jueves, 30 de julio de 2009

Carta para Yaakov (el cuento del pueblo de la vida)

Querido Yaakov,

Me he acordado de un cuento que una vez escribió una niña que se sentía triste. Es tan bello que te lo voy a contar:


Erase una vez un pequeño pueblo en la montaña donde los días pasaban sólo por pasar.

Un noche estalló una tormenta y la parte más baja se inundó. Y pasaron años en los que aquella charca gigante se hizo fuerte y nunca se secaba. Hasta que una noche de estío el fuego del otro lado del cielo atravesó hasta las nubes, y entonces el agua se marchó. Pero sólo había desolación y soledad en la laguna seca.

Y así siguieron pasando los días, por pasar, por transcurrir.

Había un niño que vivía en la casa blanca que se ve desde todas partes del valle. Y una mañana descubrió que habían crecido florecillas silvestres entre aquella tierra reseca y cuarteada. Y sonrió. Pero no se dio cuenta que eran tan frágiles que no vivirían mucho tiempo. Y así fue. Tal vez el frío de la noche les segó la vida y se las llevó para siempre.

Y un día alguien decidió hacer una fiesta. Así, decoraron todo el pueblo con banderas, guirnaldas y velas de colores. Y todos comieron, bebieron y bailaron hasta el amanecer durante siete días y siete noches. Y después se fueron a descansar durante un día muy largo.

Fue entonces cuando se erigió el bosque de la nada. Aquella tierra inhóspita y muerta se convirtió en el bosque más grande de aquellas montañas.

Entonces todos bajaron a jugar en las praderas, y se emborracharon con el olor de aquellas flores que vivieron eternamente. Y tal vez nunca más nunca pasó un día sólo por pasar.


Espero que te haya gustado. Yo lo leo siempre que me hace daño la luz de la luna.

Te quiero.

Denise

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