Una vez escribí un cuento de Navidad:
"Erase una vez una princesa que salió a pasear una noche sin luna y se perdió por el camino.
Entonces, a lo lejos, divisó una estrella errante que le guió por un sendero de frondosos olmos que conducía hasta un castillo de escarcha donde vivió feliz por siempre jamás en compañía de su estrellita..."
Y lo puse en una botella y la arrojé al mar.
Cuando dentro de unas pocas horas la vida vuelva a comenzar una vez más, tal vez algún duende del bosque o algún hada de la luna lance a la mar un deseo que ansíe o un mal sueño que sumergir para siempre en sus más profundas aguas.
Yo quise echar mi sueño al abismo para poder regalar una pequeña esperanza a todos los que en algún momento me escuchasteis, me entendisteis, me quisisteis.
Mi anhelo es que esa nueva vida que un año vez más va a surgir de la noche, que saldrá de la más brillante luna, lleve prendido en su halo de luz el más bello de todos vuestros deseos.
Feliz año, feliz vida.
...y si una noche te sientes triste mira a mi luna y busca mi sonrisa en su reflejo. Siempre la dejaré ahí para ti.
martes, 30 de diciembre de 2008
Capítulo 19 - ...sólo el beso de tu voz en el alma (EL LIBRO DE LOS PERSONAJES DE LA TIERRA DE LOS CUENTOS)
A veces esa piedra redonda que es el mundo no para de girar hasta hacerme regresar a ese lugar por el que nunca más quería volver a pasar. Pero otras veces el aire del camino me lleva a esos lugares donde se respira el aire más puro.
De verdad necesito llegar hasta donde nadie me pueda encontrar para no sentirme sola jamás.
Lo que tengo lo llevo conmigo
en esta absurda bolsa y en este absurdo cuerpo,
lo que quiero está siempre tan lejos
quizá al final de este absurdo camino.
A veces, cuando el sol se va,
tiñendo de violeta la esquina del mar
comprendo que nunca tuve nada y que
muy probablemente nunca lo tendré.
...sólo el beso de tu voz en el alma
...y el perfume de tu cuerpo a mi alrededor.
Me siento tan solo, no sé en qué dirección correr,
como un pájaro raro, que llegó al festín de los monos.
Llévame, aire del camino
hasta donde nadie me pueda encontrar.
Llévame, aire tibio y azul
y abandóname colgado de tu luz.
En tu luz brillante de cuchillo
adivinaré la rosa y el clavel
Llévame, aire del camino,
hasta donde nadie me pueda encontrar.
A veces, cuando asoma el sol,
llenando de diamantes la quietud del mar
me doy cuenta de que siempre fue así;
siempre estuve solo y siempre lo estaré.
...cuántas veces soñando despierto
...creo verte entre la multitud.
En algún lugar alguien debería escribir
que este mundo no es más que una enorme piedra redonda.
Me siento tan solo, que no sé en qué dirección correr,
como un pájaro raro, que llegó al festín de los monos.
Llévame, aire del camino
hasta donde nadie me pueda encontrar.
Llévame, aire tibio y azul
y abandóname colgado de tu luz.
Y en tu luz brillante de cuchillo
adivinaré la rosa y el clavel.
Llévanos, aire del camino,
hasta donde nadie nos pueda encontrar.
De verdad necesito llegar hasta donde nadie me pueda encontrar para no sentirme sola jamás.
Lo que tengo lo llevo conmigo
en esta absurda bolsa y en este absurdo cuerpo,
lo que quiero está siempre tan lejos
quizá al final de este absurdo camino.
A veces, cuando el sol se va,
tiñendo de violeta la esquina del mar
comprendo que nunca tuve nada y que
muy probablemente nunca lo tendré.
...sólo el beso de tu voz en el alma
...y el perfume de tu cuerpo a mi alrededor.
Me siento tan solo, no sé en qué dirección correr,
como un pájaro raro, que llegó al festín de los monos.
Llévame, aire del camino
hasta donde nadie me pueda encontrar.
Llévame, aire tibio y azul
y abandóname colgado de tu luz.
En tu luz brillante de cuchillo
adivinaré la rosa y el clavel
Llévame, aire del camino,
hasta donde nadie me pueda encontrar.
A veces, cuando asoma el sol,
llenando de diamantes la quietud del mar
me doy cuenta de que siempre fue así;
siempre estuve solo y siempre lo estaré.
...cuántas veces soñando despierto
...creo verte entre la multitud.
En algún lugar alguien debería escribir
que este mundo no es más que una enorme piedra redonda.
Me siento tan solo, que no sé en qué dirección correr,
como un pájaro raro, que llegó al festín de los monos.
Llévame, aire del camino
hasta donde nadie me pueda encontrar.
Llévame, aire tibio y azul
y abandóname colgado de tu luz.
Y en tu luz brillante de cuchillo
adivinaré la rosa y el clavel.
Llévanos, aire del camino,
hasta donde nadie nos pueda encontrar.
jueves, 18 de diciembre de 2008
Capítulo 18 - La reina del planeta trece (EL LIBRO DE LOS PERSONAJES DE LA TIERRA DE LOS CUENTOS)
Hace ya muchos años que abandonó el planeta azul. Se le había quedado pequeño. Después de surcar todos los mares, de subir todas las montañas y de recorrer todos los caminos, un día se dió cuenta de que su corazón necesitaba nuevas emociones.
Encontró una estrella errante que quiso acompañarla en su aventura. Y sin pensarlo dos veces se encaramó a su brillante halo blanco y se fue con ella. Juntas surcaron el cielo azul y llegaron hasta el cielo negro que está más allá de la luna.
Y uno a uno recorrieron los once planetas que cada noche ella veía desde aquel ventanal que daba a su jardín. El primer planeta, de donde ellas venían, era el planeta azul porque estaba lleno de océanos azules. El segundo era el planeta de las flores violetas, el tercero el de los olmos de plata, el cuarto el de la nieve azulada, el quinto el de las rocas de sal, el sexto el los mares de espuma rosa, el séptimo el de los ríos de purpurina, el octavo el de los campos de genista amarilla, el noveno el de la yerba verde esmeralda, el décimo el de las minas de brillante azabache, y el once y el doce eran los de la eterna primavera y el eterno otoño.
Pero ella no encontró en ningún de los doce planetas aquello que buscaba. Realmente tampoco sabía muy bien que estaba persiguiendo en aquel viaje sin rumbo, sólo comprendía que algo le faltaba para poder ser feliz. Aquella inmensidad era tremendamente bella, pero algo fallaba. Entonces se dió cuenta que todos aquellos planetas estaban vacíos, no había gentes con las que compartir todos aquellos sentimientos que ella siempre tenía en su piel, en su alma.
Y de repente, más allá de las últimas estrellas, emergió aquel pequeño planeta brillante de oro y plata... Ere el planeta trece del que hablablan los sabios en aquellos antiguos relatos. Ella se subió a su estrella errante y juntas volaron hacia él. Y ahí estaba todo lo que ansiaba desde hacia tanto tiempo. Allí estaban todos esos corazones llenos de sentimientos que ella siempre deseó poder amar.
Y por siempre fue la reina de aquel planeta trece. Era lo que necesitaban aquellas gentes, la mejor reina que nunca jamás imaginaron. Aquella que podía amarles tanto que nunca más sintieron la pena del dolor.
Encontró una estrella errante que quiso acompañarla en su aventura. Y sin pensarlo dos veces se encaramó a su brillante halo blanco y se fue con ella. Juntas surcaron el cielo azul y llegaron hasta el cielo negro que está más allá de la luna.
Y uno a uno recorrieron los once planetas que cada noche ella veía desde aquel ventanal que daba a su jardín. El primer planeta, de donde ellas venían, era el planeta azul porque estaba lleno de océanos azules. El segundo era el planeta de las flores violetas, el tercero el de los olmos de plata, el cuarto el de la nieve azulada, el quinto el de las rocas de sal, el sexto el los mares de espuma rosa, el séptimo el de los ríos de purpurina, el octavo el de los campos de genista amarilla, el noveno el de la yerba verde esmeralda, el décimo el de las minas de brillante azabache, y el once y el doce eran los de la eterna primavera y el eterno otoño.
Pero ella no encontró en ningún de los doce planetas aquello que buscaba. Realmente tampoco sabía muy bien que estaba persiguiendo en aquel viaje sin rumbo, sólo comprendía que algo le faltaba para poder ser feliz. Aquella inmensidad era tremendamente bella, pero algo fallaba. Entonces se dió cuenta que todos aquellos planetas estaban vacíos, no había gentes con las que compartir todos aquellos sentimientos que ella siempre tenía en su piel, en su alma.
Y de repente, más allá de las últimas estrellas, emergió aquel pequeño planeta brillante de oro y plata... Ere el planeta trece del que hablablan los sabios en aquellos antiguos relatos. Ella se subió a su estrella errante y juntas volaron hacia él. Y ahí estaba todo lo que ansiaba desde hacia tanto tiempo. Allí estaban todos esos corazones llenos de sentimientos que ella siempre deseó poder amar.
Y por siempre fue la reina de aquel planeta trece. Era lo que necesitaban aquellas gentes, la mejor reina que nunca jamás imaginaron. Aquella que podía amarles tanto que nunca más sintieron la pena del dolor.
martes, 16 de diciembre de 2008
Capítulo 17 - El faro del fin del mundo (EL LIBRO DE LOS PERSONAJES DE LA TIERRA DE LOS CUENTOS)
Hace poco creí divisar, por fin, la tierra de los simples. Sólo espero no cruzarme con ningún halo de mala magia que me haga volver la mirada hacia atrás, y entonces tal vez me de cuenta de que ese ansiado lugar está aún muy lejos.
Esta canción fue escrita para todos aquellos simples que una vez llegaron hasta ese lugar que emerge más allá del faro del fin del mundo, y que desde entonces decidieron morar allí por siempre jamás.
Llegué a la tierra de los simples
por los caminos del cansancio y de la soledad.
Crucé paisajes desdentados;
los niños tienen todo el día para jugar.
No he perdido la constancia,
no he luchado para luego abandonar;
me han dibujado sonrisas,
y al dar la espalda me han querido apuñalar.
Ni castigo a los vencedores
ni a los vencidos redención;
si cruzas, para de reirte,
si vuelves, rompe el porvenir.
Dejé la fábrica de hielo,
corrí contento, loco de feliz por ti.
Busqué a Susana en los cines del barrio
toda la tarde hasta que me emborraché.
Aventurero en busca de no sé bien qué;
pequeño héroe de revista
soy un insecto en la inmensidad.
Ni castigo a los roedores
ni a los vencidos redención,
si cruzas, para de reirte,
si vuelves romperé el porvenir.
...y una noche estrellada llegaré a ese lugar donde habita la más blanca luz de luna. Y espero poder encontrarte allí.
Esta canción fue escrita para todos aquellos simples que una vez llegaron hasta ese lugar que emerge más allá del faro del fin del mundo, y que desde entonces decidieron morar allí por siempre jamás.
Llegué a la tierra de los simples
por los caminos del cansancio y de la soledad.
Crucé paisajes desdentados;
los niños tienen todo el día para jugar.
No he perdido la constancia,
no he luchado para luego abandonar;
me han dibujado sonrisas,
y al dar la espalda me han querido apuñalar.
Ni castigo a los vencedores
ni a los vencidos redención;
si cruzas, para de reirte,
si vuelves, rompe el porvenir.
Dejé la fábrica de hielo,
corrí contento, loco de feliz por ti.
Busqué a Susana en los cines del barrio
toda la tarde hasta que me emborraché.
Aventurero en busca de no sé bien qué;
pequeño héroe de revista
soy un insecto en la inmensidad.
Ni castigo a los roedores
ni a los vencidos redención,
si cruzas, para de reirte,
si vuelves romperé el porvenir.
...y una noche estrellada llegaré a ese lugar donde habita la más blanca luz de luna. Y espero poder encontrarte allí.
jueves, 4 de diciembre de 2008
Capítulo 16 - La tierra de los simples (EL LIBRO DE LOS PERSONAJES DE LA TIERRA DE LOS CUENTOS)
Una fría noche, negra sin luna, mi pequeño barco se perdió en la inmensidad de la mar. Después de naufragar durante horas a la deriva, a lo lejos divisé un faro resplandeciente de luz azul de luciérnaga.
Cuando me aproximé hasta aquel halo de destellos me di cuenta que, detrás, en medio del mar, había una ciudad que parecía emerger de la nada. Atrás sólo se divisaba un horizonte infinito que llegaba hasta el final de mi pequeño mundo de los cuentos.
Atraqué mi barquito en el malecón y paseé durante horas por aquella ciudad de casas de sal y jardines que algas que olía a flores de azar y de jazmín. Finalmente me eché a dormir a la rivera de un arroyo que cruzaba la villa, hasta que me sorprendió el amanecer.
Entonces las seres que moraban en la ciudad habían salido ya de sus casas. Había hombres, mujeres, duendes, elfos, hadas, ninfas, brujas... y todos convivían felices y en paz.
Fue cuando me di cuenta que aquella era La tierra de los simples. Aquella de la que hablaba esa vieja canción. Y no salió de la mente de aquel poeta sólo para morar en sus palabras, sino que existía de verdad.
Fueron muchos los que llegaron hasta allí y se quedaron por siempre para que aquel maravilloso lugar existiese eternamente.
Yo una vez quise encontrar este lugar y me perdí. Y mi barco después me llevó allí. Pero hasta mucho tiempo después no me di cuenta de que el hada mágica que reinaba en La tierra de los simples me guió con sus cantos de sirena para que desde aquella noche nunca más volviese a naufragar.
Cuando me aproximé hasta aquel halo de destellos me di cuenta que, detrás, en medio del mar, había una ciudad que parecía emerger de la nada. Atrás sólo se divisaba un horizonte infinito que llegaba hasta el final de mi pequeño mundo de los cuentos.
Atraqué mi barquito en el malecón y paseé durante horas por aquella ciudad de casas de sal y jardines que algas que olía a flores de azar y de jazmín. Finalmente me eché a dormir a la rivera de un arroyo que cruzaba la villa, hasta que me sorprendió el amanecer.
Entonces las seres que moraban en la ciudad habían salido ya de sus casas. Había hombres, mujeres, duendes, elfos, hadas, ninfas, brujas... y todos convivían felices y en paz.
Fue cuando me di cuenta que aquella era La tierra de los simples. Aquella de la que hablaba esa vieja canción. Y no salió de la mente de aquel poeta sólo para morar en sus palabras, sino que existía de verdad.
Fueron muchos los que llegaron hasta allí y se quedaron por siempre para que aquel maravilloso lugar existiese eternamente.
Yo una vez quise encontrar este lugar y me perdí. Y mi barco después me llevó allí. Pero hasta mucho tiempo después no me di cuenta de que el hada mágica que reinaba en La tierra de los simples me guió con sus cantos de sirena para que desde aquella noche nunca más volviese a naufragar.
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