martes, 12 de mayo de 2009

Capítulo 34 - El artista del alambre (EL LIBRO DE LOS PERSONAJES DE LA TIERRA DE LOS CUENTOS)

Hacía ya tantos años que no se caía del alambre que casi había olvidado la última vez que le pasó.

Pero aquella tarde uno de los postes que tensaban el acero cayó de repente. Y entonces sintió miedo. Ese miedo que creía ya enterrado.

Fue cuando se dio cuenta de que ya era viejo, de que había vivido muchos años, de que había sufrido demasiado. Y se estremeció cuando recordó lo que tantas veces le hizo daño. Y un frío de noche de verano tormentosa le caló los huesos y le arrugó el corazón. Y lloró amargamente, con el alma.

Pero ya era demasiado anciano para abandonar. No quería otro alambre, no quería otros postes, sólo quería seguir peleando por mantener en pie aquello que le hacía ver el horizonte desde lo más alto, por aquello que le hacía sentir el más poderoso de los hombres cada amanecer.

Así, enjugó sus lágrimas de azúcar y sal y poniendo toda la fuerza en su corazón de niño levantó aquella pesada estaca. Cuando descansó, cuando recuperó el aliento, se encaramó y, una vez más, contempló aquel mar infinito que tanto amaba.

Tal vez algún día tuvo otra vez miedo. Pero tal vez, aunque llorase, no quiso tenerlo nunca más. Por eso un anochecer encerró su temor en una botella y la lanzó al mar. Y tal vez nunca las olas la volvieron a traer a la orilla de sus ojos.


Dame todo tu amor para que nunca más vuelva a sentir miedo. Sólo así nunca más caeré al vacío infinito.

Capítulo 33 - Antonio (EL LIBRO DE LOS PERSONAJES DE LA TIERRA DE LOS CUENTOS)

Azul,
líneas en el mar
que profundo y sin domar
acaricia una verdad,

y tú
no lo pienses más,
o te largas de una vez
o no vuelves nunca hacia atrás.

Se dejaba llevar,
se dejaba llevar por ti,
no esperaba jamás
y no espera sino es por ti,
nunca la oyes hablar,
sólo habla contigo y nadie más,
nada puedes sufrir
que ella no sepa solucionar.

Temor,
alcohol de quemar,
pon tus manos a volar
o en tus ojos el terror,

azul
vuelve a reflejar,
y fundido con el sol
reina un sueño
de sonido a mar.

Se dejaba llevar,
se dejaba llevar por ti,
no esperaba jamás
y no espera sino es por ti,
nunca la oyes hablar,
sólo habla contigo y nadie más,
nada puedes sufrir
que ella no sepa solucionar.


Se dejaba llevar...


Y entonces al alba se dejó llevar. Para siempre.

viernes, 10 de abril de 2009

Capítulo 32 - La buena estrella (EL LIBRO DE LOS PERSONAJES DE LA TIERRA DE LOS CUENTOS)

Una noche oscura de primavera, Ngame salió a pasear al bosque. Su amor estaba tan lejos y a la vez tan cerca que se sentía triste en su gran cama de nubes y no podía dormir. Por eso decidió salir a ver a sus amigas las estrellas.

Pero el cielo estaba tan negro como las panteras que viven en la selva de fuego. Tan sólo el hilillo rojo que es la frontera del horizonte iluminaba ligeramente el camino. Y no se podía ver ninguna estrella.

Y entonces tuvo miedo. Porque aquella oscuridad le helaba el alma y le escarchaba el corazón. Y buscó abrigo en el cobijo del único rayo de luna que se dejaba asomar entre la negritud de aquel cielo tenebroso. Y así se dejo arropar por la leveldad de su calor.

Y su calor se tornó en un hechizo de luna blanca que rompió el cielo, y la noche se iluminó porque una estrella fugaz que venía del sur de las montañas nevadas le trajo un halo de luz de su amor. Y sintió que su alma arropaba la suya. Y se durmió dulcemente y le soñó.


Déjame tu estrella colgada en mi cielo para que cada noche me ilumine con la luz de tu alma.

miércoles, 8 de abril de 2009

Capítulo 31 - El camino (EL LIBRO DE LOS PERSONAJES DE LA TIERRA DE LOS CUENTOS)

Aquella noche se le perdió el camino. Por más que buscó y buscó, la pequeña musa de alas de plata no fue capaz de encontrar por donde tenía que ir.

Tal vez fue porque cuando el alba le despertó aquella mañana algo había cambiado en el cielo y las huellas de sus pasos hacía el bosque se habían borrado.

Así, se puso a buscar donde nacen las flores malvas. Y también donde habitan los duendes que hacen la magia del amanecer. Y en el arroyo donde las ninfas bañan sus alas.

Pero aquel camino, aquel camino que sabía que tenía que seguir, parecía haberse borrado de su mundo, como si tal vez se hubiese marchado hasta el horizonte y se hubiese fundido en el calor de su atardecer para siempre.

Entonces se dio cuenta de que tal vez no había perdido ningún camino. Tan sólo no sabía, no recordaba, no conocía el camino que le llevaría hasta su sueño. Porque su sueño había partido aquel atardecer y su destino le era desconocido.

Y sonrió. Y lloró con lagrimitas de hilo de plata. Y por fin comprendió. Porque los sueños no importan donde vayan, donde moren. Si nos pertenecen nos esperan por siempre. Y por siempre nos muestran su camino.


Esta noche estarás una vez más en mis sueños. Y te encontraré siguiendo el aura de la luz de tu alma.

sábado, 28 de marzo de 2009

Capítulo 30 - La espera (EL LIBRO DE LOS PERSONAJES DE LA TIERRA DE LOS CUENTOS)

Hacía ya tanto tiempo que no tenía aquella sensación que se sentía afortunado por ello. Es más, no recordaba haberla sentido jamás.

Y así pasaban sus días y sus noches.

Pero de vez en cuando pensaba que algo le faltaba. Porque su alma tenía un hueco que no se podía llenar con nada. Porque sentía un vacío en el estómago.

Y un día se conmovió. Se estremeció. Sus piernas se tornaron débiles como los juncos que mece el río.

Y entonces dejó de buscar. Dejó de esperar.

Y tal vez ese día se sintió muy bien.


Yo una vez esperé una noche en la que atrapar la luna para siempre. Y un alba corrí a buscarla y se vino conmigo.

Capítulo 29 - El niño que corrió detrás de una estrella (EL LIBRO DE LOS PERSONAJES DE LA TIERRA DE LOS CUENTOS)

Siempre tuvo miedo a la inmensidad de la noche, a esa hora tenebrosa en que la luz empieza a desaparecer.

Por eso se escondía tan dentro de su pequeño castillo de papel que nunca jamás nadie le hubiese encontrado. Y se acurrucaba en su camita de algodón de nube hasta que se dormía. Entonces su amigo el sol le acariciaba la cara para que se asomase de nuevo al día.

Y un día se acordó que ella estaba allí. De repente recordó su olor. Ese olor a flores de azar y jazmín que no recordaba que tenía guardado en su almita.

Y entonces una noche quiso volar para atrapar una estrella. Y ella le cogió de la mano y le llevó hasta la más brillante. Hasta la que le dio su luz hace ya años para que le regalase el brillo infinito de sus ojos.

Y nunca más sus noches fueron oscuras, porque su castillo de papel se tornó de luz de luna.


Si una noche te sientes perdido búscame en las estrellas. Así nunca más tendrás miedo.

jueves, 26 de marzo de 2009

Capítulo 28 - La carta (EL LIBRO DE LOS PERSONAJES DE LA TIERRA DE LOS CUENTOS)

Una tarde que se sentía muy solo, Mamadou decidió escribir una carta de amor. Pero echaba tanto de menos a Fatou que tenía miedo a que sus palabras sonaran tristes.

Así que decidió ir a visitar a su amigo Abdoulaye para charlar un rato, y así intentar dejar a un lado su melancolía. Y pasó la tarde. Y se rieron mucho juntos. Y llegó otra vez la negra noche.

Mamadou se fue entonces caminando por la playa, donde el cielo era tan rojo como la sangre aquel anochecer.

Una y otra vez empezó aquella carta, y después la hizo trizas. Así hasta que hizo una montaña de papel que llegó hasta las estrellas. Y así hasta que amaneció.

Entonces tal vez tuvo un sueño. Y soñó que sus lágrimas se tornaban dulces como el almíbar. Porque la pena que le rasgaba el alma en realidad era lo que la alimentaba, lo que hacía que nunca dejase de brillar.

Fue cuando comprendió que el amor tan grande que tenía dentro era lo que le hacía sentirse tan bien. Y por eso cuando tanto lo añoraba le invadía aquella desolación.

Cuando el sol empezó a esconderse de nuevo se sentó frente a la orilla del mar y escribió una carta muy bonita. Y el viento se la llevó al otro lado del horizonte.

Y cuando la luna volvía a enseñar su cara más guapa, Fatou leía mientras lloraba con una sonrisa tan bella que la eclipsó.


No dejes nunca de sentir. Así siempre me podrás regalar el brillo de tu alma prendido en una estrella.