miércoles, 19 de noviembre de 2008

Capítulo 13 - El manojo de sueños (EL LIBRO DE LOS PERSONAJES DE LA TIERRA DE LOS CUENTOS)

Erase una vez un niño que coleccionaba sueños.

Desde que era un bebé guardaba cada sueño bonito que tenía en una cajita de latón que tenía en su cuarto. Algunas veces los cogía de nuevo y los metía debajo de la almohada para poder revivirlos esa noche. Luego los volvía a guardar celosamente para que no se perdiesen nunca jamás.

Pero cuando tenía un mal sueño abría las ventanas para que el viento se llevase la pesadilla hasta más allá de las nubes, donde la luna los trasforma en esas quimeras que sobrevuelan para siempre los tejados de la ciudad, esperando colarse por las chimeneas para morar para siempre en los corazones de los que las necesiten.

Así pasaron los años, y el niño tenía miles de sueños en su cajita. Por eso su alcoba olía a vainilla, como los sueños nuevos, y jazmín, como los más antiguos. Y por eso las paredes tenían el color de la escarcha del amanecer, porque la luna venía cada noche a bailar con ellos hasta el alba y poco a poco fue dejando todo impregnado de su reflejo.

Pero un día el niño se dió cuenta que era una pena que sólo él disfrutase de aquellas sensaciones tan hermosas, y pensó en cómo podía compartirlas con más gente.

Así decidió hacer un manojo con los más bellos sueños y meterlos en un botella. Y echó aquella botella al mar, para que las olas la llevasen a quien más necesitase de ilusiones.

Y desde entonces, cada vez que se sentía triste, hacía otro manojo de sueños para enviarlo por el mar. Y cuando paseaba por su playa siempre encontraba otra botella con los sueños que otro niño había lanzado a la inmensidad del océano para que él también pudiese sentirlos.



Déjame compartir tu sueño cada noche para que pueda tenerte por siempre en mi corazón.

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