jueves, 6 de agosto de 2009

EL FIN

Queridos personajes de La Tierra de los Cuentos:

Este cuento que brotó de una lágrima mágica que se bebió mi Luna tiene que terminar. Aunque me invade la tristeza más absoluta, esta vida terrenal que un día escogí para encontrar el tesoro más grande jamás imaginado ha acabado poco a poco con la magia que lo alimentaba.

Tiene que ser así, porque si hay alguien que no cree en las hadas y en los duendes estos se mueren. Y han sido tantos años compartiendo mi vida con ellos que me moriría de dolor si desapareciesen para siempre.

Y si se les deja volar hacia una nueva tierra donde se les admire, siempre estarán ahí. Por mucho que mi alma se vaya con ellos, por muchas lágrimas que derrame en esta despedida.

En el fondo tal vez todo fue un sueño. Tal vez nunca tuve magia, tal vez siempre fui de aquí y nunca tuve alas de plata. Pero fueron tantas veces que lo sentí, y fue tan bello, tan intenso, que incluso merece la pena este amargo sabor del desconsuelo.

Sólo quiero que ese cuento que siempre escribí con el corazón no se pierda para siempre. Quiero que mi Estrellita lo pueda leer un día y llorar y reír como lo hice yo. Es el mejor legado que le puedo dejar porque lleva prendida mi alma.

Gracias a todos los que me leísteis, me escuchasteis, me entendisteis y sentisteis conmigo. Los que todavía sigáis creyendo en esa Tierra y en sus hadas, en sus ninfas y en sus duendes no perdáis nunca la magia porque sino parte de vosotros morirá con ella.

A mi sólo me queda la esperanza de que no todo fuese un hermoso sueño y algún día me pueda volver a encontrar con un halo de magia de La Tierra de los Cuentos y se me cure la herida en el alma que me ha dejado el final de este cuento.

Hasta siempre,

La Princesa Encantada


Querida Luna: Déjame un halo de tu magia para que me arrope cuando sienta frío en el alma…

martes, 4 de agosto de 2009

El cuento de La Noche de los Sueños

Era la noche más calurosa del verano. Porque la luna se había hecho tan grande que su manto caldeaba toda aquella tierra.

En verdad muy pocos, tal vez sólo los más viejos, recordaban ese inmenso tamaño colgado en el cielo. Uno se acordaba de que hace muchos años caminaba por la senda que cruza el bosque de olmos y vio como se quemaba la genista.

Fue entonces cuando él se dio cuenta de que sus alas habían menguado. En realidad antes eran como de un dragón, y ahora apenas parecían de libélula. Y se asustó. Y lloró amargamente, como aquella vez que todavía era un niño.

Así caminó sin rumbo aquella noche que nunca acababa. Nunca tardó más en llegar el alba a aquella tierra en que los sueños viven en el viento. Y por más que trazaba el camino entre la maleza con sus pies descalzos, nunca veía amanecer detrás de la montaña.

Y se acordó una vez más de cuando todavía era un niño. Y tantos recuerdos se amontonaron en su cabeza que por un momento se le enturbió la vista y no pudo ver que llegaba al final del sendero que había dibujado. Y cuando por fin se calmó vio el río. Aquel río en el que le gustaba tanto acicalarse al anochecer.

Entonces se dio cuenta que no sólo sus alas se habían tornado infantiles. Tal vez aquella vez que sobrevoló la montaña y construyó una mañana prendiendo el sol con su aliento de fuego sólo fue un sueño. O tal vez estaba soñando ahora mismo. Así que se acicaló una vez más para sentarse a contemplar como por fin llegaba la mañana.


Nunca dejes de creer en tus sueños. Tal vez así siempre puedas vivir entre ellos.

jueves, 30 de julio de 2009

Carta para Yaakov (el cuento del pueblo de la vida)

Querido Yaakov,

Me he acordado de un cuento que una vez escribió una niña que se sentía triste. Es tan bello que te lo voy a contar:


Erase una vez un pequeño pueblo en la montaña donde los días pasaban sólo por pasar.

Un noche estalló una tormenta y la parte más baja se inundó. Y pasaron años en los que aquella charca gigante se hizo fuerte y nunca se secaba. Hasta que una noche de estío el fuego del otro lado del cielo atravesó hasta las nubes, y entonces el agua se marchó. Pero sólo había desolación y soledad en la laguna seca.

Y así siguieron pasando los días, por pasar, por transcurrir.

Había un niño que vivía en la casa blanca que se ve desde todas partes del valle. Y una mañana descubrió que habían crecido florecillas silvestres entre aquella tierra reseca y cuarteada. Y sonrió. Pero no se dio cuenta que eran tan frágiles que no vivirían mucho tiempo. Y así fue. Tal vez el frío de la noche les segó la vida y se las llevó para siempre.

Y un día alguien decidió hacer una fiesta. Así, decoraron todo el pueblo con banderas, guirnaldas y velas de colores. Y todos comieron, bebieron y bailaron hasta el amanecer durante siete días y siete noches. Y después se fueron a descansar durante un día muy largo.

Fue entonces cuando se erigió el bosque de la nada. Aquella tierra inhóspita y muerta se convirtió en el bosque más grande de aquellas montañas.

Entonces todos bajaron a jugar en las praderas, y se emborracharon con el olor de aquellas flores que vivieron eternamente. Y tal vez nunca más nunca pasó un día sólo por pasar.


Espero que te haya gustado. Yo lo leo siempre que me hace daño la luz de la luna.

Te quiero.

Denise

martes, 16 de junio de 2009

La noche en que volví a volar

Una noche, hace ya mucho tiempo, ¿o tal vez anoche?... olvidé de repente el sendero que lleva a la cumbre de la montaña de escarcha.

Otra vez. No sabía si me había perdido. O puede ser que errase el camino allá atrás. Sí... tal vez... creo que fue donde me paré a descansar... entonces tengo que volver y retomar el rumbo correcto. El que sí lleva a donde el hielo sobrevive al estío y donde las mañanas de enero son cálidas.

Entonces volví a desandar mis propias huellas en la yerba, mientras cantaba una vez más nuestra canción. Y me acorde de que por un momento me había sentido cansada, como la primera vez que fui humana y efímera, hace ya (creo) muchos años. Y sólo necesitaba un poco de aquella magia que tú tienes para recuperar el poder de ese polvo de plata que me quedó para siempre impregnado en mis alas.

Y ahora estoy aquí. Buscando una vez más el frío de agosto y el calor de las mañanas nevadas. Pero al menos pude descansar mis pies cuando otra vez más sentí el viento en mi pelo al sobrevolar el bosque de olmos.


Deja que tu magia haga renancer de nuevo la mía... fugaz, eterea.

miércoles, 27 de mayo de 2009

Las cartas de Yaakov - Carta III (la noche en que volvió la lluvia)

Querido Yaakov:

Esta noche sólo quiero enviarte una canción, y cuando vuelvas yo te la cantaré. Habla de una historia que empezó hace mucho tiempo y que parece ser que nunca ha terminado. Espero que te guste.

Fue en ese cine, ¿te acuerdas?,
en una mañana al este de Edén,
James Dean tiraba piedras
a una casa blanca, entonces te besé.
Aquélla fue la primera vez,
tus labios parecían de papel,
y a la salida en la puerta
nos pidió un triste inspector nuestros carnets.
Luego volví a la academia
para no faltar a clase de francés,
tú me esperaste hora y media
en esta misma mesa, yo me retrasé.
¿Quieres helado de fresa
o prefieres que te pida ya el café?.
Cuéntame como te encuentras,
aunque sé que me responderás: muy bien.
Ten, esta foto es muy fea,
el más pequeño acababa de nacer.
Oiga, me trae la cuenta,
calla, que fui yo quien te invitó a comer.
No te demores, no sea
que no llegues a la hora al almacén;
llámame el día que puedas,
date prisa que ya son las cuatro y diez.


Se que cuando la luna de la vuelta al bosque ya estarás aquí. Y falta muy poco para eso. Así que ahora voy a ver si busco el cuento que me regalaste aquel día y lo leo, que me gusta mucho porque cada página tiene un poquito de ti.

Buenas noches amor. Hasta muy pronto.

Te quiero por siempre,

Denise


Tal vez sea la luna. Pero se que muy pronto volveré a verte a través de lluvia, desde mi ventana.

martes, 26 de mayo de 2009

Las cartas de Yaakov - Carta II (los días que pasaron lentamente)

Querido Yaakov:

Hoy he salido a cabalgar con Silver. Estuvimos horas y horas paseando por el bosque y, después, como hacía muy buena tarde, fuimos al río y Silver se bañó en la cascada de arriba. ¿Sabes qué...?, ya habían florecido los rosales silvestres, y los blancos y los amarillos estaban más altos que la genista.

Después me fui la terraza a tomar el sol. Y entonces me quedé dormida y cuando desperté había salido la luna. ¿Has visto que pequeñita está? Pero se está haciendo grande, y para cuando vuelvas estará plena para que podamos salir a pasear toda la noche.

Como me gustaría que tú también me pudieses escribir desde allí. Así me podrías contar también muchas cosas. Y así no te echaría tanto de menos. Pero se que estás bien porque la paloma me ha traído una pequeña flor que olía a madreselva.

Bueno, ya queda menos para poderte ver, para poderte abrazar. Mientras vuelves voy a ver si te puedo escribir un cuento bonito y así cuando regreses te pondrás muy contento.

Buenas noches amor. Te envío un poquito de magia con esta carta para que tengas los más dulces sueños.

No olvides que te quiero mucho. Hasta pronto,

Denise


No dejes de morar nunca en mis sueños porque así siempre te tendré en mi alma.

lunes, 25 de mayo de 2009

Las cartas de Yaakov - Carta I (el día siguiente)

Querido Yaakov:

Esta tarde, cuando se estaba poniendo el sol, estuve paseando por el camino de los guijarros de oro. Te eché mucho de menos, porque siempre que había paseado por allí estabas a mi lado. Anduve durante horas contemplado el brillo infinito que desprende cada paso del camino.

Cuando llegué al cruce de los grandes olmos vi una vez más el que tiene grabados nuestros nombres. Y como siempre haces tú, limpié el liquen que había crecido a nuestro alrededor.

¿Sabes que con la tormenta que hubo anoche han crecido muchas flores blancas en la orilla del sendero? Para cuando vuelvas iré a buscar unas pocas y las pondré en un jarrón, para que así nuestra casa se quedé impregnada de primavera.

Sólo me puse triste cuando llegué vi tus huellas a lo lejos donde el otro día diste la vuelta. Y entonces volví a colocar uno a uno los guijarros que estaban descolocados para que nuestro camino se quedase impecable, como siempre, para que nada tapase el brillo dorado que tanto nos gusta contemplar. Cuando vuelvas quiero que vengas conmigo para que veas lo bonito que ha quedado.

Bueno mi amor, ahora tengo que dejar de escribirte porque ya ha venido nuestra paloma a buscar esta carta. Espero que te llegue pronto este trocito de mi amor, que ahora lanzo al cielo.

No dudes nunca que te quiero. No me tengas en cuenta que alguna vez te haya hecho dudarlo. Sólo mira hacia la luna esta noche y busca el reflejo de mis ojos.

Hasta pronto,

Denise


...y una noche más, déjame un rayo de tu magia de luna para que me arrope cuando sienta frío en el alma.

jueves, 21 de mayo de 2009

Capítulo 35 - La noche en que Denise volvió (EL LIBRO DE LOS PERSONAJES DE LA TIERRA DE LOS CUENTOS)

Tal vez nunca se fue. Tal vez siempre estuvo ahí. De hecho siempre me pareció sentirla cerca de mi, siempre notaba su calor de estío en todos los rincones de mi casa, siempre sentía su olor a aquellas flores blancas que tanto le gustaban y que nunca recuerdo como se llaman.

Por eso aquella noche cuando llamó a mi puerta tuve la sensación de que sólo había pasado un segundo desde la última vez que nos vimos.

Llevaba tantos libros en su maleta que parecía estar llena de plomo. Tantos como historias había vivido, y todos olian a sal porque una vez se mojaron con sus lágrimas. Algunos eran muy alegres, y entonces olian a lágrimas de emoción, y los más tristes sólo podían desprender el aroma de la tristeza infinita. Pero todos eran bellos y tenían un trozito de su corazón y el halo de su alma impregnada en cada página.

Me contó muchas muchas cosas, todo lo que le había pasado durante aquellos años en que se fue a vivir su vida. Pero aunque para mi todas aquello era nuevo era como si ya lo conociese. Tal vez es que alguna vez lo soñé.

Y así llegó el alba. Y aun seguimos charlando hasta que nos dormimos sin darnos cuenta.

Y Denise se quedó para siempre conmigo. Estaba escrito en el destino, porque ella es el amor de mi vida.

Y colorín colorado, este cuento se ha acabado.


Quédate para siempre conmigo y así nunca más te soñaré ausente.

martes, 12 de mayo de 2009

Capítulo 34 - El artista del alambre (EL LIBRO DE LOS PERSONAJES DE LA TIERRA DE LOS CUENTOS)

Hacía ya tantos años que no se caía del alambre que casi había olvidado la última vez que le pasó.

Pero aquella tarde uno de los postes que tensaban el acero cayó de repente. Y entonces sintió miedo. Ese miedo que creía ya enterrado.

Fue cuando se dio cuenta de que ya era viejo, de que había vivido muchos años, de que había sufrido demasiado. Y se estremeció cuando recordó lo que tantas veces le hizo daño. Y un frío de noche de verano tormentosa le caló los huesos y le arrugó el corazón. Y lloró amargamente, con el alma.

Pero ya era demasiado anciano para abandonar. No quería otro alambre, no quería otros postes, sólo quería seguir peleando por mantener en pie aquello que le hacía ver el horizonte desde lo más alto, por aquello que le hacía sentir el más poderoso de los hombres cada amanecer.

Así, enjugó sus lágrimas de azúcar y sal y poniendo toda la fuerza en su corazón de niño levantó aquella pesada estaca. Cuando descansó, cuando recuperó el aliento, se encaramó y, una vez más, contempló aquel mar infinito que tanto amaba.

Tal vez algún día tuvo otra vez miedo. Pero tal vez, aunque llorase, no quiso tenerlo nunca más. Por eso un anochecer encerró su temor en una botella y la lanzó al mar. Y tal vez nunca las olas la volvieron a traer a la orilla de sus ojos.


Dame todo tu amor para que nunca más vuelva a sentir miedo. Sólo así nunca más caeré al vacío infinito.

Capítulo 33 - Antonio (EL LIBRO DE LOS PERSONAJES DE LA TIERRA DE LOS CUENTOS)

Azul,
líneas en el mar
que profundo y sin domar
acaricia una verdad,

y tú
no lo pienses más,
o te largas de una vez
o no vuelves nunca hacia atrás.

Se dejaba llevar,
se dejaba llevar por ti,
no esperaba jamás
y no espera sino es por ti,
nunca la oyes hablar,
sólo habla contigo y nadie más,
nada puedes sufrir
que ella no sepa solucionar.

Temor,
alcohol de quemar,
pon tus manos a volar
o en tus ojos el terror,

azul
vuelve a reflejar,
y fundido con el sol
reina un sueño
de sonido a mar.

Se dejaba llevar,
se dejaba llevar por ti,
no esperaba jamás
y no espera sino es por ti,
nunca la oyes hablar,
sólo habla contigo y nadie más,
nada puedes sufrir
que ella no sepa solucionar.


Se dejaba llevar...


Y entonces al alba se dejó llevar. Para siempre.

viernes, 10 de abril de 2009

Capítulo 32 - La buena estrella (EL LIBRO DE LOS PERSONAJES DE LA TIERRA DE LOS CUENTOS)

Una noche oscura de primavera, Ngame salió a pasear al bosque. Su amor estaba tan lejos y a la vez tan cerca que se sentía triste en su gran cama de nubes y no podía dormir. Por eso decidió salir a ver a sus amigas las estrellas.

Pero el cielo estaba tan negro como las panteras que viven en la selva de fuego. Tan sólo el hilillo rojo que es la frontera del horizonte iluminaba ligeramente el camino. Y no se podía ver ninguna estrella.

Y entonces tuvo miedo. Porque aquella oscuridad le helaba el alma y le escarchaba el corazón. Y buscó abrigo en el cobijo del único rayo de luna que se dejaba asomar entre la negritud de aquel cielo tenebroso. Y así se dejo arropar por la leveldad de su calor.

Y su calor se tornó en un hechizo de luna blanca que rompió el cielo, y la noche se iluminó porque una estrella fugaz que venía del sur de las montañas nevadas le trajo un halo de luz de su amor. Y sintió que su alma arropaba la suya. Y se durmió dulcemente y le soñó.


Déjame tu estrella colgada en mi cielo para que cada noche me ilumine con la luz de tu alma.

miércoles, 8 de abril de 2009

Capítulo 31 - El camino (EL LIBRO DE LOS PERSONAJES DE LA TIERRA DE LOS CUENTOS)

Aquella noche se le perdió el camino. Por más que buscó y buscó, la pequeña musa de alas de plata no fue capaz de encontrar por donde tenía que ir.

Tal vez fue porque cuando el alba le despertó aquella mañana algo había cambiado en el cielo y las huellas de sus pasos hacía el bosque se habían borrado.

Así, se puso a buscar donde nacen las flores malvas. Y también donde habitan los duendes que hacen la magia del amanecer. Y en el arroyo donde las ninfas bañan sus alas.

Pero aquel camino, aquel camino que sabía que tenía que seguir, parecía haberse borrado de su mundo, como si tal vez se hubiese marchado hasta el horizonte y se hubiese fundido en el calor de su atardecer para siempre.

Entonces se dio cuenta de que tal vez no había perdido ningún camino. Tan sólo no sabía, no recordaba, no conocía el camino que le llevaría hasta su sueño. Porque su sueño había partido aquel atardecer y su destino le era desconocido.

Y sonrió. Y lloró con lagrimitas de hilo de plata. Y por fin comprendió. Porque los sueños no importan donde vayan, donde moren. Si nos pertenecen nos esperan por siempre. Y por siempre nos muestran su camino.


Esta noche estarás una vez más en mis sueños. Y te encontraré siguiendo el aura de la luz de tu alma.

sábado, 28 de marzo de 2009

Capítulo 30 - La espera (EL LIBRO DE LOS PERSONAJES DE LA TIERRA DE LOS CUENTOS)

Hacía ya tanto tiempo que no tenía aquella sensación que se sentía afortunado por ello. Es más, no recordaba haberla sentido jamás.

Y así pasaban sus días y sus noches.

Pero de vez en cuando pensaba que algo le faltaba. Porque su alma tenía un hueco que no se podía llenar con nada. Porque sentía un vacío en el estómago.

Y un día se conmovió. Se estremeció. Sus piernas se tornaron débiles como los juncos que mece el río.

Y entonces dejó de buscar. Dejó de esperar.

Y tal vez ese día se sintió muy bien.


Yo una vez esperé una noche en la que atrapar la luna para siempre. Y un alba corrí a buscarla y se vino conmigo.

Capítulo 29 - El niño que corrió detrás de una estrella (EL LIBRO DE LOS PERSONAJES DE LA TIERRA DE LOS CUENTOS)

Siempre tuvo miedo a la inmensidad de la noche, a esa hora tenebrosa en que la luz empieza a desaparecer.

Por eso se escondía tan dentro de su pequeño castillo de papel que nunca jamás nadie le hubiese encontrado. Y se acurrucaba en su camita de algodón de nube hasta que se dormía. Entonces su amigo el sol le acariciaba la cara para que se asomase de nuevo al día.

Y un día se acordó que ella estaba allí. De repente recordó su olor. Ese olor a flores de azar y jazmín que no recordaba que tenía guardado en su almita.

Y entonces una noche quiso volar para atrapar una estrella. Y ella le cogió de la mano y le llevó hasta la más brillante. Hasta la que le dio su luz hace ya años para que le regalase el brillo infinito de sus ojos.

Y nunca más sus noches fueron oscuras, porque su castillo de papel se tornó de luz de luna.


Si una noche te sientes perdido búscame en las estrellas. Así nunca más tendrás miedo.

jueves, 26 de marzo de 2009

Capítulo 28 - La carta (EL LIBRO DE LOS PERSONAJES DE LA TIERRA DE LOS CUENTOS)

Una tarde que se sentía muy solo, Mamadou decidió escribir una carta de amor. Pero echaba tanto de menos a Fatou que tenía miedo a que sus palabras sonaran tristes.

Así que decidió ir a visitar a su amigo Abdoulaye para charlar un rato, y así intentar dejar a un lado su melancolía. Y pasó la tarde. Y se rieron mucho juntos. Y llegó otra vez la negra noche.

Mamadou se fue entonces caminando por la playa, donde el cielo era tan rojo como la sangre aquel anochecer.

Una y otra vez empezó aquella carta, y después la hizo trizas. Así hasta que hizo una montaña de papel que llegó hasta las estrellas. Y así hasta que amaneció.

Entonces tal vez tuvo un sueño. Y soñó que sus lágrimas se tornaban dulces como el almíbar. Porque la pena que le rasgaba el alma en realidad era lo que la alimentaba, lo que hacía que nunca dejase de brillar.

Fue cuando comprendió que el amor tan grande que tenía dentro era lo que le hacía sentirse tan bien. Y por eso cuando tanto lo añoraba le invadía aquella desolación.

Cuando el sol empezó a esconderse de nuevo se sentó frente a la orilla del mar y escribió una carta muy bonita. Y el viento se la llevó al otro lado del horizonte.

Y cuando la luna volvía a enseñar su cara más guapa, Fatou leía mientras lloraba con una sonrisa tan bella que la eclipsó.


No dejes nunca de sentir. Así siempre me podrás regalar el brillo de tu alma prendido en una estrella.

lunes, 2 de marzo de 2009

Capítulo 27 - El bosque bonito (EL LIBRO DE LOS PERSONAJES DE LA TIERRA DE LOS CUENTOS)

Erase una vez un bosque muy bonito.

El bosque tenía unos abetos tan altos que atravesaban las nubes con su copa, y unos olmos tan brillantes al sol que, cuando el aire los abanicaba, tornaban todo el bosque de un plateado intenso.

También tenía muchas flores. Flores blancas como la nieve, rojas como el cielo al anochecer, malvas, azules... de todos los colores del arco iris.

Y en la ladera crecía la genista verde y amarilla.

Y el hada Rhiannon vivió siempre en el bosque bonito. Y cada mañana se preguntaba el por qué de aquella belleza.

Y una noche tuvo un mal sueño. El bosque se había tornado oscuro, sombrío, tenebroso. Y cuando despertó encontró una ranita mágica que le dijo que sabía por qué el bosque era tan bello. Era para que ella jamás perdiese su sonrisa.

Y es por eso que cada vez que contemplamos algo bello hay un hadita escondida detrás sonriendo.


No dejes nunca de sonreír para que todo se inunde de belleza.

jueves, 12 de febrero de 2009

Capítulo 26 - La caja de las cosas pequeñas (EL LIBRO DE LOS PERSONAJES DE LA TIERRA DE LOS CUENTOS)

Había una vez una caja que tenía cosas pequeñas. Las cosas más pequeñas del mundo.

Hacía ya muchos años que él empezó a guardarlas allí. Un día una, una noche otra, y así durante toda su vida.

Pero nunca las había vuelto a sacar. Hasta que aquella noche decidió rebuscar en su cajita de marfil a ver qué encontraba.

Y encontró un viejo beso de amor, lleno de ternura. Y una cálida caricia. Y había también lágrimas de tristeza y de alegría, y aquellas palabras de un amigo que le hicieron sentirse tan bien.

Y así llegó el amanecer. Era el alba más bella que había visto. Y decidió guardarla en su cajita.

Así todas sus mañanas se tornaron tan alegres como el agua cantarina del riachuelo. Porque esa mañana llegó sin que se diese cuenta. Porque aunque no la esperaba ella sí le esperaba a él, para quedarse en su vida por siempre.

Y su caja se abría cada día para que las cosas pequeñas se fuesen por su ventana. Y el viento se las llevaba al lado de todos los que necesitaban un sueño.


...y si un amanecer me encuentro tu sueño en mi ventana lo guardaré para siempre cerca de mi corazón.

jueves, 5 de febrero de 2009

Capítulo 25 - La ciudad de la esperanza (EL LIBRO DE LOS PERSONAJES DE LA TIERRA DE LOS CUENTOS)

Denise se despertó de madrugada, cuando el sol apenas había empezado a clarear. Y por primera vez en mucho tiempo no sintió el frío del alba atravesándole la piel. Y casi sintió miedo, miedo porque ya no se acordaba de esa calidez. Miedo a que aquello fuese sólo un sueño.

Entonces desempolvó su vieja jukebox y buscó las canciones más tristes, como hacía cada vez que no podía soportar la intensa luz del día o el frío halo de la luz de luna que entraba por la ventana de su cuarto. Y una vez más las escuchó, en silencio.

Pero esa mañana las lágrimas no brotaron de sus ojos, tan solo un nudo en su garganta le recordó que sus sentimientos no estaban dormidos. Y entonces un escalofrío recorrió su cuerpo. Tal vez por un momento pensó que su alma se había quedado vacía.

Entonces tal vez llamó a un amigo sólo para escuchar su voz. Sólo quería que le escuchase una vez más. Necesitaba saber que estaba integro, que nada se había roto en él, que no había pasado nada.

Y después lloró, pero no sentía pena en su pequeño corazón. Si acaso, tal vez, estaba un poco cansado para seguir viviendo su sueño ese día. Y así se durmió, y tal vez nunca más se despertó llorando.


Tal vez una mañana despierte para siempre a un sueño. Sólo espero que estés cerca de mi para poder compartirlo.

miércoles, 21 de enero de 2009

Capítulo 24 - La noche más larga (EL LIBRO DE LOS PERSONAJES DE LA TIERRA DE LOS CUENTOS)

Ayer empezó una noche larga. Muy larga. Muy larga porque todavía no ha acabado.

Él quiso emprender el vuelo a las estrellas, pero no pudo. Todavía no ha podido ni tan siquiera remontar la cuesta que lleva a su casa.

Tal vez su coche ya está demasiado viejo, tal vez había tanta niebla que no pudo avanzar o tal vez simplemente no tuvo fuerzas para correr cuesta arriba.

De madrugada sólo resonaban en su cabeza canciones tristes. Entonces miró por su ventana y vió que el día no iba a amanecer para él.

Y así pasó el día y llegó el anochecer que sólo hizo prolongar más la noche que parecía que nunca iba a acabar.

Y quiso una vez más volar, salir corriendo. Pero no pudo. Entonces lloró mucho y luego se durmió.

Y tal vez un día llegó la madrugada.


Llévame contigo a las estrellas para que nunca más tenga una noche sin amanecer.

martes, 20 de enero de 2009

Capítulo 23 - La noche del viaje (EL LIBRO DE LOS PERSONAJES DE LA TIERRA DE LOS CUENTOS)

Parece ser que he llegado al final de aquel camino. Pero todavía se que puedo mirar atrás y tornarme una estatua de sal.

Sólo espero que llegue pronto la noche en que, por fin, pueda partir hacia la la luna en mi cadillac rosa y orbitar para siempre mientras veo el mundo desde donde habitan las estrellas.

Espero verte por allí antes de mil años.



Todas las noches salgo a mirar
al balcón, a las estrellas.
Veo volar rutilantes Cadillacs
que orbitan la luna llena.

En los anillo de Saturno
mis amigos hacían carreras.
Visten cuero negro y cada noche
buscan chicas de planeta en planeta.

Y alguna noche que se pueda guiar
convertible en la exosfera,
aterrizaré en silencio
entre antenas, en tu azotea.

Y apenas sin enterarte, de tu cama
pasarás a las estrellas.
Tripularé un Bonneville
a la fiesta del perro de luna.

Sí,
alguna noche te iré a buscar
para llevarte a las estrellas.
Y aunque no te haya visto en años,
por favor, cosérvate bella...

lunes, 12 de enero de 2009

Capítulo 22 - Anios, la musa blanca (EL LIBRO DE LOS PERSONAJES DE LA TIERRA DE LOS CUENTOS)

Una mañana, cuando se terminó el más largo invierno que jamás haya existido, nació una pequeña musa de color blanco, de una estalactita que colgaba del olmo más alto del bosque.

Anios era la musa de la alegría porque cada vez que reía florecían las más bellas flores a su alrededor. Un día conoció a un elfo muy apuesto y se fue con él para siempre al otro bosque, donde en vez de olmos hay jazmines, retama y genista.

Y allí se fabricaron una casita en una seta de color encarnado. Y plantaron un huerta con naranjos, y también un jardín con lilas, margaritas y tulipanes. Y una noche de principios de primavera, cuando despertaron, descubrieron tres pequeñas haditas que habían nacido de una gota de rocío.

Pero aunque eran muy felices, Anios echaba de menos los días en que volaba por la ciudad y entraba por las ventanas para llevar su magia a todos aquellos a los que tenían problemas para soñar. Y por eso a veces se sentía triste y melancólica.

Así que un día se despidió de su familia para hacer una viaje su añorada ciudad y se fue volando al amanecer. Y fueron tanto los sueños que hizo brotar que se sintió pletórica.

Y un día, supo que había llegado el momento de volver con los suyos. Y se marchó al bosque de los abetos para quedarse allí para siempre.

Anios pensaba que nunca más volvería a crear más sueños con su magia, pero no fue así. También allí había muchas almas necesitadas de la musa blanca que nació de la nieve. Y así les regaló a todos su magia, y vivió feliz por siempre jamás.


Y si una noche no puedo soñar, llama al cristal de mi ventana y yo te abriré. Y regálame un poco de tu magia para que pueda tener el más dulce sueño.

viernes, 9 de enero de 2009

Capítulo 21 - La sonrisa del duende (EL LIBRO DE LOS PERSONAJES DE LA TIERRA DE LOS CUENTOS)

Erase una vez un duendecillo mágico que coleccionaba sonrisas. Esto era porque esbozaba una cada vez que a un habitante de la Tierra de los Cuentos le cumplía un sueño.

Pero una noche el duende se despertó sobresaltado y con un nudo en la garganta. Sentía ganas de llorar amargamente, y así lo hizo hasta que el agua del arroyo se tornó salada. Pero no comprendía que le pasaba, el porqué de su pena, por qué se sentía tan triste. Y después de llorar tanto se durmió exhausto hasta que le despertó al amanecer.

Entonces se encontraba mejor, más calmado, pero todavía le quedaba un sabor amargo al tragar que le rasgaba el alma. Pero aún no entendía por qué se sentía tan afligido.

Y entonces decidió dar un paseo para sentir el aire fresco de la mañana en su cara. Y se encontró con una pequeña hada que estaba sentada en una seta roja. Le dio los buenos días, y entonces el hadita le preguntó por qué tenía la mirada tan triste y surcos de lágrimas en su cara. Y el duendecillo le contó lo que le había pasado aquella noche. Y juntos decidieron ir a visitar a la Maga de las Cumbres que todo lo sabe, para consultarle.

Así caminaron durante horas hasta que llegaron a su castillo del color de la noches sin luna.

La Maga ya les estaba esperando, porque los gnomos que trabajan para ella ya le habían contado que iba a tener visita. Y les recibió sentada en su trono de hielo.

Entonces dibujó un gran círculo en el aire moviendo su blanca mano y una gran brecha se abrió en el techo. Allí se podía ver como un niño lloraba por la noche porque se sentía mal y tenía miedo.

Entonces el duendecillo se reconoció en ese niño asustado. Él también tuvo un mal sueño, que duró una muy larga noche. Aunque de eso hacía ya muchísimos años. Pero entonces se olvidó de llorar. Y tampoco hubo quien llorase por él.

Fue cuando se dio cuenta que en ese momento se sentía liberado de aquello que le hacía sentirse mal. Y entonces se acordó que una vez hubo algo que durante mucho tiempo le hirió el alma. Pero por fin todo había acabado.

Esa noche y todas las siguientes de su vida siempre su durmió con una sonrisa. Y siempre hizo que con su magia se cumpliese un sueño.


Nunca dejes de regalarme una de tus mágicas sonrisas. Así mis sueños siempre se cumplirán.