Haces unos días empecé un cuento tan triste que no lo pude acabar. Creo que trataba sobre una sirena que una vez se perdió en el fondo del mar.
La pobre sirena buceó en aguas tan oscuras que de repente perdió todo resquicio de luz, y tardó años en poder salir de allí. Tuvo que esperar a una noche de luna llena para que una estrella la guiara y poder por fin escapar de esas negras aguas.
Pero la sirena se sentía triste por todas las cosas malas que había visto, porque le habían herido el alma. Además no recordaba cómo se dejó arrastrar por aquella fría corriente que no la dejaba retroceder, y aquello le inquietaba y no la dejaba descansar.
Pero esto ocurrió en un lugar tan lejano que no sé al final que ocurrió con aquella sirena. Por eso es triste esta historia, porque no puedo ponerle fin.
Por eso, en las frías noches en que me acuerdo de ella, procuro imaginármela bailando feliz entre las olas de blanca espuma mientras contempla cada día el nuevo amanecer sobre el horizonte.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

No hay comentarios:
Publicar un comentario