Juanito era un niño muy listo y muy feliz. Siempre conseguía todo lo que le ansiaba.
Un día quiso subir a una nube y plantó una semilla de yedra que hizo germinar con polvos de magia de un hada amiga suya y creció tan alto que subió incluso hasta el sol.
Otro día quería llegar más allá del horizonte. Y un pirata llegó al puerto de la ciudad donde vivía y le llevó en su galeón hasta una isla que estaba mucho más allá de donde alcanzaba su vista.
Luego estaba tan cansado que quería echar una larga siesta. Morfeo se lo llevó con él a su cama de ébano y allí durmió durante días y días y soñó que volaba como un pájaro y que recorría el mundo entero.
Juanito tenía muchos amigos, y todos le querían mucho. Una vez, uno de ellos estaba muy triste y Juanito le cantó una canción muy bonita para que se alegrase, y su amigo ya nunca más volvió a sentirse angustiado.
Pero un día Juanito se levantó sin saber qué quería hacer. Y por más que pensó y pensó no se le ocurrió nada.
Se sentía desconcertado y hasta un poco asustado. No se atrevía a salir de casa sin saber adonde dirigirse, sin saber qué hacer.
Pero al final sintió que debía hacer algo que hacía mucho tiempo que no hacía, tanto que ya ni recordaba la última vez. Debía salir a la calle y dejarse llevar por un destino desconocido. Y aún con mucho recelo se fue a caminar sin ningún rumbo.
Ese día hizo muchas cosas que no había planeado antes. Cuando llego a casa por la noche estaba feliz, y durmió plácidamente, como cuando era un niño.
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