Me resistía a escribir esta canción, aunque llevaba merodeando en mi cabeza unos días, porque aunque su mensaje es algo que he sentido muy adentro, me resisto a pensar que sólo somos de carne y hueso. Qué sería de mi si no existiese mi parte mágica...? Creo que mi parte mundana nunca me ha gustado. Sólo quiero ser esa otra parte de mis sueños.
Hace unos días sentí, por un momento, que no tenía miedo. Ese minuto, ese segundo, fue tan intenso para mi que compensó todas esas horas sin fin en las que no podía soportar esta vida.
A ti te la dedico de nuevo. Para que nunca tengas miedo... para que nunca más tengas miedo.
Bajo el aliento de cipreses centenarios.
Entre el claroscuro de sus ramas
que acarician los castaños...
Sobre un altar de hojas secas y helechos,
el sol resbalaba por mi pecho
y brillaba en tu pelo...
He venido al mundo desnuda bajo el cielo.
Es todo lo que tengo.
Ya no somos ángeles.
Ya no tengo miedo.
Soy de carne y hueso.
Como dos potros salvajes
sin pertenecer a nadie,
mientras miran las lechuzas
y las viboras cambian de muda.
Mientras flota en el aire polen de amapola,
que se cruza en su viaje con hilos de seda
de arañas que ondean como banderas deshechas.
He venido al mundo desnuda bajo el cielo.
Es todo lo que tengo.
Ya no somos ángeles.
Ya no tengo miedo.
Soy de carne y hueso.
Todos los misterios
nos han sido desvelados.
Todos los pecados
nos han sido perdonados...
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

No hay comentarios:
Publicar un comentario