Había una vez una caja que tenía cosas pequeñas. Las cosas más pequeñas del mundo.
Hacía ya muchos años que él empezó a guardarlas allí. Un día una, una noche otra, y así durante toda su vida.
Pero nunca las había vuelto a sacar. Hasta que aquella noche decidió rebuscar en su cajita de marfil a ver qué encontraba.
Y encontró un viejo beso de amor, lleno de ternura. Y una cálida caricia. Y había también lágrimas de tristeza y de alegría, y aquellas palabras de un amigo que le hicieron sentirse tan bien.
Y así llegó el amanecer. Era el alba más bella que había visto. Y decidió guardarla en su cajita.
Así todas sus mañanas se tornaron tan alegres como el agua cantarina del riachuelo. Porque esa mañana llegó sin que se diese cuenta. Porque aunque no la esperaba ella sí le esperaba a él, para quedarse en su vida por siempre.
Y su caja se abría cada día para que las cosas pequeñas se fuesen por su ventana. Y el viento se las llevaba al lado de todos los que necesitaban un sueño.
...y si un amanecer me encuentro tu sueño en mi ventana lo guardaré para siempre cerca de mi corazón.
jueves, 12 de febrero de 2009
jueves, 5 de febrero de 2009
Capítulo 25 - La ciudad de la esperanza (EL LIBRO DE LOS PERSONAJES DE LA TIERRA DE LOS CUENTOS)
Denise se despertó de madrugada, cuando el sol apenas había empezado a clarear. Y por primera vez en mucho tiempo no sintió el frío del alba atravesándole la piel. Y casi sintió miedo, miedo porque ya no se acordaba de esa calidez. Miedo a que aquello fuese sólo un sueño.
Entonces desempolvó su vieja jukebox y buscó las canciones más tristes, como hacía cada vez que no podía soportar la intensa luz del día o el frío halo de la luz de luna que entraba por la ventana de su cuarto. Y una vez más las escuchó, en silencio.
Pero esa mañana las lágrimas no brotaron de sus ojos, tan solo un nudo en su garganta le recordó que sus sentimientos no estaban dormidos. Y entonces un escalofrío recorrió su cuerpo. Tal vez por un momento pensó que su alma se había quedado vacía.
Entonces tal vez llamó a un amigo sólo para escuchar su voz. Sólo quería que le escuchase una vez más. Necesitaba saber que estaba integro, que nada se había roto en él, que no había pasado nada.
Y después lloró, pero no sentía pena en su pequeño corazón. Si acaso, tal vez, estaba un poco cansado para seguir viviendo su sueño ese día. Y así se durmió, y tal vez nunca más se despertó llorando.
Tal vez una mañana despierte para siempre a un sueño. Sólo espero que estés cerca de mi para poder compartirlo.
Entonces desempolvó su vieja jukebox y buscó las canciones más tristes, como hacía cada vez que no podía soportar la intensa luz del día o el frío halo de la luz de luna que entraba por la ventana de su cuarto. Y una vez más las escuchó, en silencio.
Pero esa mañana las lágrimas no brotaron de sus ojos, tan solo un nudo en su garganta le recordó que sus sentimientos no estaban dormidos. Y entonces un escalofrío recorrió su cuerpo. Tal vez por un momento pensó que su alma se había quedado vacía.
Entonces tal vez llamó a un amigo sólo para escuchar su voz. Sólo quería que le escuchase una vez más. Necesitaba saber que estaba integro, que nada se había roto en él, que no había pasado nada.
Y después lloró, pero no sentía pena en su pequeño corazón. Si acaso, tal vez, estaba un poco cansado para seguir viviendo su sueño ese día. Y así se durmió, y tal vez nunca más se despertó llorando.
Tal vez una mañana despierte para siempre a un sueño. Sólo espero que estés cerca de mi para poder compartirlo.
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