Siempre tuvo miedo a la inmensidad de la noche, a esa hora tenebrosa en que la luz empieza a desaparecer.
Por eso se escondía tan dentro de su pequeño castillo de papel que nunca jamás nadie le hubiese encontrado. Y se acurrucaba en su camita de algodón de nube hasta que se dormía. Entonces su amigo el sol le acariciaba la cara para que se asomase de nuevo al día.
Y un día se acordó que ella estaba allí. De repente recordó su olor. Ese olor a flores de azar y jazmín que no recordaba que tenía guardado en su almita.
Y entonces una noche quiso volar para atrapar una estrella. Y ella le cogió de la mano y le llevó hasta la más brillante. Hasta la que le dio su luz hace ya años para que le regalase el brillo infinito de sus ojos.
Y nunca más sus noches fueron oscuras, porque su castillo de papel se tornó de luz de luna.
Si una noche te sientes perdido búscame en las estrellas. Así nunca más tendrás miedo.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

No hay comentarios:
Publicar un comentario