Queridos personajes de La Tierra de los Cuentos:
Este cuento que brotó de una lágrima mágica que se bebió mi Luna tiene que terminar. Aunque me invade la tristeza más absoluta, esta vida terrenal que un día escogí para encontrar el tesoro más grande jamás imaginado ha acabado poco a poco con la magia que lo alimentaba.
Tiene que ser así, porque si hay alguien que no cree en las hadas y en los duendes estos se mueren. Y han sido tantos años compartiendo mi vida con ellos que me moriría de dolor si desapareciesen para siempre.
Y si se les deja volar hacia una nueva tierra donde se les admire, siempre estarán ahí. Por mucho que mi alma se vaya con ellos, por muchas lágrimas que derrame en esta despedida.
En el fondo tal vez todo fue un sueño. Tal vez nunca tuve magia, tal vez siempre fui de aquí y nunca tuve alas de plata. Pero fueron tantas veces que lo sentí, y fue tan bello, tan intenso, que incluso merece la pena este amargo sabor del desconsuelo.
Sólo quiero que ese cuento que siempre escribí con el corazón no se pierda para siempre. Quiero que mi Estrellita lo pueda leer un día y llorar y reír como lo hice yo. Es el mejor legado que le puedo dejar porque lleva prendida mi alma.
Gracias a todos los que me leísteis, me escuchasteis, me entendisteis y sentisteis conmigo. Los que todavía sigáis creyendo en esa Tierra y en sus hadas, en sus ninfas y en sus duendes no perdáis nunca la magia porque sino parte de vosotros morirá con ella.
A mi sólo me queda la esperanza de que no todo fuese un hermoso sueño y algún día me pueda volver a encontrar con un halo de magia de La Tierra de los Cuentos y se me cure la herida en el alma que me ha dejado el final de este cuento.
Hasta siempre,
La Princesa Encantada
Querida Luna: Déjame un halo de tu magia para que me arrope cuando sienta frío en el alma…
jueves, 6 de agosto de 2009
martes, 4 de agosto de 2009
El cuento de La Noche de los Sueños
Era la noche más calurosa del verano. Porque la luna se había hecho tan grande que su manto caldeaba toda aquella tierra.
En verdad muy pocos, tal vez sólo los más viejos, recordaban ese inmenso tamaño colgado en el cielo. Uno se acordaba de que hace muchos años caminaba por la senda que cruza el bosque de olmos y vio como se quemaba la genista.
Fue entonces cuando él se dio cuenta de que sus alas habían menguado. En realidad antes eran como de un dragón, y ahora apenas parecían de libélula. Y se asustó. Y lloró amargamente, como aquella vez que todavía era un niño.
Así caminó sin rumbo aquella noche que nunca acababa. Nunca tardó más en llegar el alba a aquella tierra en que los sueños viven en el viento. Y por más que trazaba el camino entre la maleza con sus pies descalzos, nunca veía amanecer detrás de la montaña.
Y se acordó una vez más de cuando todavía era un niño. Y tantos recuerdos se amontonaron en su cabeza que por un momento se le enturbió la vista y no pudo ver que llegaba al final del sendero que había dibujado. Y cuando por fin se calmó vio el río. Aquel río en el que le gustaba tanto acicalarse al anochecer.
Entonces se dio cuenta que no sólo sus alas se habían tornado infantiles. Tal vez aquella vez que sobrevoló la montaña y construyó una mañana prendiendo el sol con su aliento de fuego sólo fue un sueño. O tal vez estaba soñando ahora mismo. Así que se acicaló una vez más para sentarse a contemplar como por fin llegaba la mañana.
Nunca dejes de creer en tus sueños. Tal vez así siempre puedas vivir entre ellos.
En verdad muy pocos, tal vez sólo los más viejos, recordaban ese inmenso tamaño colgado en el cielo. Uno se acordaba de que hace muchos años caminaba por la senda que cruza el bosque de olmos y vio como se quemaba la genista.
Fue entonces cuando él se dio cuenta de que sus alas habían menguado. En realidad antes eran como de un dragón, y ahora apenas parecían de libélula. Y se asustó. Y lloró amargamente, como aquella vez que todavía era un niño.
Así caminó sin rumbo aquella noche que nunca acababa. Nunca tardó más en llegar el alba a aquella tierra en que los sueños viven en el viento. Y por más que trazaba el camino entre la maleza con sus pies descalzos, nunca veía amanecer detrás de la montaña.
Y se acordó una vez más de cuando todavía era un niño. Y tantos recuerdos se amontonaron en su cabeza que por un momento se le enturbió la vista y no pudo ver que llegaba al final del sendero que había dibujado. Y cuando por fin se calmó vio el río. Aquel río en el que le gustaba tanto acicalarse al anochecer.
Entonces se dio cuenta que no sólo sus alas se habían tornado infantiles. Tal vez aquella vez que sobrevoló la montaña y construyó una mañana prendiendo el sol con su aliento de fuego sólo fue un sueño. O tal vez estaba soñando ahora mismo. Así que se acicaló una vez más para sentarse a contemplar como por fin llegaba la mañana.
Nunca dejes de creer en tus sueños. Tal vez así siempre puedas vivir entre ellos.
jueves, 30 de julio de 2009
Carta para Yaakov (el cuento del pueblo de la vida)
Querido Yaakov,
Me he acordado de un cuento que una vez escribió una niña que se sentía triste. Es tan bello que te lo voy a contar:
Erase una vez un pequeño pueblo en la montaña donde los días pasaban sólo por pasar.
Un noche estalló una tormenta y la parte más baja se inundó. Y pasaron años en los que aquella charca gigante se hizo fuerte y nunca se secaba. Hasta que una noche de estío el fuego del otro lado del cielo atravesó hasta las nubes, y entonces el agua se marchó. Pero sólo había desolación y soledad en la laguna seca.
Y así siguieron pasando los días, por pasar, por transcurrir.
Había un niño que vivía en la casa blanca que se ve desde todas partes del valle. Y una mañana descubrió que habían crecido florecillas silvestres entre aquella tierra reseca y cuarteada. Y sonrió. Pero no se dio cuenta que eran tan frágiles que no vivirían mucho tiempo. Y así fue. Tal vez el frío de la noche les segó la vida y se las llevó para siempre.
Y un día alguien decidió hacer una fiesta. Así, decoraron todo el pueblo con banderas, guirnaldas y velas de colores. Y todos comieron, bebieron y bailaron hasta el amanecer durante siete días y siete noches. Y después se fueron a descansar durante un día muy largo.
Fue entonces cuando se erigió el bosque de la nada. Aquella tierra inhóspita y muerta se convirtió en el bosque más grande de aquellas montañas.
Entonces todos bajaron a jugar en las praderas, y se emborracharon con el olor de aquellas flores que vivieron eternamente. Y tal vez nunca más nunca pasó un día sólo por pasar.
Espero que te haya gustado. Yo lo leo siempre que me hace daño la luz de la luna.
Te quiero.
Denise
Me he acordado de un cuento que una vez escribió una niña que se sentía triste. Es tan bello que te lo voy a contar:
Erase una vez un pequeño pueblo en la montaña donde los días pasaban sólo por pasar.
Un noche estalló una tormenta y la parte más baja se inundó. Y pasaron años en los que aquella charca gigante se hizo fuerte y nunca se secaba. Hasta que una noche de estío el fuego del otro lado del cielo atravesó hasta las nubes, y entonces el agua se marchó. Pero sólo había desolación y soledad en la laguna seca.
Y así siguieron pasando los días, por pasar, por transcurrir.
Había un niño que vivía en la casa blanca que se ve desde todas partes del valle. Y una mañana descubrió que habían crecido florecillas silvestres entre aquella tierra reseca y cuarteada. Y sonrió. Pero no se dio cuenta que eran tan frágiles que no vivirían mucho tiempo. Y así fue. Tal vez el frío de la noche les segó la vida y se las llevó para siempre.
Y un día alguien decidió hacer una fiesta. Así, decoraron todo el pueblo con banderas, guirnaldas y velas de colores. Y todos comieron, bebieron y bailaron hasta el amanecer durante siete días y siete noches. Y después se fueron a descansar durante un día muy largo.
Fue entonces cuando se erigió el bosque de la nada. Aquella tierra inhóspita y muerta se convirtió en el bosque más grande de aquellas montañas.
Entonces todos bajaron a jugar en las praderas, y se emborracharon con el olor de aquellas flores que vivieron eternamente. Y tal vez nunca más nunca pasó un día sólo por pasar.
Espero que te haya gustado. Yo lo leo siempre que me hace daño la luz de la luna.
Te quiero.
Denise
martes, 16 de junio de 2009
La noche en que volví a volar
Una noche, hace ya mucho tiempo, ¿o tal vez anoche?... olvidé de repente el sendero que lleva a la cumbre de la montaña de escarcha.
Otra vez. No sabía si me había perdido. O puede ser que errase el camino allá atrás. Sí... tal vez... creo que fue donde me paré a descansar... entonces tengo que volver y retomar el rumbo correcto. El que sí lleva a donde el hielo sobrevive al estío y donde las mañanas de enero son cálidas.
Entonces volví a desandar mis propias huellas en la yerba, mientras cantaba una vez más nuestra canción. Y me acorde de que por un momento me había sentido cansada, como la primera vez que fui humana y efímera, hace ya (creo) muchos años. Y sólo necesitaba un poco de aquella magia que tú tienes para recuperar el poder de ese polvo de plata que me quedó para siempre impregnado en mis alas.
Y ahora estoy aquí. Buscando una vez más el frío de agosto y el calor de las mañanas nevadas. Pero al menos pude descansar mis pies cuando otra vez más sentí el viento en mi pelo al sobrevolar el bosque de olmos.
Deja que tu magia haga renancer de nuevo la mía... fugaz, eterea.
Otra vez. No sabía si me había perdido. O puede ser que errase el camino allá atrás. Sí... tal vez... creo que fue donde me paré a descansar... entonces tengo que volver y retomar el rumbo correcto. El que sí lleva a donde el hielo sobrevive al estío y donde las mañanas de enero son cálidas.
Entonces volví a desandar mis propias huellas en la yerba, mientras cantaba una vez más nuestra canción. Y me acorde de que por un momento me había sentido cansada, como la primera vez que fui humana y efímera, hace ya (creo) muchos años. Y sólo necesitaba un poco de aquella magia que tú tienes para recuperar el poder de ese polvo de plata que me quedó para siempre impregnado en mis alas.
Y ahora estoy aquí. Buscando una vez más el frío de agosto y el calor de las mañanas nevadas. Pero al menos pude descansar mis pies cuando otra vez más sentí el viento en mi pelo al sobrevolar el bosque de olmos.
Deja que tu magia haga renancer de nuevo la mía... fugaz, eterea.
miércoles, 27 de mayo de 2009
Las cartas de Yaakov - Carta III (la noche en que volvió la lluvia)
Querido Yaakov:
Esta noche sólo quiero enviarte una canción, y cuando vuelvas yo te la cantaré. Habla de una historia que empezó hace mucho tiempo y que parece ser que nunca ha terminado. Espero que te guste.
Fue en ese cine, ¿te acuerdas?,
en una mañana al este de Edén,
James Dean tiraba piedras
a una casa blanca, entonces te besé.
Aquélla fue la primera vez,
tus labios parecían de papel,
y a la salida en la puerta
nos pidió un triste inspector nuestros carnets.
Luego volví a la academia
para no faltar a clase de francés,
tú me esperaste hora y media
en esta misma mesa, yo me retrasé.
¿Quieres helado de fresa
o prefieres que te pida ya el café?.
Cuéntame como te encuentras,
aunque sé que me responderás: muy bien.
Ten, esta foto es muy fea,
el más pequeño acababa de nacer.
Oiga, me trae la cuenta,
calla, que fui yo quien te invitó a comer.
No te demores, no sea
que no llegues a la hora al almacén;
llámame el día que puedas,
date prisa que ya son las cuatro y diez.
Se que cuando la luna de la vuelta al bosque ya estarás aquí. Y falta muy poco para eso. Así que ahora voy a ver si busco el cuento que me regalaste aquel día y lo leo, que me gusta mucho porque cada página tiene un poquito de ti.
Buenas noches amor. Hasta muy pronto.
Te quiero por siempre,
Denise
Tal vez sea la luna. Pero se que muy pronto volveré a verte a través de lluvia, desde mi ventana.
Esta noche sólo quiero enviarte una canción, y cuando vuelvas yo te la cantaré. Habla de una historia que empezó hace mucho tiempo y que parece ser que nunca ha terminado. Espero que te guste.
Fue en ese cine, ¿te acuerdas?,
en una mañana al este de Edén,
James Dean tiraba piedras
a una casa blanca, entonces te besé.
Aquélla fue la primera vez,
tus labios parecían de papel,
y a la salida en la puerta
nos pidió un triste inspector nuestros carnets.
Luego volví a la academia
para no faltar a clase de francés,
tú me esperaste hora y media
en esta misma mesa, yo me retrasé.
¿Quieres helado de fresa
o prefieres que te pida ya el café?.
Cuéntame como te encuentras,
aunque sé que me responderás: muy bien.
Ten, esta foto es muy fea,
el más pequeño acababa de nacer.
Oiga, me trae la cuenta,
calla, que fui yo quien te invitó a comer.
No te demores, no sea
que no llegues a la hora al almacén;
llámame el día que puedas,
date prisa que ya son las cuatro y diez.
Se que cuando la luna de la vuelta al bosque ya estarás aquí. Y falta muy poco para eso. Así que ahora voy a ver si busco el cuento que me regalaste aquel día y lo leo, que me gusta mucho porque cada página tiene un poquito de ti.
Buenas noches amor. Hasta muy pronto.
Te quiero por siempre,
Denise
Tal vez sea la luna. Pero se que muy pronto volveré a verte a través de lluvia, desde mi ventana.
martes, 26 de mayo de 2009
Las cartas de Yaakov - Carta II (los días que pasaron lentamente)
Querido Yaakov:
Hoy he salido a cabalgar con Silver. Estuvimos horas y horas paseando por el bosque y, después, como hacía muy buena tarde, fuimos al río y Silver se bañó en la cascada de arriba. ¿Sabes qué...?, ya habían florecido los rosales silvestres, y los blancos y los amarillos estaban más altos que la genista.
Después me fui la terraza a tomar el sol. Y entonces me quedé dormida y cuando desperté había salido la luna. ¿Has visto que pequeñita está? Pero se está haciendo grande, y para cuando vuelvas estará plena para que podamos salir a pasear toda la noche.
Como me gustaría que tú también me pudieses escribir desde allí. Así me podrías contar también muchas cosas. Y así no te echaría tanto de menos. Pero se que estás bien porque la paloma me ha traído una pequeña flor que olía a madreselva.
Bueno, ya queda menos para poderte ver, para poderte abrazar. Mientras vuelves voy a ver si te puedo escribir un cuento bonito y así cuando regreses te pondrás muy contento.
Buenas noches amor. Te envío un poquito de magia con esta carta para que tengas los más dulces sueños.
No olvides que te quiero mucho. Hasta pronto,
Denise
No dejes de morar nunca en mis sueños porque así siempre te tendré en mi alma.
Hoy he salido a cabalgar con Silver. Estuvimos horas y horas paseando por el bosque y, después, como hacía muy buena tarde, fuimos al río y Silver se bañó en la cascada de arriba. ¿Sabes qué...?, ya habían florecido los rosales silvestres, y los blancos y los amarillos estaban más altos que la genista.
Después me fui la terraza a tomar el sol. Y entonces me quedé dormida y cuando desperté había salido la luna. ¿Has visto que pequeñita está? Pero se está haciendo grande, y para cuando vuelvas estará plena para que podamos salir a pasear toda la noche.
Como me gustaría que tú también me pudieses escribir desde allí. Así me podrías contar también muchas cosas. Y así no te echaría tanto de menos. Pero se que estás bien porque la paloma me ha traído una pequeña flor que olía a madreselva.
Bueno, ya queda menos para poderte ver, para poderte abrazar. Mientras vuelves voy a ver si te puedo escribir un cuento bonito y así cuando regreses te pondrás muy contento.
Buenas noches amor. Te envío un poquito de magia con esta carta para que tengas los más dulces sueños.
No olvides que te quiero mucho. Hasta pronto,
Denise
No dejes de morar nunca en mis sueños porque así siempre te tendré en mi alma.
lunes, 25 de mayo de 2009
Las cartas de Yaakov - Carta I (el día siguiente)
Querido Yaakov:
Esta tarde, cuando se estaba poniendo el sol, estuve paseando por el camino de los guijarros de oro. Te eché mucho de menos, porque siempre que había paseado por allí estabas a mi lado. Anduve durante horas contemplado el brillo infinito que desprende cada paso del camino.
Cuando llegué al cruce de los grandes olmos vi una vez más el que tiene grabados nuestros nombres. Y como siempre haces tú, limpié el liquen que había crecido a nuestro alrededor.
¿Sabes que con la tormenta que hubo anoche han crecido muchas flores blancas en la orilla del sendero? Para cuando vuelvas iré a buscar unas pocas y las pondré en un jarrón, para que así nuestra casa se quedé impregnada de primavera.
Sólo me puse triste cuando llegué vi tus huellas a lo lejos donde el otro día diste la vuelta. Y entonces volví a colocar uno a uno los guijarros que estaban descolocados para que nuestro camino se quedase impecable, como siempre, para que nada tapase el brillo dorado que tanto nos gusta contemplar. Cuando vuelvas quiero que vengas conmigo para que veas lo bonito que ha quedado.
Bueno mi amor, ahora tengo que dejar de escribirte porque ya ha venido nuestra paloma a buscar esta carta. Espero que te llegue pronto este trocito de mi amor, que ahora lanzo al cielo.
No dudes nunca que te quiero. No me tengas en cuenta que alguna vez te haya hecho dudarlo. Sólo mira hacia la luna esta noche y busca el reflejo de mis ojos.
Hasta pronto,
Denise
...y una noche más, déjame un rayo de tu magia de luna para que me arrope cuando sienta frío en el alma.
Esta tarde, cuando se estaba poniendo el sol, estuve paseando por el camino de los guijarros de oro. Te eché mucho de menos, porque siempre que había paseado por allí estabas a mi lado. Anduve durante horas contemplado el brillo infinito que desprende cada paso del camino.
Cuando llegué al cruce de los grandes olmos vi una vez más el que tiene grabados nuestros nombres. Y como siempre haces tú, limpié el liquen que había crecido a nuestro alrededor.
¿Sabes que con la tormenta que hubo anoche han crecido muchas flores blancas en la orilla del sendero? Para cuando vuelvas iré a buscar unas pocas y las pondré en un jarrón, para que así nuestra casa se quedé impregnada de primavera.
Sólo me puse triste cuando llegué vi tus huellas a lo lejos donde el otro día diste la vuelta. Y entonces volví a colocar uno a uno los guijarros que estaban descolocados para que nuestro camino se quedase impecable, como siempre, para que nada tapase el brillo dorado que tanto nos gusta contemplar. Cuando vuelvas quiero que vengas conmigo para que veas lo bonito que ha quedado.
Bueno mi amor, ahora tengo que dejar de escribirte porque ya ha venido nuestra paloma a buscar esta carta. Espero que te llegue pronto este trocito de mi amor, que ahora lanzo al cielo.
No dudes nunca que te quiero. No me tengas en cuenta que alguna vez te haya hecho dudarlo. Sólo mira hacia la luna esta noche y busca el reflejo de mis ojos.
Hasta pronto,
Denise
...y una noche más, déjame un rayo de tu magia de luna para que me arrope cuando sienta frío en el alma.
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