Haces unos días empecé un cuento tan triste que no lo pude acabar. Creo que trataba sobre una sirena que una vez se perdió en el fondo del mar.
La pobre sirena buceó en aguas tan oscuras que de repente perdió todo resquicio de luz, y tardó años en poder salir de allí. Tuvo que esperar a una noche de luna llena para que una estrella la guiara y poder por fin escapar de esas negras aguas.
Pero la sirena se sentía triste por todas las cosas malas que había visto, porque le habían herido el alma. Además no recordaba cómo se dejó arrastrar por aquella fría corriente que no la dejaba retroceder, y aquello le inquietaba y no la dejaba descansar.
Pero esto ocurrió en un lugar tan lejano que no sé al final que ocurrió con aquella sirena. Por eso es triste esta historia, porque no puedo ponerle fin.
Por eso, en las frías noches en que me acuerdo de ella, procuro imaginármela bailando feliz entre las olas de blanca espuma mientras contempla cada día el nuevo amanecer sobre el horizonte.
viernes, 24 de octubre de 2008
miércoles, 22 de octubre de 2008
Capítulo 6 - De carne y hueso??? (EL LIBRO DE LOS PERSONAJES DE LA TIERRA DE LOS CUENTOS)
Me resistía a escribir esta canción, aunque llevaba merodeando en mi cabeza unos días, porque aunque su mensaje es algo que he sentido muy adentro, me resisto a pensar que sólo somos de carne y hueso. Qué sería de mi si no existiese mi parte mágica...? Creo que mi parte mundana nunca me ha gustado. Sólo quiero ser esa otra parte de mis sueños.
Hace unos días sentí, por un momento, que no tenía miedo. Ese minuto, ese segundo, fue tan intenso para mi que compensó todas esas horas sin fin en las que no podía soportar esta vida.
A ti te la dedico de nuevo. Para que nunca tengas miedo... para que nunca más tengas miedo.
Bajo el aliento de cipreses centenarios.
Entre el claroscuro de sus ramas
que acarician los castaños...
Sobre un altar de hojas secas y helechos,
el sol resbalaba por mi pecho
y brillaba en tu pelo...
He venido al mundo desnuda bajo el cielo.
Es todo lo que tengo.
Ya no somos ángeles.
Ya no tengo miedo.
Soy de carne y hueso.
Como dos potros salvajes
sin pertenecer a nadie,
mientras miran las lechuzas
y las viboras cambian de muda.
Mientras flota en el aire polen de amapola,
que se cruza en su viaje con hilos de seda
de arañas que ondean como banderas deshechas.
He venido al mundo desnuda bajo el cielo.
Es todo lo que tengo.
Ya no somos ángeles.
Ya no tengo miedo.
Soy de carne y hueso.
Todos los misterios
nos han sido desvelados.
Todos los pecados
nos han sido perdonados...
Hace unos días sentí, por un momento, que no tenía miedo. Ese minuto, ese segundo, fue tan intenso para mi que compensó todas esas horas sin fin en las que no podía soportar esta vida.
A ti te la dedico de nuevo. Para que nunca tengas miedo... para que nunca más tengas miedo.
Bajo el aliento de cipreses centenarios.
Entre el claroscuro de sus ramas
que acarician los castaños...
Sobre un altar de hojas secas y helechos,
el sol resbalaba por mi pecho
y brillaba en tu pelo...
He venido al mundo desnuda bajo el cielo.
Es todo lo que tengo.
Ya no somos ángeles.
Ya no tengo miedo.
Soy de carne y hueso.
Como dos potros salvajes
sin pertenecer a nadie,
mientras miran las lechuzas
y las viboras cambian de muda.
Mientras flota en el aire polen de amapola,
que se cruza en su viaje con hilos de seda
de arañas que ondean como banderas deshechas.
He venido al mundo desnuda bajo el cielo.
Es todo lo que tengo.
Ya no somos ángeles.
Ya no tengo miedo.
Soy de carne y hueso.
Todos los misterios
nos han sido desvelados.
Todos los pecados
nos han sido perdonados...
sábado, 18 de octubre de 2008
Capítulo 5 - Historia del Elfo valiente (EL LIBRO DE LOS PERSONAJES DE LA TIERRA DE LOS CUENTOS)
He sentido miedo tantas veces, y aún lo siento, que sólo quiero que se vaya de una vez con mis lágrimas de río de agua dulce. Hoy me levanté pensando que puedo conseguirlo, y por eso he querido escribir este cuento, dedicado a todos los que alguna vez sintieron el frío miedo desgarrando su alma.
Elfo Alado tenía ya más de mil años. La noche que nació fue la más fría de aquel largo invierno, y por eso sus alitas se escarcharon nada más vió la luz.
Pero esa criatura que aparentaba ser tan frágil como el aliento de una ninfa, resultó ser tan fuerte como el roble milenario que hay en el bosque. La escarcha que cubría sus alas como un manto de rocio blanco se esfumó en forma de lágrimas de sirena en cuanto despuntó el alba, y Elfo, desde entonces, nunca más volvió a sentir frío.
No todos los elfos del bosque encantado tienen alas. De hecho, tan solo algunos afortunados las poseen, y así pueden volar con sus amigas las hadas cuando se les antoja, y dormirtar en las nubes que coronan las cumbres más altas.
Así de feliz vivió Elfo niño. Pero una mañana se despertó pensando que ya era un hombre y que el bosque se le había quedado pequeño. Quería recorrer aquel vaso mundo que estaba más allá de donde su vista podía alcanzar. Sintió que ese era su destino. Y así, se despidió de todos los suyos y partió volando hacia la desconocida inmensidad.
Nunca olvidó el día que vió la Mar por primera vez. Nunca imaginó que aquello de lo que le habían hablado tantas veces fuese tan grandioso y le hiciese sentirse sentirse tan diminuto. Allí conoció a las sirenas y a los tritones que habitan la Ciudad de los Corales de Sangre, que le contaron aquellas historias de piratas que venían de un lejano país llamado España. Incluso un día vivió por si mismo una de esas batallas entre corsarios, cuando un galeón negro que venía de más allá de la Isla de las Palmeras abordó otro barco que había venído hacia ya años de los mares del sur. Los piratas del sur eran amigos suyos desde hacía tiempo, así que no dudó en enfrentarse a los malvados bandidos que querían apoderarse de los tesoros que tenían en sus bodegas. Los tritones más osados se unieron a ellos y, entre todos les echaron para siempre de sus dominios. Elfo luchó como un valiente y jamás tuvo miedo de su bravos enemigos.
Elfo entonces decidió partir de nuevo hacia otro destino desconocido, y una mañana se alejó volando entre las nubes rojas del amanecer.
Este viaje fue muy duro, porque era aquella época las tormentas de escarcha azul. Cuando atravesó el Bosque de las Brujas del Alba Negra hubo incluso una tormenta de sapos de lengua de fuego, y tuvo que volar lo más rápido que lo había hecho en toda su vida porque aquellas pequeñas criaturas eran tan malvadas o más que las negras magas que las habían creado con su maléficos conjuros, y querían a toda costa quemar sus alitas para que cayese desplomado para siempre entre la negra espesura de su bosque. Pero, una vez más, sorteó la situación con valentía y escapó sin un solo rasguño.
Entonces llegó a la ciudad del Castillo de Sal. Allí gobernaba un rey muy anciano que era muy querido por todos sus súbditos. El problema es que el rey nunca tuvo herederos, y sabía que le quedaba poco tiempo en el mundo de los mortales, así que estaba muy preocupado porque, de entre todos sus posibles sucesores, que eran los consejeros de la corte, no confiaba lo suficiente en ninguno como para legarle su reino.
Elfo llegó al castillo la noche en que se celebraba la gran fiesta del estío. Cuando el rey le conoció supo que era la persona que siempre había esperado. El hada que lee el futuro en los posos del té de flores le había dicho que su mejor sucesor llegaría volando desde una tierra muy lejana. Y Elfo le agradó tanto desde que le vió que no dudo en hacer una junta extraordinaria con todos los caballeros del reino al día siguiente, para anunciar que, por fin, había encontrado a la persona adecuada para ser el heredero de todos su imperio.
Por supuesto esta decisión no agradó nada a los señores de la corte, y aunque llevaban años peleando entre ellos para conseguir ser el nuevo rey cuando el anciano falleciese, se aliaron para tratar de librarse de Elfo entre todos.
Elfo recibió la noticia con perplejidad. Le parecía increible convertirse en rey sólo porque se cumpliese la predicción de una joven hada. Es más, realmente él no quería ser rey porque lo que realmente deseaba era seguir recorriendo el mundo y no quedarse para siempre en aquel reino por bello que fuese. Pero antes de que tuviese tiempo a hablar con el rey para contárselo, una noche, mientras dormía, recibió la visita del caballero mayor y de dos de sus compañeros. No era una visita amistosa. Sus intenciones eran secuestrar a Elfo y encerrarlo para siempre en las mazmorras, donde nadie, ni siquiera el rey, le encontrase jamás. Así el anciano pensaría que se había ido durante la noche y no tendría más remedio que nombrar otro heredero entre ellos.
Pero, como era de esperar, el intrépido Elfo peleó contra ellos con todas sus fuerzas y usando su magia blanca de luna les hechizó y les volvió buenos para siempre. Como siempre, no tuvo miedo de enfrentarse a los malvados porque era el elfo más valiente del mundo.
Cuando habló con el rey, este entendió que no podía confiar su reino a alguien que no lo anhelase realmente. Finalmente se lo otorgó al caballero mayor, que se había vuelto el hombre más bueno y amable del mundo. Al final se cumplió la predicción del hadita del bosque, porque el caballero había llegado a la ciudad siendo un bebé a lomos de un dragón volador...
Elfo partió de nuevo hacia su incierto destino. Como todavía estaba muy cansado de la pelea con los caballeros, decidió descansar la primera noche en un bosque de olmos al que llegó al anochecer. Se preparó un lecho de hojas verdes y plata y se echó a dormir.
Pero esa noche que aparentemente iba a ser sólo un alto en su camino cambió su vida para siempre. De repente se despertó porque pensó que había escuchado algo. Pero nada ajeno a él mismo había perturbardo su sueño. Lo que había escuchado venía directamente de su corazón. Pero no lo entendía porque era la primera vez que algo así traspasaba su alma, y era tan fuerte que lo sintió como un si un cuchillo de hielo le traspasase el pecho.
Tuvo que esperar un rato a calmarse para entender lo que realmente que le pasaba. Aquello que tanto le turbó no era otra cosa que miedo. Simplemente miedo. Nunca hasta entonces había sentido esa sensación, y aunque al principio le hirió tanto que no podía soportarlo, después le abrió una puerta que, hasta entonces, había permanecido siempre cerrada en su interior: la puerta de los sentimientos más intensos. Aunque el frío miedo que sintió le produjo un desasosiego en su almita mágica, se dió cuenta que nunca antes había sentido algo tan profundamente.
Hace ya muchos años que Elfo volvió a su bosque. Fue el día que siento miedo a morir en el recuerdo de los suyos, que es el único lugar donde se vive para siempre.
Y aunque todos pensaron siempre que seguía siendo el más valiente, él nunca olvidó el momento en que los espíritus del bosque de olmos le devolvieron lo que hace tantos y tantos años había perdido.
Ahora el anciano Elfo vive feliz y hace ya muchos años que no siente miedo, porque una noche encontró un abrazo que le hizo darse cuenta de que se puede llorar y ser valiente a la vez.
Dejame morar para siempre en tu recuerdo para no sentir el frio del miedo nunca más.
Elfo Alado tenía ya más de mil años. La noche que nació fue la más fría de aquel largo invierno, y por eso sus alitas se escarcharon nada más vió la luz.
Pero esa criatura que aparentaba ser tan frágil como el aliento de una ninfa, resultó ser tan fuerte como el roble milenario que hay en el bosque. La escarcha que cubría sus alas como un manto de rocio blanco se esfumó en forma de lágrimas de sirena en cuanto despuntó el alba, y Elfo, desde entonces, nunca más volvió a sentir frío.
No todos los elfos del bosque encantado tienen alas. De hecho, tan solo algunos afortunados las poseen, y así pueden volar con sus amigas las hadas cuando se les antoja, y dormirtar en las nubes que coronan las cumbres más altas.
Así de feliz vivió Elfo niño. Pero una mañana se despertó pensando que ya era un hombre y que el bosque se le había quedado pequeño. Quería recorrer aquel vaso mundo que estaba más allá de donde su vista podía alcanzar. Sintió que ese era su destino. Y así, se despidió de todos los suyos y partió volando hacia la desconocida inmensidad.
Nunca olvidó el día que vió la Mar por primera vez. Nunca imaginó que aquello de lo que le habían hablado tantas veces fuese tan grandioso y le hiciese sentirse sentirse tan diminuto. Allí conoció a las sirenas y a los tritones que habitan la Ciudad de los Corales de Sangre, que le contaron aquellas historias de piratas que venían de un lejano país llamado España. Incluso un día vivió por si mismo una de esas batallas entre corsarios, cuando un galeón negro que venía de más allá de la Isla de las Palmeras abordó otro barco que había venído hacia ya años de los mares del sur. Los piratas del sur eran amigos suyos desde hacía tiempo, así que no dudó en enfrentarse a los malvados bandidos que querían apoderarse de los tesoros que tenían en sus bodegas. Los tritones más osados se unieron a ellos y, entre todos les echaron para siempre de sus dominios. Elfo luchó como un valiente y jamás tuvo miedo de su bravos enemigos.
Elfo entonces decidió partir de nuevo hacia otro destino desconocido, y una mañana se alejó volando entre las nubes rojas del amanecer.
Este viaje fue muy duro, porque era aquella época las tormentas de escarcha azul. Cuando atravesó el Bosque de las Brujas del Alba Negra hubo incluso una tormenta de sapos de lengua de fuego, y tuvo que volar lo más rápido que lo había hecho en toda su vida porque aquellas pequeñas criaturas eran tan malvadas o más que las negras magas que las habían creado con su maléficos conjuros, y querían a toda costa quemar sus alitas para que cayese desplomado para siempre entre la negra espesura de su bosque. Pero, una vez más, sorteó la situación con valentía y escapó sin un solo rasguño.
Entonces llegó a la ciudad del Castillo de Sal. Allí gobernaba un rey muy anciano que era muy querido por todos sus súbditos. El problema es que el rey nunca tuvo herederos, y sabía que le quedaba poco tiempo en el mundo de los mortales, así que estaba muy preocupado porque, de entre todos sus posibles sucesores, que eran los consejeros de la corte, no confiaba lo suficiente en ninguno como para legarle su reino.
Elfo llegó al castillo la noche en que se celebraba la gran fiesta del estío. Cuando el rey le conoció supo que era la persona que siempre había esperado. El hada que lee el futuro en los posos del té de flores le había dicho que su mejor sucesor llegaría volando desde una tierra muy lejana. Y Elfo le agradó tanto desde que le vió que no dudo en hacer una junta extraordinaria con todos los caballeros del reino al día siguiente, para anunciar que, por fin, había encontrado a la persona adecuada para ser el heredero de todos su imperio.
Por supuesto esta decisión no agradó nada a los señores de la corte, y aunque llevaban años peleando entre ellos para conseguir ser el nuevo rey cuando el anciano falleciese, se aliaron para tratar de librarse de Elfo entre todos.
Elfo recibió la noticia con perplejidad. Le parecía increible convertirse en rey sólo porque se cumpliese la predicción de una joven hada. Es más, realmente él no quería ser rey porque lo que realmente deseaba era seguir recorriendo el mundo y no quedarse para siempre en aquel reino por bello que fuese. Pero antes de que tuviese tiempo a hablar con el rey para contárselo, una noche, mientras dormía, recibió la visita del caballero mayor y de dos de sus compañeros. No era una visita amistosa. Sus intenciones eran secuestrar a Elfo y encerrarlo para siempre en las mazmorras, donde nadie, ni siquiera el rey, le encontrase jamás. Así el anciano pensaría que se había ido durante la noche y no tendría más remedio que nombrar otro heredero entre ellos.
Pero, como era de esperar, el intrépido Elfo peleó contra ellos con todas sus fuerzas y usando su magia blanca de luna les hechizó y les volvió buenos para siempre. Como siempre, no tuvo miedo de enfrentarse a los malvados porque era el elfo más valiente del mundo.
Cuando habló con el rey, este entendió que no podía confiar su reino a alguien que no lo anhelase realmente. Finalmente se lo otorgó al caballero mayor, que se había vuelto el hombre más bueno y amable del mundo. Al final se cumplió la predicción del hadita del bosque, porque el caballero había llegado a la ciudad siendo un bebé a lomos de un dragón volador...
Elfo partió de nuevo hacia su incierto destino. Como todavía estaba muy cansado de la pelea con los caballeros, decidió descansar la primera noche en un bosque de olmos al que llegó al anochecer. Se preparó un lecho de hojas verdes y plata y se echó a dormir.
Pero esa noche que aparentemente iba a ser sólo un alto en su camino cambió su vida para siempre. De repente se despertó porque pensó que había escuchado algo. Pero nada ajeno a él mismo había perturbardo su sueño. Lo que había escuchado venía directamente de su corazón. Pero no lo entendía porque era la primera vez que algo así traspasaba su alma, y era tan fuerte que lo sintió como un si un cuchillo de hielo le traspasase el pecho.
Tuvo que esperar un rato a calmarse para entender lo que realmente que le pasaba. Aquello que tanto le turbó no era otra cosa que miedo. Simplemente miedo. Nunca hasta entonces había sentido esa sensación, y aunque al principio le hirió tanto que no podía soportarlo, después le abrió una puerta que, hasta entonces, había permanecido siempre cerrada en su interior: la puerta de los sentimientos más intensos. Aunque el frío miedo que sintió le produjo un desasosiego en su almita mágica, se dió cuenta que nunca antes había sentido algo tan profundamente.
Hace ya muchos años que Elfo volvió a su bosque. Fue el día que siento miedo a morir en el recuerdo de los suyos, que es el único lugar donde se vive para siempre.
Y aunque todos pensaron siempre que seguía siendo el más valiente, él nunca olvidó el momento en que los espíritus del bosque de olmos le devolvieron lo que hace tantos y tantos años había perdido.
Ahora el anciano Elfo vive feliz y hace ya muchos años que no siente miedo, porque una noche encontró un abrazo que le hizo darse cuenta de que se puede llorar y ser valiente a la vez.
Dejame morar para siempre en tu recuerdo para no sentir el frio del miedo nunca más.
viernes, 17 de octubre de 2008
Capítulo 4 - Si te vienes conmigo (EL LIBRO DE LOS PERSONAJES DE LA TIERRA DE LOS CUENTOS)
Esta también te la dedico a tí, desde mi pequeño corazón de rock and roll.
Un millón de besos desde Dixieland.
Quiero un amor
que cubra con teja de cañón
esta herida abierta.
Un amor compadre y jaranero,
que me abra los ojos y cierre para siempre aquella puerta.
Si te vienes conmigo,
si te vienes conmigo pararemos a la vera del camino,
para ver los árboles vestirse de hojas.
Si te vienes conmigo volaremos confundidos entre jilgueros y rosas.
Quiero un amor
que cubra con teja de cañón
esta descubierta.
Un amor perdido y dominguero,
que me abra los ojos y cierre para siempre aquella puerta.
Si te vienes conmigo,
si te vienes conmigo pararemos a la vera del camino,
para ver los árboles vestirse de hojas.
Si te vienes conmigo volaremos confundidos entre jilgueros y rosas.
Si te vienes conmigo,
si te vienes conmigo partiremos sin destino hacia algún lugar perdido.
Seremos acratas de bajo consumo.
Devoradores de libros de bolsillo
Literalmente.
La rosca desgastada del beso de tornillo.
Instalados en un tiempo variable-
Hablar por hablar,
hablar por hablar,
no hablaremos más.
Viviremos pletóricos
en cincuenta metros cuadrados,
hipotecados o realquilados.
O mejor, saltando,
el que pudiendo quisiera, en zig-zag.
Inmoderados
o moderados,
o inmoderadamente moderados
o moderadamente inmoderados.
Un millón de besos desde Dixieland.
Quiero un amor
que cubra con teja de cañón
esta herida abierta.
Un amor compadre y jaranero,
que me abra los ojos y cierre para siempre aquella puerta.
Si te vienes conmigo,
si te vienes conmigo pararemos a la vera del camino,
para ver los árboles vestirse de hojas.
Si te vienes conmigo volaremos confundidos entre jilgueros y rosas.
Quiero un amor
que cubra con teja de cañón
esta descubierta.
Un amor perdido y dominguero,
que me abra los ojos y cierre para siempre aquella puerta.
Si te vienes conmigo,
si te vienes conmigo pararemos a la vera del camino,
para ver los árboles vestirse de hojas.
Si te vienes conmigo volaremos confundidos entre jilgueros y rosas.
Si te vienes conmigo,
si te vienes conmigo partiremos sin destino hacia algún lugar perdido.
Seremos acratas de bajo consumo.
Devoradores de libros de bolsillo
Literalmente.
La rosca desgastada del beso de tornillo.
Instalados en un tiempo variable-
Hablar por hablar,
hablar por hablar,
no hablaremos más.
Viviremos pletóricos
en cincuenta metros cuadrados,
hipotecados o realquilados.
O mejor, saltando,
el que pudiendo quisiera, en zig-zag.
Inmoderados
o moderados,
o inmoderadamente moderados
o moderadamente inmoderados.
jueves, 16 de octubre de 2008
Capítulo 3 - La ciudad de las mil colinas (EL LIBRO DE LOS PERSONAJES DE LA TIERRA DE LOS CUENTOS)
ESTE CAPÍTULO ES PARA TODOS VOSOTROS. ELLA VOLVIÓ HOY Y ME CONTÓ QUE DEBÍA ESCRIBIRLO.
ESPERO QUE OS GUSTE. OS QUIERO.
Hace ya muchos años, el Hada del Anochecer se sintió muy triste una noche. Desde la torre más alta de su castillo de escarcha veía a lo lejos el bello bosque de olmos plateados y, allá arriba, como cada noche, su Luna le enviaba su halo de rocío blanco para que no se sintiese sola.
Pero esa noche se sentía más sola y desamparada que nunca. Aunque no comprendía por qué, sentía tristeza y desasosiego. Por su rostro azulado corrían pequeñas lágrimas tan saladas como el agua más profunda de la Mar.
Entonces recogió su largo pelo en dos grandes trenzas, se atusó sus alitas, y decidió dar un paseo en su unicornio blanco. Pensó que, tal vez, el frío del viento del anochecer congelaría sus penas igual que tornaba blanco el rocío de la mañana.
Cabalgó durante horas con su caballito mágico, cruzando el bosque de olmos, y llegó hasta la frontera del reino. Nunca antes había llegado hasta allí. Descubrió que el camino que ella siempre había pensado que acababa con el bosque, continuaba mucho más allá, y se tornaba en ese punto de un color oro viejo.
Vaciló unos minutos, porque siempre tenía miedo a lo desconocido, a la incertidumbre. Pero se sentía tan triste que olvidó sus miedos para aventurarse a lo desconocido. Y así se adentró en aquel camino luminoso, reflejado de luna, largo y misterioso.
Después de mucha noche, llegó a una montañita cubierta de genista. Las hojas de la retama eran verdes y amarillentas, y se entremezclaban con el viento mostrando un fastuoso paisaje a dos colores. El caminito dorado cruzaba entre los matorrales y llegaba hasta la cumbre. Y decidió cabalgar hasta la cima.
Y cuál no sería su sorpresa cuando descubrió que, tras aquella pequeña montaña, había una ciudad llena de luces de todos los colores del arco iris. Y estaba rodeada de mil pequeñas montañas más, como si fuese una fortaleza sólo amenazable por el cielo aún estrellado.
No sabía que le había llevado hasta allí, pero cuando vio la Ciudad de las Mil Colinas supo que era lo que estaba buscando. Aunque aquel lugar parecía una fortín infranqueable, no había nada que impidiese entrar y salir de él. Allí llegó huyendo de su bello castillo de escarcha, sin saber que se había convertido en una prisión para ella, y allí encontró algo distinto que hizo que sus lágrimas se evaporasen y se tornasen bruma blanca.
Estaba amaneciendo cuando entró por fin por la puerta que llevaba a la ciudad. Si le quedaba alguna duda, la luz del día las disipó todas. El sol brillaba por fin y calentó su alma. Nunca más volvería a sentir aquel frío agudo y doloroso.
Desde aquel día Hada ha vivido en el lugar donde le llevó su corazón.
Aunque, en realidad, fue su Luna la que le llevó allí, pero eso se lo confesó ella mucho tiempo después...
ESPERO QUE OS GUSTE. OS QUIERO.
Hace ya muchos años, el Hada del Anochecer se sintió muy triste una noche. Desde la torre más alta de su castillo de escarcha veía a lo lejos el bello bosque de olmos plateados y, allá arriba, como cada noche, su Luna le enviaba su halo de rocío blanco para que no se sintiese sola.
Pero esa noche se sentía más sola y desamparada que nunca. Aunque no comprendía por qué, sentía tristeza y desasosiego. Por su rostro azulado corrían pequeñas lágrimas tan saladas como el agua más profunda de la Mar.
Entonces recogió su largo pelo en dos grandes trenzas, se atusó sus alitas, y decidió dar un paseo en su unicornio blanco. Pensó que, tal vez, el frío del viento del anochecer congelaría sus penas igual que tornaba blanco el rocío de la mañana.
Cabalgó durante horas con su caballito mágico, cruzando el bosque de olmos, y llegó hasta la frontera del reino. Nunca antes había llegado hasta allí. Descubrió que el camino que ella siempre había pensado que acababa con el bosque, continuaba mucho más allá, y se tornaba en ese punto de un color oro viejo.
Vaciló unos minutos, porque siempre tenía miedo a lo desconocido, a la incertidumbre. Pero se sentía tan triste que olvidó sus miedos para aventurarse a lo desconocido. Y así se adentró en aquel camino luminoso, reflejado de luna, largo y misterioso.
Después de mucha noche, llegó a una montañita cubierta de genista. Las hojas de la retama eran verdes y amarillentas, y se entremezclaban con el viento mostrando un fastuoso paisaje a dos colores. El caminito dorado cruzaba entre los matorrales y llegaba hasta la cumbre. Y decidió cabalgar hasta la cima.
Y cuál no sería su sorpresa cuando descubrió que, tras aquella pequeña montaña, había una ciudad llena de luces de todos los colores del arco iris. Y estaba rodeada de mil pequeñas montañas más, como si fuese una fortaleza sólo amenazable por el cielo aún estrellado.
No sabía que le había llevado hasta allí, pero cuando vio la Ciudad de las Mil Colinas supo que era lo que estaba buscando. Aunque aquel lugar parecía una fortín infranqueable, no había nada que impidiese entrar y salir de él. Allí llegó huyendo de su bello castillo de escarcha, sin saber que se había convertido en una prisión para ella, y allí encontró algo distinto que hizo que sus lágrimas se evaporasen y se tornasen bruma blanca.
Estaba amaneciendo cuando entró por fin por la puerta que llevaba a la ciudad. Si le quedaba alguna duda, la luz del día las disipó todas. El sol brillaba por fin y calentó su alma. Nunca más volvería a sentir aquel frío agudo y doloroso.
Desde aquel día Hada ha vivido en el lugar donde le llevó su corazón.
Aunque, en realidad, fue su Luna la que le llevó allí, pero eso se lo confesó ella mucho tiempo después...
lunes, 13 de octubre de 2008
Capítulo 2 - Todo el día llovió (EL LIBRO DE LOS PERSONAJES DE LA TIERRA DE LOS CUENTOS)
Como este es mi cuento, hoy he decidido, simplemente, transcribir una canción. Esta mañana me levanté con ella, y lleva todo el día resonando en mi cabeza.
A ti te la dedico, con un beso muy grande.
Todo el día llovió,
toda la noche lloviendo;
quiero estar donde tú estés,
llamar al encantamiento.
Que silbe el viento
que quiero entender
en su voz
llamadas divinas
desde el sol.
Alas en vez de corazones
que el espíritu nos eleve
a las nubes.
Dejar de sufrir,
no ser tierno ni cruel
ni decrépito
en mi esencia de ser.
No volver a camino abierto.
No admitir que me marquen.
Si empleo la fuerza de mi corazón
y gasto mi espíritu para soñar.
Que me puedan mentir
o decirme lo que es mejor.
Que yo sepa negarme a su juego.
Barre el viento lo que es incierto y es
la vida lo peor
del desierto que es la propia vida.
No volver ni aún en ángel.
Rechinar, fiero el ceño.
Retumbar, siempre que haga falta,
en las puertas del infierno.
Me niego a creer lo que dicen;
no quiero tomar lo que ofrecen.
A ti te la dedico, con un beso muy grande.
Todo el día llovió,
toda la noche lloviendo;
quiero estar donde tú estés,
llamar al encantamiento.
Que silbe el viento
que quiero entender
en su voz
llamadas divinas
desde el sol.
Alas en vez de corazones
que el espíritu nos eleve
a las nubes.
Dejar de sufrir,
no ser tierno ni cruel
ni decrépito
en mi esencia de ser.
No volver a camino abierto.
No admitir que me marquen.
Si empleo la fuerza de mi corazón
y gasto mi espíritu para soñar.
Que me puedan mentir
o decirme lo que es mejor.
Que yo sepa negarme a su juego.
Barre el viento lo que es incierto y es
la vida lo peor
del desierto que es la propia vida.
No volver ni aún en ángel.
Rechinar, fiero el ceño.
Retumbar, siempre que haga falta,
en las puertas del infierno.
Me niego a creer lo que dicen;
no quiero tomar lo que ofrecen.
jueves, 9 de octubre de 2008
Capítulo 1 - Brujito Volandero (EL LIBRO DE LOS PERSONAJES DE LA TIERRA DE LOS CUENTOS)
Érase una vez, en la tierra de los cuentos, la más bella noche de primavera de todos los tiempos. Brujito Volandero nació esa noche, en el año en que plantaron los olmos en el bosque.
Siempre soñó con surcar los mares y llegar al horizonte, así que en cuanto tuvo uso de razón zarpó en un barco como grumete y se echó a la mar.
En ese barco, capitaneado por los piratas del sur, se sentía como el hombre más poderoso del mundo. Cada mañana se levantaba a ver amanecer en el horizonte, tan lejano, y se preguntaba cuando por fin el barco llegaría allí.
Pero pasaron los años y el barco, aunque cada día se adentraba más y más en alta mar, nunca llegaba al destino que Brujito anhelaba.
Así que, un día, harto ya de navegar y navegar sin abordar el lejano horizonte, decidió quedarse a vivir en una bella isla donde el barco arribó una tarde de estivo.
Se construyó una cabaña de madera y paja para guarnecerse, y entonces se fue a explorar la isla en busca de otros habitantes. Entonces encontró a un viejo pirata que, hacía ya muchos años, había decidido quedarse en la isla para siempre. Y se hicieron amigos inseparables. Tantas cosas le enseño el viejo pirata a Brujito, tantas cosas le contó, que, aunque un día se marchó para no volver jamás, nunca le olvidó, y cada mañana cuando salía de su choza a ver amanecer, todavía escuchaba su voz contándole aquellas historias de los lejanos países del otro lado del mundo. Brujito sabía que el pirata siempre iba a estar con él, ya que se quedó para siempre a cuidarle al otro lado de la luna.
Brujito se había quedado sólo en la isla, y se sentía triste, echaba mucho de menos a su amigo del alma. Pensó en construirse una barca y aventurarse a su amiga la mar para que ella decidiese su destino por él. Pero entonces, un atardecer, cuando estaba en la playa cortando troncos para construir la balsa, divisó una barquita a lo lejos. En la barquita venía ella, Rosita de los Vientos. Rosita salió esa mañana a navegar desde la isla se divisa desde el otro lado de la montaña, y algo le dijo que fuese a visitar la isla de las palmeras, así que, sin pensarlo, puso rumbo hacía allí con su pequeño velero.
Desde esa tarde soleada han pasado ya muchos años. Brujito y Rosita construyeron un mundo a su medida, y son muy felices desde entonces.
Hace unos años el rey de la Tierra de los Cuentos construyó un gran barco para que todos sus amigos pudieran ir a visitarlos. Así, cada noche de luna llena, hay una gran fiesta en la isla de las palmeras. Los elfos y las hadas cantan y bailan hasta el amanecer, y se escuchan las risas de todos hasta el en la torre más alta del Castillo del Rey.
Y colorín colorado, este cuento no ha terminado...
Siempre soñó con surcar los mares y llegar al horizonte, así que en cuanto tuvo uso de razón zarpó en un barco como grumete y se echó a la mar.
En ese barco, capitaneado por los piratas del sur, se sentía como el hombre más poderoso del mundo. Cada mañana se levantaba a ver amanecer en el horizonte, tan lejano, y se preguntaba cuando por fin el barco llegaría allí.
Pero pasaron los años y el barco, aunque cada día se adentraba más y más en alta mar, nunca llegaba al destino que Brujito anhelaba.
Así que, un día, harto ya de navegar y navegar sin abordar el lejano horizonte, decidió quedarse a vivir en una bella isla donde el barco arribó una tarde de estivo.
Se construyó una cabaña de madera y paja para guarnecerse, y entonces se fue a explorar la isla en busca de otros habitantes. Entonces encontró a un viejo pirata que, hacía ya muchos años, había decidido quedarse en la isla para siempre. Y se hicieron amigos inseparables. Tantas cosas le enseño el viejo pirata a Brujito, tantas cosas le contó, que, aunque un día se marchó para no volver jamás, nunca le olvidó, y cada mañana cuando salía de su choza a ver amanecer, todavía escuchaba su voz contándole aquellas historias de los lejanos países del otro lado del mundo. Brujito sabía que el pirata siempre iba a estar con él, ya que se quedó para siempre a cuidarle al otro lado de la luna.
Brujito se había quedado sólo en la isla, y se sentía triste, echaba mucho de menos a su amigo del alma. Pensó en construirse una barca y aventurarse a su amiga la mar para que ella decidiese su destino por él. Pero entonces, un atardecer, cuando estaba en la playa cortando troncos para construir la balsa, divisó una barquita a lo lejos. En la barquita venía ella, Rosita de los Vientos. Rosita salió esa mañana a navegar desde la isla se divisa desde el otro lado de la montaña, y algo le dijo que fuese a visitar la isla de las palmeras, así que, sin pensarlo, puso rumbo hacía allí con su pequeño velero.
Desde esa tarde soleada han pasado ya muchos años. Brujito y Rosita construyeron un mundo a su medida, y son muy felices desde entonces.
Hace unos años el rey de la Tierra de los Cuentos construyó un gran barco para que todos sus amigos pudieran ir a visitarlos. Así, cada noche de luna llena, hay una gran fiesta en la isla de las palmeras. Los elfos y las hadas cantan y bailan hasta el amanecer, y se escuchan las risas de todos hasta el en la torre más alta del Castillo del Rey.
Y colorín colorado, este cuento no ha terminado...
EL LIBRO DE LOS PERSONAJES DE LA TIERRA DE LOS CUENTOS - Prólogo
Este lugar, que nació de mis lágrimas de tantas y tantas noches oscuras, se estaba muriendo.
Y un lugar donde habitan mis sentimientos no debe de morir así como así. Hoy he decidido hacerlo renacer, poco a poco, porque aunque poco a poco voy recuperando mis fuerzas, no soy tan valiente ni tan fuerte como para hacerlo de golpe.
Toda mi vida he escrito cosas, cosas para mi y cosas para otras personas. Ahora he decidido escribir para vosotros. Vosotros sois los personajes de esta Tierra de los Cuentos, donde he nacido y donde me quedaré para siempre, y vosotros siempre estáis por ahí, cruzándoos en mis caminos, en esos caminos a veces bellos y luminosos y a veces tortuosos y oscuros.
Todos podréis leer los cuentos de todos, pero sólo tú sabrás que cuento es para ti, y sólo en tu mano estará compartir con los demás qué personaje del cuento eres tú o bien guardar este secreto sólo para ti.
Aquí comienza vuestro cuento. Seguramente no será lo mejor que hayáis leido, pero cada palabra sale de mi corazón. Es el mejor regalo que puedo haceros.
Os quiero,
La princesa de la Luna
esperarlanoche@gmail.com
Y un lugar donde habitan mis sentimientos no debe de morir así como así. Hoy he decidido hacerlo renacer, poco a poco, porque aunque poco a poco voy recuperando mis fuerzas, no soy tan valiente ni tan fuerte como para hacerlo de golpe.
Toda mi vida he escrito cosas, cosas para mi y cosas para otras personas. Ahora he decidido escribir para vosotros. Vosotros sois los personajes de esta Tierra de los Cuentos, donde he nacido y donde me quedaré para siempre, y vosotros siempre estáis por ahí, cruzándoos en mis caminos, en esos caminos a veces bellos y luminosos y a veces tortuosos y oscuros.
Todos podréis leer los cuentos de todos, pero sólo tú sabrás que cuento es para ti, y sólo en tu mano estará compartir con los demás qué personaje del cuento eres tú o bien guardar este secreto sólo para ti.
Aquí comienza vuestro cuento. Seguramente no será lo mejor que hayáis leido, pero cada palabra sale de mi corazón. Es el mejor regalo que puedo haceros.
Os quiero,
La princesa de la Luna
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