miércoles, 27 de mayo de 2009

Las cartas de Yaakov - Carta III (la noche en que volvió la lluvia)

Querido Yaakov:

Esta noche sólo quiero enviarte una canción, y cuando vuelvas yo te la cantaré. Habla de una historia que empezó hace mucho tiempo y que parece ser que nunca ha terminado. Espero que te guste.

Fue en ese cine, ¿te acuerdas?,
en una mañana al este de Edén,
James Dean tiraba piedras
a una casa blanca, entonces te besé.
Aquélla fue la primera vez,
tus labios parecían de papel,
y a la salida en la puerta
nos pidió un triste inspector nuestros carnets.
Luego volví a la academia
para no faltar a clase de francés,
tú me esperaste hora y media
en esta misma mesa, yo me retrasé.
¿Quieres helado de fresa
o prefieres que te pida ya el café?.
Cuéntame como te encuentras,
aunque sé que me responderás: muy bien.
Ten, esta foto es muy fea,
el más pequeño acababa de nacer.
Oiga, me trae la cuenta,
calla, que fui yo quien te invitó a comer.
No te demores, no sea
que no llegues a la hora al almacén;
llámame el día que puedas,
date prisa que ya son las cuatro y diez.


Se que cuando la luna de la vuelta al bosque ya estarás aquí. Y falta muy poco para eso. Así que ahora voy a ver si busco el cuento que me regalaste aquel día y lo leo, que me gusta mucho porque cada página tiene un poquito de ti.

Buenas noches amor. Hasta muy pronto.

Te quiero por siempre,

Denise


Tal vez sea la luna. Pero se que muy pronto volveré a verte a través de lluvia, desde mi ventana.

martes, 26 de mayo de 2009

Las cartas de Yaakov - Carta II (los días que pasaron lentamente)

Querido Yaakov:

Hoy he salido a cabalgar con Silver. Estuvimos horas y horas paseando por el bosque y, después, como hacía muy buena tarde, fuimos al río y Silver se bañó en la cascada de arriba. ¿Sabes qué...?, ya habían florecido los rosales silvestres, y los blancos y los amarillos estaban más altos que la genista.

Después me fui la terraza a tomar el sol. Y entonces me quedé dormida y cuando desperté había salido la luna. ¿Has visto que pequeñita está? Pero se está haciendo grande, y para cuando vuelvas estará plena para que podamos salir a pasear toda la noche.

Como me gustaría que tú también me pudieses escribir desde allí. Así me podrías contar también muchas cosas. Y así no te echaría tanto de menos. Pero se que estás bien porque la paloma me ha traído una pequeña flor que olía a madreselva.

Bueno, ya queda menos para poderte ver, para poderte abrazar. Mientras vuelves voy a ver si te puedo escribir un cuento bonito y así cuando regreses te pondrás muy contento.

Buenas noches amor. Te envío un poquito de magia con esta carta para que tengas los más dulces sueños.

No olvides que te quiero mucho. Hasta pronto,

Denise


No dejes de morar nunca en mis sueños porque así siempre te tendré en mi alma.

lunes, 25 de mayo de 2009

Las cartas de Yaakov - Carta I (el día siguiente)

Querido Yaakov:

Esta tarde, cuando se estaba poniendo el sol, estuve paseando por el camino de los guijarros de oro. Te eché mucho de menos, porque siempre que había paseado por allí estabas a mi lado. Anduve durante horas contemplado el brillo infinito que desprende cada paso del camino.

Cuando llegué al cruce de los grandes olmos vi una vez más el que tiene grabados nuestros nombres. Y como siempre haces tú, limpié el liquen que había crecido a nuestro alrededor.

¿Sabes que con la tormenta que hubo anoche han crecido muchas flores blancas en la orilla del sendero? Para cuando vuelvas iré a buscar unas pocas y las pondré en un jarrón, para que así nuestra casa se quedé impregnada de primavera.

Sólo me puse triste cuando llegué vi tus huellas a lo lejos donde el otro día diste la vuelta. Y entonces volví a colocar uno a uno los guijarros que estaban descolocados para que nuestro camino se quedase impecable, como siempre, para que nada tapase el brillo dorado que tanto nos gusta contemplar. Cuando vuelvas quiero que vengas conmigo para que veas lo bonito que ha quedado.

Bueno mi amor, ahora tengo que dejar de escribirte porque ya ha venido nuestra paloma a buscar esta carta. Espero que te llegue pronto este trocito de mi amor, que ahora lanzo al cielo.

No dudes nunca que te quiero. No me tengas en cuenta que alguna vez te haya hecho dudarlo. Sólo mira hacia la luna esta noche y busca el reflejo de mis ojos.

Hasta pronto,

Denise


...y una noche más, déjame un rayo de tu magia de luna para que me arrope cuando sienta frío en el alma.

jueves, 21 de mayo de 2009

Capítulo 35 - La noche en que Denise volvió (EL LIBRO DE LOS PERSONAJES DE LA TIERRA DE LOS CUENTOS)

Tal vez nunca se fue. Tal vez siempre estuvo ahí. De hecho siempre me pareció sentirla cerca de mi, siempre notaba su calor de estío en todos los rincones de mi casa, siempre sentía su olor a aquellas flores blancas que tanto le gustaban y que nunca recuerdo como se llaman.

Por eso aquella noche cuando llamó a mi puerta tuve la sensación de que sólo había pasado un segundo desde la última vez que nos vimos.

Llevaba tantos libros en su maleta que parecía estar llena de plomo. Tantos como historias había vivido, y todos olian a sal porque una vez se mojaron con sus lágrimas. Algunos eran muy alegres, y entonces olian a lágrimas de emoción, y los más tristes sólo podían desprender el aroma de la tristeza infinita. Pero todos eran bellos y tenían un trozito de su corazón y el halo de su alma impregnada en cada página.

Me contó muchas muchas cosas, todo lo que le había pasado durante aquellos años en que se fue a vivir su vida. Pero aunque para mi todas aquello era nuevo era como si ya lo conociese. Tal vez es que alguna vez lo soñé.

Y así llegó el alba. Y aun seguimos charlando hasta que nos dormimos sin darnos cuenta.

Y Denise se quedó para siempre conmigo. Estaba escrito en el destino, porque ella es el amor de mi vida.

Y colorín colorado, este cuento se ha acabado.


Quédate para siempre conmigo y así nunca más te soñaré ausente.

martes, 12 de mayo de 2009

Capítulo 34 - El artista del alambre (EL LIBRO DE LOS PERSONAJES DE LA TIERRA DE LOS CUENTOS)

Hacía ya tantos años que no se caía del alambre que casi había olvidado la última vez que le pasó.

Pero aquella tarde uno de los postes que tensaban el acero cayó de repente. Y entonces sintió miedo. Ese miedo que creía ya enterrado.

Fue cuando se dio cuenta de que ya era viejo, de que había vivido muchos años, de que había sufrido demasiado. Y se estremeció cuando recordó lo que tantas veces le hizo daño. Y un frío de noche de verano tormentosa le caló los huesos y le arrugó el corazón. Y lloró amargamente, con el alma.

Pero ya era demasiado anciano para abandonar. No quería otro alambre, no quería otros postes, sólo quería seguir peleando por mantener en pie aquello que le hacía ver el horizonte desde lo más alto, por aquello que le hacía sentir el más poderoso de los hombres cada amanecer.

Así, enjugó sus lágrimas de azúcar y sal y poniendo toda la fuerza en su corazón de niño levantó aquella pesada estaca. Cuando descansó, cuando recuperó el aliento, se encaramó y, una vez más, contempló aquel mar infinito que tanto amaba.

Tal vez algún día tuvo otra vez miedo. Pero tal vez, aunque llorase, no quiso tenerlo nunca más. Por eso un anochecer encerró su temor en una botella y la lanzó al mar. Y tal vez nunca las olas la volvieron a traer a la orilla de sus ojos.


Dame todo tu amor para que nunca más vuelva a sentir miedo. Sólo así nunca más caeré al vacío infinito.

Capítulo 33 - Antonio (EL LIBRO DE LOS PERSONAJES DE LA TIERRA DE LOS CUENTOS)

Azul,
líneas en el mar
que profundo y sin domar
acaricia una verdad,

y tú
no lo pienses más,
o te largas de una vez
o no vuelves nunca hacia atrás.

Se dejaba llevar,
se dejaba llevar por ti,
no esperaba jamás
y no espera sino es por ti,
nunca la oyes hablar,
sólo habla contigo y nadie más,
nada puedes sufrir
que ella no sepa solucionar.

Temor,
alcohol de quemar,
pon tus manos a volar
o en tus ojos el terror,

azul
vuelve a reflejar,
y fundido con el sol
reina un sueño
de sonido a mar.

Se dejaba llevar,
se dejaba llevar por ti,
no esperaba jamás
y no espera sino es por ti,
nunca la oyes hablar,
sólo habla contigo y nadie más,
nada puedes sufrir
que ella no sepa solucionar.


Se dejaba llevar...


Y entonces al alba se dejó llevar. Para siempre.