Una noche oscura de primavera, Ngame salió a pasear al bosque. Su amor estaba tan lejos y a la vez tan cerca que se sentía triste en su gran cama de nubes y no podía dormir. Por eso decidió salir a ver a sus amigas las estrellas.
Pero el cielo estaba tan negro como las panteras que viven en la selva de fuego. Tan sólo el hilillo rojo que es la frontera del horizonte iluminaba ligeramente el camino. Y no se podía ver ninguna estrella.
Y entonces tuvo miedo. Porque aquella oscuridad le helaba el alma y le escarchaba el corazón. Y buscó abrigo en el cobijo del único rayo de luna que se dejaba asomar entre la negritud de aquel cielo tenebroso. Y así se dejo arropar por la leveldad de su calor.
Y su calor se tornó en un hechizo de luna blanca que rompió el cielo, y la noche se iluminó porque una estrella fugaz que venía del sur de las montañas nevadas le trajo un halo de luz de su amor. Y sintió que su alma arropaba la suya. Y se durmió dulcemente y le soñó.
Déjame tu estrella colgada en mi cielo para que cada noche me ilumine con la luz de tu alma.
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1 comentario:
que bello
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