólo espero que llegue pronto la noche en que, por fin, pueda partir hacia la la luna en mi cadillac rosa y orbitar para siempre mientras veo el mundo desde donde habitan las estrellas.
Espero verte por allí antes de mil años.
Todas las noches salgo a mirar
al balcón, a las estrellas.
Veo volar rutilantes Cadillacs
que orbitan la luna llena.
En los anillo de Saturno
mis amigos hacían carreras.
Visten cuero negro y cada noche
buscan chicas de planeta en planeta.
Y alguna noche que se pueda guiar
convertible en la exosfera,
aterrizaré en silencio
entre antenas, en tu azotea.
Y apenas sin enterarte, de tu cama
pasarás a las estrellas.
Tripularé un Bonneville
a la fiesta del perro de luna.
Sí,
alguna noche te iré a buscar
para llevarte a las estrellas.
Y aunque no te haya visto en años,
por favor, cosérvate bella...
lunes, 12 de enero de 2009
Capítulo 22 - Anios, la musa blanca (EL LIBRO DE LOS PERSONAJES DE LA TIERRA DE LOS CUENTOS)
Una mañana, cuando se terminó el más largo invierno que jamás haya existido, nació una pequeña musa de color blanco, de una estalactita que colgaba del olmo más alto del bosque.
Anios era la musa de la alegría porque cada vez que reía florecían las más bellas flores a su alrededor. Un día conoció a un elfo muy apuesto y se fue con él para siempre al otro bosque, donde en vez de olmos hay jazmines, retama y genista.
Y allí se fabricaron una casita en una seta de color encarnado. Y plantaron un huerta con naranjos, y también un jardín con lilas, margaritas y tulipanes. Y una noche de principios de primavera, cuando despertaron, descubrieron tres pequeñas haditas que habían nacido de una gota de rocío.
Pero aunque eran muy felices, Anios echaba de menos los días en que volaba por la ciudad y entraba por las ventanas para llevar su magia a todos aquellos a los que tenían problemas para soñar. Y por eso a veces se sentía triste y melancólica.
Así que un día se despidió de su familia para hacer una viaje su añorada ciudad y se fue volando al amanecer. Y fueron tanto los sueños que hizo brotar que se sintió pletórica.
Y un día, supo que había llegado el momento de volver con los suyos. Y se marchó al bosque de los abetos para quedarse allí para siempre.
Anios pensaba que nunca más volvería a crear más sueños con su magia, pero no fue así. También allí había muchas almas necesitadas de la musa blanca que nació de la nieve. Y así les regaló a todos su magia, y vivió feliz por siempre jamás.
Y si una noche no puedo soñar, llama al cristal de mi ventana y yo te abriré. Y regálame un poco de tu magia para que pueda tener el más dulce sueño.
Anios era la musa de la alegría porque cada vez que reía florecían las más bellas flores a su alrededor. Un día conoció a un elfo muy apuesto y se fue con él para siempre al otro bosque, donde en vez de olmos hay jazmines, retama y genista.
Y allí se fabricaron una casita en una seta de color encarnado. Y plantaron un huerta con naranjos, y también un jardín con lilas, margaritas y tulipanes. Y una noche de principios de primavera, cuando despertaron, descubrieron tres pequeñas haditas que habían nacido de una gota de rocío.
Pero aunque eran muy felices, Anios echaba de menos los días en que volaba por la ciudad y entraba por las ventanas para llevar su magia a todos aquellos a los que tenían problemas para soñar. Y por eso a veces se sentía triste y melancólica.
Así que un día se despidió de su familia para hacer una viaje su añorada ciudad y se fue volando al amanecer. Y fueron tanto los sueños que hizo brotar que se sintió pletórica.
Y un día, supo que había llegado el momento de volver con los suyos. Y se marchó al bosque de los abetos para quedarse allí para siempre.
Anios pensaba que nunca más volvería a crear más sueños con su magia, pero no fue así. También allí había muchas almas necesitadas de la musa blanca que nació de la nieve. Y así les regaló a todos su magia, y vivió feliz por siempre jamás.
Y si una noche no puedo soñar, llama al cristal de mi ventana y yo te abriré. Y regálame un poco de tu magia para que pueda tener el más dulce sueño.
viernes, 9 de enero de 2009
Capítulo 21 - La sonrisa del duende (EL LIBRO DE LOS PERSONAJES DE LA TIERRA DE LOS CUENTOS)
Erase una vez un duendecillo mágico que coleccionaba sonrisas. Esto era porque esbozaba una cada vez que a un habitante de la Tierra de los Cuentos le cumplía un sueño.
Pero una noche el duende se despertó sobresaltado y con un nudo en la garganta. Sentía ganas de llorar amargamente, y así lo hizo hasta que el agua del arroyo se tornó salada. Pero no comprendía que le pasaba, el porqué de su pena, por qué se sentía tan triste. Y después de llorar tanto se durmió exhausto hasta que le despertó al amanecer.
Entonces se encontraba mejor, más calmado, pero todavía le quedaba un sabor amargo al tragar que le rasgaba el alma. Pero aún no entendía por qué se sentía tan afligido.
Y entonces decidió dar un paseo para sentir el aire fresco de la mañana en su cara. Y se encontró con una pequeña hada que estaba sentada en una seta roja. Le dio los buenos días, y entonces el hadita le preguntó por qué tenía la mirada tan triste y surcos de lágrimas en su cara. Y el duendecillo le contó lo que le había pasado aquella noche. Y juntos decidieron ir a visitar a la Maga de las Cumbres que todo lo sabe, para consultarle.
Así caminaron durante horas hasta que llegaron a su castillo del color de la noches sin luna.
La Maga ya les estaba esperando, porque los gnomos que trabajan para ella ya le habían contado que iba a tener visita. Y les recibió sentada en su trono de hielo.
Entonces dibujó un gran círculo en el aire moviendo su blanca mano y una gran brecha se abrió en el techo. Allí se podía ver como un niño lloraba por la noche porque se sentía mal y tenía miedo.
Entonces el duendecillo se reconoció en ese niño asustado. Él también tuvo un mal sueño, que duró una muy larga noche. Aunque de eso hacía ya muchísimos años. Pero entonces se olvidó de llorar. Y tampoco hubo quien llorase por él.
Fue cuando se dio cuenta que en ese momento se sentía liberado de aquello que le hacía sentirse mal. Y entonces se acordó que una vez hubo algo que durante mucho tiempo le hirió el alma. Pero por fin todo había acabado.
Esa noche y todas las siguientes de su vida siempre su durmió con una sonrisa. Y siempre hizo que con su magia se cumpliese un sueño.
Nunca dejes de regalarme una de tus mágicas sonrisas. Así mis sueños siempre se cumplirán.
Pero una noche el duende se despertó sobresaltado y con un nudo en la garganta. Sentía ganas de llorar amargamente, y así lo hizo hasta que el agua del arroyo se tornó salada. Pero no comprendía que le pasaba, el porqué de su pena, por qué se sentía tan triste. Y después de llorar tanto se durmió exhausto hasta que le despertó al amanecer.
Entonces se encontraba mejor, más calmado, pero todavía le quedaba un sabor amargo al tragar que le rasgaba el alma. Pero aún no entendía por qué se sentía tan afligido.
Y entonces decidió dar un paseo para sentir el aire fresco de la mañana en su cara. Y se encontró con una pequeña hada que estaba sentada en una seta roja. Le dio los buenos días, y entonces el hadita le preguntó por qué tenía la mirada tan triste y surcos de lágrimas en su cara. Y el duendecillo le contó lo que le había pasado aquella noche. Y juntos decidieron ir a visitar a la Maga de las Cumbres que todo lo sabe, para consultarle.
Así caminaron durante horas hasta que llegaron a su castillo del color de la noches sin luna.
La Maga ya les estaba esperando, porque los gnomos que trabajan para ella ya le habían contado que iba a tener visita. Y les recibió sentada en su trono de hielo.
Entonces dibujó un gran círculo en el aire moviendo su blanca mano y una gran brecha se abrió en el techo. Allí se podía ver como un niño lloraba por la noche porque se sentía mal y tenía miedo.
Entonces el duendecillo se reconoció en ese niño asustado. Él también tuvo un mal sueño, que duró una muy larga noche. Aunque de eso hacía ya muchísimos años. Pero entonces se olvidó de llorar. Y tampoco hubo quien llorase por él.
Fue cuando se dio cuenta que en ese momento se sentía liberado de aquello que le hacía sentirse mal. Y entonces se acordó que una vez hubo algo que durante mucho tiempo le hirió el alma. Pero por fin todo había acabado.
Esa noche y todas las siguientes de su vida siempre su durmió con una sonrisa. Y siempre hizo que con su magia se cumpliese un sueño.
Nunca dejes de regalarme una de tus mágicas sonrisas. Así mis sueños siempre se cumplirán.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
