sábado, 28 de marzo de 2009

Capítulo 30 - La espera (EL LIBRO DE LOS PERSONAJES DE LA TIERRA DE LOS CUENTOS)

Hacía ya tanto tiempo que no tenía aquella sensación que se sentía afortunado por ello. Es más, no recordaba haberla sentido jamás.

Y así pasaban sus días y sus noches.

Pero de vez en cuando pensaba que algo le faltaba. Porque su alma tenía un hueco que no se podía llenar con nada. Porque sentía un vacío en el estómago.

Y un día se conmovió. Se estremeció. Sus piernas se tornaron débiles como los juncos que mece el río.

Y entonces dejó de buscar. Dejó de esperar.

Y tal vez ese día se sintió muy bien.


Yo una vez esperé una noche en la que atrapar la luna para siempre. Y un alba corrí a buscarla y se vino conmigo.

Capítulo 29 - El niño que corrió detrás de una estrella (EL LIBRO DE LOS PERSONAJES DE LA TIERRA DE LOS CUENTOS)

Siempre tuvo miedo a la inmensidad de la noche, a esa hora tenebrosa en que la luz empieza a desaparecer.

Por eso se escondía tan dentro de su pequeño castillo de papel que nunca jamás nadie le hubiese encontrado. Y se acurrucaba en su camita de algodón de nube hasta que se dormía. Entonces su amigo el sol le acariciaba la cara para que se asomase de nuevo al día.

Y un día se acordó que ella estaba allí. De repente recordó su olor. Ese olor a flores de azar y jazmín que no recordaba que tenía guardado en su almita.

Y entonces una noche quiso volar para atrapar una estrella. Y ella le cogió de la mano y le llevó hasta la más brillante. Hasta la que le dio su luz hace ya años para que le regalase el brillo infinito de sus ojos.

Y nunca más sus noches fueron oscuras, porque su castillo de papel se tornó de luz de luna.


Si una noche te sientes perdido búscame en las estrellas. Así nunca más tendrás miedo.

jueves, 26 de marzo de 2009

Capítulo 28 - La carta (EL LIBRO DE LOS PERSONAJES DE LA TIERRA DE LOS CUENTOS)

Una tarde que se sentía muy solo, Mamadou decidió escribir una carta de amor. Pero echaba tanto de menos a Fatou que tenía miedo a que sus palabras sonaran tristes.

Así que decidió ir a visitar a su amigo Abdoulaye para charlar un rato, y así intentar dejar a un lado su melancolía. Y pasó la tarde. Y se rieron mucho juntos. Y llegó otra vez la negra noche.

Mamadou se fue entonces caminando por la playa, donde el cielo era tan rojo como la sangre aquel anochecer.

Una y otra vez empezó aquella carta, y después la hizo trizas. Así hasta que hizo una montaña de papel que llegó hasta las estrellas. Y así hasta que amaneció.

Entonces tal vez tuvo un sueño. Y soñó que sus lágrimas se tornaban dulces como el almíbar. Porque la pena que le rasgaba el alma en realidad era lo que la alimentaba, lo que hacía que nunca dejase de brillar.

Fue cuando comprendió que el amor tan grande que tenía dentro era lo que le hacía sentirse tan bien. Y por eso cuando tanto lo añoraba le invadía aquella desolación.

Cuando el sol empezó a esconderse de nuevo se sentó frente a la orilla del mar y escribió una carta muy bonita. Y el viento se la llevó al otro lado del horizonte.

Y cuando la luna volvía a enseñar su cara más guapa, Fatou leía mientras lloraba con una sonrisa tan bella que la eclipsó.


No dejes nunca de sentir. Así siempre me podrás regalar el brillo de tu alma prendido en una estrella.

lunes, 2 de marzo de 2009

Capítulo 27 - El bosque bonito (EL LIBRO DE LOS PERSONAJES DE LA TIERRA DE LOS CUENTOS)

Erase una vez un bosque muy bonito.

El bosque tenía unos abetos tan altos que atravesaban las nubes con su copa, y unos olmos tan brillantes al sol que, cuando el aire los abanicaba, tornaban todo el bosque de un plateado intenso.

También tenía muchas flores. Flores blancas como la nieve, rojas como el cielo al anochecer, malvas, azules... de todos los colores del arco iris.

Y en la ladera crecía la genista verde y amarilla.

Y el hada Rhiannon vivió siempre en el bosque bonito. Y cada mañana se preguntaba el por qué de aquella belleza.

Y una noche tuvo un mal sueño. El bosque se había tornado oscuro, sombrío, tenebroso. Y cuando despertó encontró una ranita mágica que le dijo que sabía por qué el bosque era tan bello. Era para que ella jamás perdiese su sonrisa.

Y es por eso que cada vez que contemplamos algo bello hay un hadita escondida detrás sonriendo.


No dejes nunca de sonreír para que todo se inunde de belleza.