Ayer empezó una noche larga. Muy larga. Muy larga porque todavía no ha acabado.
Él quiso emprender el vuelo a las estrellas, pero no pudo. Todavía no ha podido ni tan siquiera remontar la cuesta que lleva a su casa.
Tal vez su coche ya está demasiado viejo, tal vez había tanta niebla que no pudo avanzar o tal vez simplemente no tuvo fuerzas para correr cuesta arriba.
De madrugada sólo resonaban en su cabeza canciones tristes. Entonces miró por su ventana y vió que el día no iba a amanecer para él.
Y así pasó el día y llegó el anochecer que sólo hizo prolongar más la noche que parecía que nunca iba a acabar.
Y quiso una vez más volar, salir corriendo. Pero no pudo. Entonces lloró mucho y luego se durmió.
Y tal vez un día llegó la madrugada.
Llévame contigo a las estrellas para que nunca más tenga una noche sin amanecer.
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1 comentario:
mil y dos noches te rezo,para que como un bálsamo tus cuentos me digan que el corazón no es sólo un músculo que bombea sangre y que la luna no es sólo un astro...y es que lo que siento por ti...es religión.te leo
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